Kagome sabía que estaba en problemas. Gilgamesh no era solo un rey; era un hombre que tomaba lo que quería y no aceptaba un ‘no’ como respuesta. Pero ella no era una simple mujer indefensa. Había sobrevivido a demonios, batallas y guerras, así que no iba a dejar que este hombre dorado la tratara como una posesión.
—Si esperas que me quede aquí y obedezca todas tus órdenes, estás muy equivocado, Rey de los Héroes —dijo con firmeza, cruzándose de brazos.
Gilgamesh arqueó una ceja, su sonrisa ampliándose con arrogancia.
—¿Y qué harás, sacerdotisa? ¿Usarás tus frágiles palabras contra mí? —Su tono era burlón, pero en sus ojos carmesí brillaba algo más profundo: interés.
Kagome apretó los puños, sintiendo la presión de su presencia. Era un hombre peligroso, pero no iba a retroceder.
—No soy solo una sacerdotisa, Gilgamesh. He enfrentado cosas que ni siquiera imaginas.
El rey soltó una carcajada, acercándose a ella con pasos elegantes pero letales. Cada movimiento suyo irradiaba poder y dominancia.
—¿Crees que algo en este mundo escapa a mi conocimiento? Soy Gilgamesh, el único rey verdadero. No hay ser, mortal o divino, que se compare a mí.
Kagome sintió un escalofrío recorrer su espalda. Su aura era sofocante, pero ella no se rendía fácilmente.
—Si eres tan poderoso, entonces dime… ¿por qué no me mataste al instante?
Hubo un breve silencio. Gilgamesh entrecerró los ojos y luego sonrió con satisfacción.
—Porque eres interesante, sacerdotisa. En este mundo lleno de seres patéticos que solo saben inclinarse ante mí, tú tienes el descaro de desafiarme. Eso… me entretiene.
Kagome sintió su corazón latir con fuerza, pero no permitió que su miedo se reflejara en su rostro. No podía mostrar debilidad ante él.
—No soy un entretenimiento —espetó con seriedad.
Gilgamesh inclinó la cabeza, su mirada evaluándola como si estuviera considerando algo. Luego, sin previo aviso, extendió la mano y tomó su barbilla, obligándola a mirarlo directamente.
—Oh, sacerdotisa… aún no lo entiendes. No estoy pidiendo tu permiso.
Sus palabras la hicieron contener la respiración. Había algo inquietante en él, pero también algo hipnótico.
Kagome intentó apartarse, pero Gilgamesh no la soltó.
—No puedes escapar de mí, Kagome. Eres mía ahora.
Ella sintió su piel arder ante la intensidad de su mirada. Había caído en las garras del Rey de los Héroes… y algo en su interior le decía que tal vez nunca podría escapar.
Kagome sabía que estaba en problemas. Gilgamesh no era solo un rey; era un hombre que tomaba lo que quería y no aceptaba un ‘no’ como respuesta. Pero ella no era una simple mujer indefensa. Había sobrevivido a demonios, batallas y guerras, así que no iba a dejar que este hombre dorado la tratara como una posesión.
—Si esperas que me quede aquí y obedezca todas tus órdenes, estás muy equivocado, Rey de los Héroes —dijo con firmeza, cruzándose de brazos.
Gilgamesh arqueó una ceja, su sonrisa ampliándose con arrogancia.
—¿Y qué harás, sacerdotisa? ¿Usarás tus frágiles palabras contra mí? —Su tono era burlón, pero en sus ojos carmesí brillaba algo más profundo: interés.
Kagome apretó los puños, sintiendo la presión de su presencia. Era un hombre peligroso, pero no iba a retroceder.
—No soy solo una sacerdotisa, Gilgamesh. He enfrentado cosas que ni siquiera imaginas.
El rey soltó una carcajada, acercándose a ella con pasos elegantes pero letales. Cada movimiento suyo irradiaba poder y dominancia.
—¿Crees que algo en este mundo escapa a mi conocimiento? Soy Gilgamesh, el único rey verdadero. No hay ser, mortal o divino, que se compare a mí.
Kagome sintió un escalofrío recorrer su espalda. Su aura era sofocante, pero ella no se rendía fácilmente.
—Si eres tan poderoso, entonces dime… ¿por qué no me mataste al instante?
Hubo un breve silencio. Gilgamesh entrecerró los ojos y luego sonrió con satisfacción.
—Porque eres interesante, sacerdotisa. En este mundo lleno de seres patéticos que solo saben inclinarse ante mí, tú tienes el descaro de desafiarme. Eso… me entretiene.
Kagome sintió su corazón latir con fuerza, pero no permitió que su miedo se reflejara en su rostro. No podía mostrar debilidad ante él.
—No soy un entretenimiento —espetó con seriedad.
Gilgamesh inclinó la cabeza, su mirada evaluándola como si estuviera considerando algo. Luego, sin previo aviso, extendió la mano y tomó su barbilla, obligándola a mirarlo directamente.
—Oh, sacerdotisa… aún no lo entiendes. No estoy pidiendo tu permiso.
Sus palabras la hicieron contener la respiración. Había algo inquietante en él, pero también algo hipnótico.
Kagome intentó apartarse, pero Gilgamesh no la soltó.
—No puedes escapar de mí, Kagome. Eres mía ahora.
Ella sintió su piel arder ante la intensidad de su mirada. Había caído en las garras del Rey de los Héroes… y algo en su interior le decía que tal vez nunca podría escapar.
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Kagome crossover
Fiksi PenggemarCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
