Kagome x Harem de Caballeros Dorados

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El Santuario estaba inquieto.

Los vientos que recorrían las Doce Casas traían un olor desconocido, cálido, antiguo… algo que hacía vibrar incluso a los Caballeros más fríos. Y todo comenzó cuando una grieta azulada apareció frente a la entrada, como una herida en el espacio.

De ella salió una chica de ojos azules cristalinos y un cabello negro que brillaba como una noche sin luna.

Kagome.

Cayó de rodillas, respirando hondo, con su arco todavía en mano.

—¿Dónde… estoy…?

Una presencia descomunal cayó sobre ella como si fuera un peso.
Saga de Géminis apareció primero, su capa ondeando como una sombra divina.

Sus ojos se abrieron apenas la vio.

—Esa energía… —susurró, sintiendo un escalofrío real—. No es humana.

Kagome levantó la cabeza, inocente, confundida… hermosa.

Saga sintió su corazón dar un salto traicionero.

Demasiado hermosa.

Antes de que pudiera hablar, un torbellino dorado chocó a su lado.

—¡Saga, no te acerques tanto! —exclamó Aiolia de Leo, poniéndose entre ellos como si quisiera protegerla, o… reclamarla—. ¡La estás asustando!

—No estoy asustada… creo —murmuró Kagome, sonrojada.

Pero entonces Shaka de Virgo descendió levitando como un dios.

Apenas la vio, sus ojos —generalmente cerrados— se abrieron.

Solo eso hizo que Aiolia y Saga se tensaran.

Shaka jamás abría los ojos sin motivo.

Y menos por una mujer.

—Tu alma es pura —dijo Shaka, acercándose con una calma que solo empeoraba la situación—. Puedo ver luz en ti. Una luz tan inmensa que incluso mis sentidos se alteran.

Saga apretó los dientes.

Aiolia entró en guardia.

Y Shaka extendió la mano para tocarle la mejilla.

—No la toques —gruñó Saga, agarrando el brazo de Shaka.

—Tampoco vos —replicó Aiolia, apartando a ambos y protegiendo a Kagome detrás de él.

—¿Por qué todos quieren tocarme…? —susurró Kagome, completamente perdida.

Pero la escena no hizo más que empeorar.

Desde lo alto, otra figura dorada bajó con elegancia perfecta.

Camus de Acuario.

Su voz fue tranquila, pero sus ojos…
Sus ojos estaban fijos en ella de una forma peligrosa.

—Fue su energía la que alteró el clima. Ella… congeló mi cosmos cuando apareció. Fascinante.

Kagome retrocedió un paso.

Y chocó contra un cuerpo enorme y cálido.

Aldebarán de Tauro la sostuvo con suavidad, como si tratara una joya frágil.

—Tené cuidado, chiquita —dijo con un leve rubor—. No queremos que te lastimes.

Saga, Aiolia, Shaka y Camus hablaron al mismo tiempo:

—¡Aldebarán, soltala!
—¡Alejate de ella!
—No la toques con tus manos rudas.
—No deberías estar tan cerca.

Kagome tragó saliva.

—¿Todos están… bien?

Pero entonces, como si el destino hubiese decidido complicarlo aún más, aparecieron más figuras:

Milo de Escorpio apoyando una mano en su pecho dramáticamente.
Shura de Capricornio mirándola como si fuese una reina.
Mu de Aries observándola con una suave sonrisa iluminada por intriga.

Y para rematar…

Aiolos bajó desde lo alto, su cosmos envolviéndola como si la protegiera desde hacía años.

—Una sacerdotisa perdida… qué extraño destino —susurró, mirándola con devoción.

Todos los caballeros se tensaron.

Todos querían acercarse.

Todos querían reclamarla.

Todos la deseaban.

Kagome solo pudo cubrir sus mejillas rojas mientras murmuraba:

—Esto… definitivamente no es la Era Feudal.

Kagome crossover Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora