Batman señor de la noche

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Las luces parpadeaban intermitentemente en los pasillos del Asilo Arkham. El eco de risas maníacas resonaba en la distancia, pero Kagome apenas lo notaba.

No podía moverse.

Estaba atada a una silla, sus muñecas atadas con gruesas cuerdas y el aire impregnado con el hedor a pólvora y sangre seca.

—Vaya, vaya…— una voz burlona se deslizó entre las sombras—. Nunca imaginé que la doctora más dulce de Arkham terminaría en mis manos—

El Joker emergió de la penumbra, con su eterna sonrisa torcida y los ojos brillando con locura.

Kagome tragó saliva, manteniendo su expresión firme. No podía dejar que viera su miedo.

—Si crees que esto te dará algún tipo de ventaja, te equivocas—

El payaso dejó escapar una carcajada estridente antes de inclinarse sobre ella, acercando su rostro al suyo.

—Oh, doc… no se trata de ventajas. Se trata de diversión—

Sacó un cuchillo y deslizó la hoja por su mejilla, sin presionar demasiado, como si disfrutara el simple acto de ver su reacción.

Kagome mantuvo la mirada firme.

No voy a romperme.

Pero antes de que el Joker pudiera seguir con su juego, un estruendo sacudió el lugar.

Las luces se apagaron por completo.

El aire se volvió pesado.

Y entonces… lo sintió.

Él estaba aquí.

—¿Batman? —El Joker giró la cabeza, su expresión iluminándose con una emoción retorcida—. ¡Oh, esto se pondrá interesante!

Antes de que pudiera reaccionar, una sombra descendió del techo.

Todo ocurrió en segundos.

Un golpe seco. Un crujido de huesos. Un alarido de dolor.

Para cuando Kagome parpadeó, el Joker estaba en el suelo, inconsciente.

Y él estaba frente a ella.

Batman.

Su capa se movía con el viento, su presencia imponente llenaba la habitación.

Sin decir una palabra, sacó una navaja y cortó las cuerdas que ataban sus muñecas.

—¿Estás herida? —su voz grave resonó en la oscuridad.

Kagome negó con la cabeza, frotándose las muñecas adoloridas.

—Estoy bien… Gracias.—

Batman asintió, su mirada oculta tras la máscara, pero ella podía sentir que la analizaba con detenimiento.

—No deberías haber estado sola con él.

—No era la idea. —Exhaló con cansancio—. Me emboscaron cuando terminaba mi turno—

Un segundo de silencio se alargó entre ellos.

Luego, él dio un paso más cerca.

—Te llevaré a un lugar seguro—

Y, antes de que pudiera responder, la tomó con firmeza y la alzó en brazos.

El calor de su cuerpo traspasaba el traje, y el latido de su corazón, fuerte y constante, le recordó que por más que fuera una leyenda en Gotham… seguía siendo un hombre.

Kagome cerró los ojos por un momento, dejando que la seguridad de su presencia la envolviera.

Y mientras se elevaban hacia la noche, con Gotham extendiéndose bajo sus pies, una idea cruzó su mente:

Kagome crossover Donde viven las historias. Descúbrelo ahora