Kagome x Zenitsu

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La tarde en el mercado rural era tranquila, apenas interrumpida por el sonido de los comerciantes y el canto de los grillos. Kagome caminaba con su pequeño canasto, revisando hierbas medicinales que necesitaba para sus pacientes. Había estado ayudando a una familia del pueblo y, como siempre, quería llevar lo mejor.

—Mmm… estas parecen frescas —murmuró, tomando una rama de shungiku.

—¿SEÑORITA?

Kagome pegó un salto. Literalmente.

Frente a ella estaba un chico rubio, pequeño, tembloroso, ojos gigantes y brillantes. Parecía a punto de desmayarse o arrodillarse, no sabía bien.

—¿E-estás comprando hierbas? —preguntó Zenitsu, con las mejillas rojas y respiración agitada.
—Sí —respondió ella, amable—. ¿Puedo ayudarte?

Zenitsu tragó saliva tan fuerte que Kagome lo oyó.

—¡Eres… eres MUY bonita! —soltó de golpe—. ¿Podríamos… tal vez… salir juntos? ¡Prometo tratarte con respeto! ¡No grito tanto cuando estoy relajado! ¡Creo! ¡Y puedo cocinar cosas ricas!

La gente alrededor ya estaba mirando. Kagome sonrió con esa calma que solo alguien acostumbrado a lidiar con Inuyasha, Sesshōmaru, demonios, viajes en el tiempo y exámenes de matemáticas podía tener.

—Ehh… pequeño… —dijo, inclinándose a su altura con dulzura—. ¿Sabes que soy más grande que tú, no?

Zenitsu palideció.

—¿M-más… grande…? ¿C-cuánto más? ¿Mucho? ¿Un poquito? ¿¡Miles de años como una yokai!?

Kagome rió.

—Solo un poco. Pero además… estoy casada.

El grito de Zenitsu pudo haber sido escuchado en la Luna.

—¿¡CA-CA-CASADA!?
—Sí.

Y entonces, como si su voz hubiera sido un conjuro, algo se movió detrás de ella.

Una sombra blanca.
Un aura de “¿quién es este mocoso?”.
Un gruñido bajo.

Zenitsu sintió que el alma se le escapaba.

—Kagome, vamos —dijo una voz profunda y claramente fastidiada—. Los demás nos están esperando.

Inuyasha apareció a su espalda, con los brazos cruzados, orejas de perro moviéndose irritadas, cabello plateado brillando bajo el sol. Sus ojos dorados se clavaron en Zenitsu como dos cuchillos.

Kagome suspiró.

—Inuyasha, él solo me estaba haciendo una pregunta—

—¡¿Una pregunta de qué tipo?! —gruñó él, adelantándose un paso, claramente para marcar territorio—. Porque TU aroma está por todos lados, mocoso.

Zenitsu quedó rígido como una estatua.

—Y-yo… yo solo dije que… ella era… bonita… y quería… salir… tal vez… —cada palabra sonaba más débil—. No sabía que estaba casada, señor… perro… señor… muy musculoso… con colmillos…

Inuyasha entrecerró los ojos.

—Ah. Ya veo. —Se inclinó un poco hacia Zenitsu—. ¿Y todavía querés?

—¡¡NOOOO!! ¡YO RESPETO LOS MATRIMONIOS! ¡LA MORAL! ¡LA VIDA! ¡LAS LEYES DIVINAS! ¡NO QUIERO MORIR!

Kagome se llevó la mano a la cara.

—Inuyasha, no lo asustes así…

—No lo estoy asustando —respondió él, aunque claramente sí lo estaba disfrutando un poco—. Solo estoy dejando claro que mi esposa no está disponible para… citas de mocosos.

Zenitsu se arrodilló frente a Kagome como si fuera una diosa.

—¡PERDÓN POR MIRARLA! ¡PERDÓN POR EXISTIR EN SU RADIO PERSONAL! ¡PERDÓN POR RESPIRAR SU AIRE MATRIMONIAL!

Kagome, con infinita paciencia, le tocó el hombro.

—No hiciste nada malo. Solo… bueno… tenés que saber elegir mejor.

Zenitsu levantó la cabeza, con ojos de cachorro abandonado.

—¿Cree que algún día encontraré… a alguien?

—Seguro que sí —respondió Kagome sonriendo—. Solo no te acerques demasiado cuando esté tu esposa celosa cerca.

—¡NO TENGO! —gritó Zenitsu llorando.

Inuyasha rodó los ojos.

—Vámonos, Kagome —dijo mientras la tomaba de la mano—. Antes de que este se desmaye y piensen que lo maté.

Kagome le dio una última sonrisa a Zenitsu.

—Cuídate. Y gracias por el cumplido.

Zenitsu vio cómo se alejaban. La imagen de Kagome tomando la mano de Inuyasha, riendo, con las orejas del hanyō moviéndose felices, quedó grabada para siempre en su corazón.

—Algún día… —dijo con voz temblorosa—. Encontraré una mujer así. Aunque sea imposible… aunque ella ya esté casada… aunque su esposo sea un demonio-perro musculoso… yo… ¡yo seguiré intentándolo!

Una abuela que pasaba lo miró con lástima.

—Nene, mejor no intentes nada parecido a eso —dijo, dándole una palmadita en la nuca.

Y Zenitsu lloró otra vez.

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Kagome crossover Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora