Sebastián

266 42 0
                                        

En una tranquila calle de Tokio, se encuentra “Café Nocturne”, una pequeña cafetería con una vibra elegante y misteriosa, donde Kagome trabaja como barista para pagar sus estudios universitarios.

La vida era normal… hasta que un nuevo cliente aparece cada noche, siempre a la misma hora.

Traje negro, guantes, cabellos oscuros perfectamente peinados, ojos rojos como brasas apagadas. Educado, impecable, con modales que no parecen de esta era.

—Un espresso, sin azúcar. Como siempre, señorita Higurashi.

Él nunca da su nombre. Solo sonríe con una cortesía antinatural.

Pero una noche de lluvia, Kagome cierra sola, y lo encuentra esperándola afuera con un paraguas.

—No deberías caminar sola bajo la lluvia. Hay cosas… que aún acechan en la oscuridad.

Ella ríe, incómoda.
—¿Como qué? ¿Vampiros? ¿Demonios?

Él sonríe.
—Algo así.

Días después, Kagome lo sorprende en un acto imposible: detiene con una sola mano una estantería que iba a aplastarla.
—¿Quién eres realmente?

Él suspira.
—Mi nombre es Sebastian Michaelis. Solía servir a una familia muy antigua… pero ya no tengo amo. Hasta que te conocí.

Kagome lo confronta:
—¿Me estás diciendo que eres un demonio?

—Un demonio libre, ahora. Y tú… me interesás de una forma que no debería sentir.

Sebastian comienza a aparecer más seguido. Protege a Kagome de una maldición demoníaca que un cliente dejó en la cafetería. Ella, con su experiencia espiritual del pasado, lo enfrenta a su manera.

—Yo no soy una chica cualquiera —le dice Kagome, encarándolo con una flecha purificadora improvisada—. He visto demonios. He amado… y perdido.

Sebastian la mira con respeto y un atisbo de deseo.
—Lo sé. Por eso no puedo mantenerme lejos.

Ciel murió hace años, pero dejó una cláusula en su contrato que liberó a Sebastian al morir de forma natural. Ahora, sin amo y sin propósito, Sebastian siente una atracción inexplicable por Kagome, cuya alma... no puede devorar.

—¿Por qué no puedo comerte el alma...?
—Tal vez… porque ya estás lleno. Y por primera vez, estás sintiendo algo real.

Sebastian se convierte en su protector, amante y compañero. Kagome lo acepta… con la condición de que nunca intente reclamar su alma.

—No soy tu ama —dice ella con una sonrisa—. Pero si vas a estar a mi lado, más te vale aprender a hacer café como yo.

Sebastian sonríe, encantado.
—Yes, my lady.

Kagome crossover Donde viven las historias. Descúbrelo ahora