Rou

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Kagome no sabía cómo había acabado en ese extraño mundo, uno donde los monstruos evolucionaban, y un goblin podía convertirse en algo... tan intimidante como atractivo. Había conocido a Rou cuando lo salvó instintivamente de una maldición espiritual. Él, fascinado por su poder espiritual y su aroma, no dudó en tomarla bajo su protección.

Ahora, sentada junto a la hoguera del campamento, Kagome observaba cómo los demás goblins y monstruos reverenciaban a Rou con respeto… y un poco de miedo. Él, sin embargo, se agachó frente a ella, con su característica mirada calmada y aguda.

—No eres de este mundo —murmuró Rou—. Pero este mundo ya te reclama. Yo ya te reclamo.

Kagome se sonrojó, entre molesta y divertida.
—No puedes decir cosas así como si fueras el protagonista de un manga picante...

—¿Y si lo soy? —replicó él con media sonrisa—. Me gustas. Eres fuerte, compasiva… y no me temes.

Ella cruzó los brazos.
—Y tú eres un goblin evolucionado con un harem de guerreras monstruo… no me lo estás haciendo fácil.

—Tú no eres como ellas. Tú no necesitas pelear para atraerme. Basta con que estés cerca —dijo, tomándole la mano con inesperada delicadeza.

En ese momento, uno de los subordinados de Rou apareció corriendo.
—¡Jefe, una tropa humana viene directo hacia aquí! ¡Parece que quieren a la chica!

Rou se levantó, sus ojos destellando con ferocidad.

—Entonces que vengan. Nadie me quita lo que es mío.

Kagome, aún confundida por sus emociones, murmuró:
—…¿Mío?

Él se volvió solo para mirarla con intensidad.

—Kagome… no importa de dónde vienes. Ahora eres parte de mi historia. Y si tengo que destruir este mundo para que estés a salvo, lo haré sin dudar.

Ella suspiró, aunque no podía evitar que su corazón latiera más rápido.

—Genial… me enamoré de un goblin jefe reencarnado con complejo de posesivo.

Y en el fondo, muy en el fondo... le gustaba.

Kagome había terminado en mundos extraños antes, pero esto ya rozaba lo ridículo. Un goblin evolucionado con inteligencia superior, habilidades absurdas y un harem… y aun así, dormía cada noche a su lado. Rou era protector, calculador, y aunque se le notaba el instinto posesivo, también tenía gestos tiernos que le desarmaban.

Aquella noche, tras la batalla, Kagome se curaba una herida leve. Rou llegó con una bebida medicinal, y se arrodilló frente a ella.

—Te dije que no quiero que te arriesgues —gruñó bajo—. Si no fuera porque puedo oler tu sangre, estaría furioso.

Kagome le lanzó una mirada entre fastidiada y divertida.

—No soy de porcelana, Rou. He peleado contra demonios y he purificado monstruos. Sé defenderme.

Rou bajó la mirada, pero su voz se volvió ronca.
—Lo sé. Por eso me gustas. Por eso te deseo.

Kagome se sonrojó, y justo cuando iba a responder, una voz femenina rompió la escena:

—¿Otra vez aquí con la humana?

Era una de las guerreras del grupo de Rou, una ogresa con una figura intimidante.
—¿Qué tiene ella que no tengamos nosotras?

—Una lengua afilada y una mirada que no se agacha ante mí —respondió Rou sin dudar.

Kagome se atragantó, y más aún cuando otras dos chicas del grupo también se sumaron.

—Podemos compartirlo —murmuró una de ellas, poniéndose detrás de Kagome—. No tienes que quedarte sola con él...

Rou gruñó.
—Basta. Nadie la toca sin su permiso.

Kagome se levantó abruptamente.
—¡Yo no soy parte de ningún harem, ni estoy disponible como postre de guerra! —gritó, furiosa—. ¡Y si vuelven a tocarme el pelo sin permiso, las purifico!

Las ogresas se apartaron, sintiendo el cosquilleo de la energía espiritual acumulándose en la flecha de Kagome.

Rou no pudo evitar sonreír.
—Eres perfecta.

—Eres un idiota —masculló ella—. Pero gracias por no dejar que me usen como trofeo.

Antes de que pudiera decir más, un rugido familiar hizo temblar el suelo.

—¡Kagomeeeee! ¿¡Dónde estás!?

Ella se giró, con el corazón latiendo fuerte.
—¿Inuyasha?

Y allí estaba. Con el Tessaiga en mano, furioso, con los ojos clavados en Rou.

—¡¿Qué haces con ese monstruo?! ¿¡Cómo pudiste reemplazarme tan rápido!?

Kagome cruzó los brazos.

—¿Reemplazarte? ¿Después de que me dejaste por una vasija reencarnada?! Este goblin me trata mejor que tú jamás lo hiciste.

—¡Pero es un goblin!

—¡Y tiene más cerebro y sensibilidad que tú!

Rou se levantó, sonriente.
—¿Tú eres el ex? Pensé que olerías a más peligro… pero hueles como un perro mojado.

Inuyasha saltó con una patada, y Rou lo detuvo con una sola mano.

—¡No toques a Kagome!

—¡Ella no es tuya!

Kagome disparó una flecha al aire y estalló entre ambos, forzándolos a retroceder.

—¡Basta! Estoy harta de que me traten como si fuera un premio. Y para que les quede claro…

Todos guardaron silencio.

Kagome se giró hacia Rou, le tomó del cuello y le plantó un beso intenso frente a todos.

—…yo decido con quién quiero estar. Y Rou me hace sentir amada. No como una sombra del pasado.

Inuyasha bajó el arma. No tenía nada que responder.

Las ogresas chismoseaban. Las demás tribus murmuraban. Y Rou… simplemente sonreía con los labios aún calientes.

—Entonces, Kagome... —le susurró al oído—. ¿Debo preparar la habitación solo para dos esta vez?

—Con cerradura, Rou. Con cerradura.

Kagome crossover Donde viven las historias. Descúbrelo ahora