KAGOME & DABI

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La noche caía sobre la ciudad, y los escombros de un enfrentamiento reciente aún humeaban entre las calles.
Kagome caminaba con cuidado entre las ruinas, buscando heridos, cuando escuchó un gemido cercano.

Allí estaba Dabi, apoyado contra una pared, con quemaduras y cortes por el cuerpo, sus ojos azules brillando con dolor y furia contenida.

—Eh… —dijo Kagome, respirando hondo—. No puedo dejarte así…

Él la miró con desconfianza, su rostro endurecido.
—¿Vos… qué querés? No voy a dejar que alguien me toque… —gruñó, aunque había un hilo de vulnerabilidad en su voz.

Kagome se arrodilló frente a él, mostrando tranquilidad.
—Solo quiero ayudarte. —susurró—. Tus heridas necesitan atención… y no puedo ignorarlas.

Dabi frunció el ceño, pero el cansancio y el dolor lo obligaron a dejar que ella se acercara.
Kagome colocó sus manos sobre las quemaduras y cortes, sintiendo su energía espiritual fluyendo, cálida y calmante.
—Ah… —susurró Dabi, sorprendido—. Eso… se siente… raro… pero… bien.

Kagome levantó la vista, encontrando sus ojos fríos y penetrantes.
—No te preocupes… te voy a curar. —dijo con suavidad, concentrándose en sus poderes mientras el calor sanador se extendía por su cuerpo.

Dabi inhaló lentamente, sintiendo cómo el dolor disminuía, y por un instante, bajó la guardia.
—Nunca alguien… me había mirado así… —murmuró, con un dejo de incomodidad y admiración.

—Eso es porque… pocas personas se preocupan de verdad —respondió Kagome—. Pero yo sí.

Por un momento, el silencio se hizo cómodo entre ellos, interrumpido solo por el leve crepitar de sus poderes y la brisa nocturna.
Dabi bajó la mirada, como si estuviera intentando comprender esa calidez que sentía y que no sabía cómo manejar.
—Kagome… —susurró—. No sé cómo… agradecerte…

Ella sonrió suavemente, apartando un mechón de su rostro.
—No hace falta… solo prometé cuidarte.

Dabi la miró, un brillo extraño en sus ojos mientras sentía algo que nunca había experimentado: confianza, y… algo más profundo, que lentamente comenzaba a abrir su corazón.

—…Lo intentaré —murmuró, más para sí que para ella, mientras su mirada se suavizaba—. Por vos.

Kagome asintió, satisfecha.
—Eso es suficiente… por ahora.

Y así, entre sombras, ruinas y llamas apagadas, una conexión inesperada nacía entre ellos, mezclando cuidado, peligro y una chispa de algo que ninguno de los dos esperaba sentir.

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