Saphirot xKagome x cloud

380 30 7
                                        

Kagome observó a los dos hombres con una mezcla de curiosidad y cautela. Cloud, con su aura estoica y protectora, parecía un guerrero acostumbrado a la batalla, pero con una extraña vulnerabilidad en su mirada. Sephiroth, en cambio, era una figura enigmática y peligrosa, con una presencia que helaba la sangre y una fascinación que la hacía sentir como una presa.
El cráter humeante a sus espaldas era un recordatorio de lo extraño de su llegada. ¿De dónde venían? ¿Qué querían? Y lo más importante, ¿por qué la miraban como si fuera suya?
—Bien —dijo Kagome, tratando de mantener la compostura—. Ya que se quedarán, necesito que me digan quiénes son y de dónde vienen.
Cloud fue el primero en responder.
—Soy Cloud Strife. Y vengo de... un lugar llamado Midgar.
Sephiroth sonrió lentamente.
—Soy Sephiroth. Y, como Cloud, también vengo de Midgar.
Kagome frunció el ceño. Midgar. Nunca había oído hablar de ese lugar.
—¿Y qué hacían cayendo del cielo?
Cloud desvió la mirada, visiblemente incómodo.
—No lo sé. Simplemente... aparecimos aquí.
Sephiroth, en cambio, la miró directamente a los ojos.
—El destino es caprichoso, Kagome. Nos trajo aquí por una razón.
Kagome sintió un escalofrío. Esa mirada, esa voz... había algo profundamente inquietante en Sephiroth.
—No me gustan los acertijos —dijo, cruzándose de brazos—. Si quieren quedarse, necesito respuestas claras.
Cloud suspiró.
—No tenemos todas las respuestas. Solo sabemos que... no podemos regresar.
Kagome parpadeó. ¿No podían regresar? Eso complicaba las cosas.
—Entonces, ¿están atrapados aquí?
Sephiroth asintió lentamente.
—Por ahora.
Cloud, en cambio, parecía preocupado.
—No sabemos cuánto tiempo estaremos aquí. Y tampoco sabemos qué nos espera.
Kagome suspiró. Dos extraños poderosos, atrapados en su mundo, con oscuros secretos y una extraña obsesión por ella. Esto no podía ser bueno.
—Bien —dijo, resignada—. Les ofreceré refugio en mi aldea. Pero con una condición: no causarán problemas.
Cloud asintió de inmediato.
—No causaremos problemas.
Sephiroth sonrió, pero no dijo nada. Su silencio era tan inquietante como sus palabras.
—Necesito que entiendan —continuó Kagome, mirándolos a ambos—. Mi mundo es diferente al suyo. Aquí hay espíritus, demonios... y peligros que no pueden imaginar.
Cloud frunció el ceño.
—Nos enfrentaremos a lo que sea necesario.
Sephiroth, en cambio, la miró con una intensidad que la hizo retroceder.
—No me preocupan los peligros, Kagome. Me preocupa lo que encontraré aquí.
Kagome sintió un escalofrío. Esa mirada, esa voz... había algo en Sephiroth que la hacía sentir vulnerable.
—Bien —dijo, tratando de ignorar la sensación—. Los llevaré a la aldea. Pero recuerden: están bajo mi protección, y eso significa que seguirán mis reglas.
Cloud asintió con seriedad. Sephiroth, en cambio, solo sonrió, como si estuviera pensando en algo más.
Mientras caminaban hacia la aldea, Kagome no podía evitar sentir que había cometido un error. Dos extraños poderosos, con oscuros secretos y una extraña obsesión por ella, ahora estaban bajo su protección. Y algo en su interior le decía que esto solo era el comienzo de algo mucho más peligroso.

Ellos caminaron en silencio hasta llega donde estas  los amigos de la joven

Inuyasha, con su habitual impaciencia, comenzó a gritarle a Kagome por llegar tarde. Su rostro se enrojeció de ira, y sus palabras resonaron en el claro con un tono acusador. Sin embargo, su diatriba se interrumpió abruptamente cuando notó la presencia de Cloud y Sephiroth.
Los dos guerreros, con una aura de poder que hacía que el aire se espesara, miraron a Inuyasha con una intensidad que lo hizo callar al instante. Sus ojos, llenos de una ira fría y contenida, advirtieron a Inuyasha que se alejara de Kagome.
Inuyasha, sintiéndose desafiado, desenvainó su espada, Tessaiga. La hoja brilló con un aura demoníaca, lista para la batalla.
Sephiroth, con una sonrisa burlona, se adelantó. Su espada, Masamune, una hoja larga y elegante, brilló con una luz siniestra.
—Por lo que veo, mi espada es más grande que la tuya —dijo Sephiroth, con un tono que dejaba claro el doble sentido de sus palabras.
Las mejillas de Kagome se tiñeron de rojo al escuchar el comentario de Sephiroth. La tensión en el aire se intensificó, creando una atmósfera cargada de peligro y deseo.
Cloud, con su estoicismo habitual, se mantuvo en silencio, pero su postura tensa y su mirada fija en Inuyasha dejaron claro que no toleraría ninguna agresión hacia Kagome.
Inuyasha, confundido y furioso, no entendía la reacción de los dos extraños. ¿Por qué la defendían con tanta vehemencia? ¿Y por qué Sephiroth se atrevía a hablarle de esa manera a Kagome?
—¿Quiénes son ustedes? —gruñó Inuyasha, con su espada lista para atacar—. ¿Y por qué defienden a Kagome?
Cloud dio un paso adelante, su espada lista para la batalla.
—Ella está bajo nuestra protección —dijo con voz grave—. Y no permitiremos que nadie la lastime.
Sephiroth sonrió, con una mirada que helaba la sangre.
—Ella nos pertenece —dijo con un tono posesivo—. Y no toleraremos ninguna interferencia.
Las palabras de Sephiroth resonaron en el claro, dejando claro que la posesión que sentían por Kagome era mucho más profunda de lo que Inuyasha imaginaba. La tensión en el aire se volvió casi palpable, y Kagome sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Inuyasha, furioso y confundido, apretó con fuerza su espada. No entendía lo que estaba pasando, pero sabía que no permitiría que nadie se llevara a Kagome.

Kagome crossover Donde viven las historias. Descúbrelo ahora