kagome x demon parte 2

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La medianoche había pasado hacía mucho tiempo en la Mansión Salvatore. La biblioteca, con sus estantes polvorientos y un mapa garabateado de Mystic Falls extendido sobre la mesa, era el cuartel general improvisado de Damon y Kagome.
Estaban trabajando en una estrategia para encontrar a un poderoso Maldito (una criatura que Kagome había identificado como un espíritu vengativo de Grado Especial). Su energía pura era la única que podía rastrearlo, y Damon era la única fuerza dispuesta a colaborar con ella.
——Mira, el área de las catacumbas es una zona muerta de energía mágica, pero el punto donde sientes ese "nudo" de resentimiento —Damon señaló el mapa con un bolígrafo, su mano rozando la de Kagome— ...está justo aquí, cerca de la línea de la propiedad Lockwood. Si entras sola, te aplastará. Si vamos juntos, te cubro. Mi velocidad contra tu... limpieza.
Kagome se estremeció ligeramente ante su toque, pero mantuvo la compostura.
——Necesito un amuleto hecho con la sangre del Maldito para fijarlo. Si me cubres el tiempo suficiente para disparar la flecha, lo tendremos. Pero no puedes distraerme, Damon —advirtió Kagome, sintiendo la intensidad de su mirada.
Damon sonrió, un brillo de malicia y deseo en sus ojos azules.
——¿Distraerte? Yo? Nunca. Soy un profesional —Damon se inclinó, su aliento a menta y bourbon en su oído. —Aunque debo admitir, Sacerdotisa, que me excita bastante trabajar con una chica que dispara flechas a demonios que no puedo ver.
Kagome dejó caer el bolígrafo. Habían estado bajo presión durante días, y la tensión entre ellos se había vuelto casi tan densa como la niebla de Mystic Falls. Él la molestaba, la desafiaba y la hacía sentir viva de una manera peligrosa.
——Damon, tenemos que concentrarnos. Hay vidas en juego —susurró Kagome, pero su voz ya no sonaba como una protesta.
Damon cerró el espacio entre ellos, colocando sus manos a ambos lados de su cabeza, atrapándola entre su cuerpo y el mapa.
——Lo sé. Y lo haremos. Pero la vida es corta, Kagome. Y la tuya, en mi mundo, es aún más corta si no nos relajamos un poco —Damon la besó.
Fue un beso hambriento, lleno de la frustración de las horas de trabajo, el peligro inminente y la química prohibida. Kagome, cansada de la moralidad y la tensión, respondió con una pasión que sorprendió al vampiro.
Se separaron, jadeando.
——Ahora, ¿nos concentramos? —preguntó Kagome, su corazón latiendo salvajemente.
Damon negó con la cabeza, una sonrisa de suficiencia triunfante en su rostro.
——Nope. Estrategia... pospuesta.
Damon la levantó en brazos con facilidad sobrenatural.
——¿Dónde vamos? —preguntó Kagome, aferrándose a su cuello.
——A mi habitación, obvia... —Damon hizo una pausa a mitad del pasillo, su mente dándole una idea mejor, una más deliciosa y provocativa. —No. Al carajo.
Damon cambió de dirección, usando su velocidad vampírica para aparecer instantáneamente en el pasillo adyacente, frente a una puerta en particular.
——Creo que esta noche, la estrategia se ejecuta mejor en la cama de mi hermano. Es más suave. Y el factor "pobre Stefan" siempre añade un pequeño picante —murmuró Damon con una risa oscura.
Kagome rió a pesar de sí misma. La idea era completamente irreverente y completamente Damon.
——¡Damon! Eres imposible —exclamó Kagome, golpeando su hombro.
Él abrió la puerta de la habitación de Stefan y la dejó caer suavemente sobre las sábanas blancas y prístinas del vampiro que amaba la moralidad.
——Lo sé. Ahora, ¿dónde empezamos con la purificación de mi alma, Sacerdotisa? —preguntó Damon, quitándose la camisa y revelando su torso esculpido.
Kagome se incorporó, quitándose las cuentas del collar y el hakamura blanco y rojo. Sus ojos brillaban con un deseo que reflejaba el de él.
——Empecemos por aquí. Te aseguro que la energía que vamos a crear no será muy "limpia" —respondió Kagome, inclinándose hacia él, lista para el caos y la pasión que solo Damon Salvatore podía ofrecer.
El trabajo se había pospuesto. La cama de Stefan, en cambio, estaba ocupada.

La noche avanzaba, y las sábanas blancas y pulcras de Stefan eran ahora un caos de tela arrugada y pasión. La habitación olía a una mezcla intensa de bourbon, el incienso de sánscrito que siempre llevaba Kagome, y el calor inconfundible del deseo.
El tiempo había dejado de tener sentido para Damon y Kagome. Cada toque era una batalla y una rendición, la pureza de la sacerdotisa chocando con la oscuridad y la intensidad del vampiro. Los gemidos de Kagome, una mezcla de placer y la liberación de la tensión acumulada, se ahogaban en la almohada, que hacía lo posible por amortiguar los sonidos.
Damon la miró, sus ojos azules brillando con un triunfo feroz. El placer que sentía no era solo físico; era la satisfacción de haber doblegado las reglas y la moralidad, de haber encontrado un alma tan ardiente como la suya.
——Kagome... —murmuró Damon, su voz ronca por el esfuerzo y el éxtasis.
El aire vibró con el final de su encuentro. Kagome se acurrucó contra su pecho, con el cuerpo temblándole por la liberación, su respiración agitada contra su piel. Ambos se rieron, un sonido bajo y satisfecho, absortos en la burbuja que habían creado.
——Esto... no fue muy "limpio", Damon —susurró Kagome, riendo.
——No. Fue absolutamente sucio. Y fue perfecto —respondió Damon, acariciando su cabello.
En ese preciso instante, la puerta de la habitación se abrió de golpe con una fuerza que hizo temblar el marco. Stefan estaba allí, de pie en la entrada, su rostro blanco por la incredulidad y la furia. Acababa de regresar a casa de una tensa reunión con Elena y había subido directamente a su habitación.
Se quedó paralizado por un segundo, observando la escena: Kagome y Damon, completamente expuestos, en su cama, bajo sus sábanas. La evidencia era innegable.
La expresión de incredulidad de Stefan se transformó en pura rabia.
——¡¿QUÉ DEMONIOS CREEN QUE ESTÁN HACIENDO AQUÍ?! —gritó Stefan, su voz resonando por toda la mansión, el rugido de un vampiro herido.
Damon levantó la cabeza de la almohada, con la expresión de un niño atrapado con la mano en el tarro de galletas, pero rápidamente la reemplazó con una sonrisa altanera e insolente.
——Hola, hermano. ¿Qué te trae por aquí? —saludó Damon, sin moverse, incluso pasando un brazo protector alrededor de Kagome. —Estábamos, eh... estábamos discutiendo la estrategia para ese Maldito. Es un lugar tranquilo.
Stefan entró en la habitación, con las venas marcadas en el cuello.
——¡NO! ¡NO EN MI CAMA! ¡¿CON ELLA?! —Stefan señaló a Kagome, con la decepción grabada en sus facciones. —¡Kagome! ¡Creía que eras la decente! ¡Tú eres la que ve la "bondad" en la gente! ¡Y TÚ... —Stefan se giró hacia Damon. —¡Lo haces para molestarme!
Kagome se sentó, cubriéndose con la sábana, sintiéndose avergonzada por el grito, pero firme ante el juicio de Stefan.
——Stefan, no es tu culpa. Estábamos... —Kagome intentó interceder.
——No lo defiendas, Kagome. Lo sé —espetó Stefan, mirando a su hermano. —Te dije que esta casa es un lugar de respeto. ¡Y usaste mi cama para un acto de pura, y barata, provocación!
Damon se rió, finalmente sentándose.
——Vamos, Stefan. No es barata. Es cómoda. Además, pensamos en ti. Ahora tienes una historia para contarle a Elena —dijo Damon, su arrogancia al máximo.
Stefan, superado por la ira, agarró un jarrón de la mesita de noche y lo lanzó contra la pared.
——¡LÁRGATE! ¡LOS DOS! ¡FUERA DE MI HABITACIÓN AHORA! —rugió Stefan, la furia contenida de siglos de resentimiento y celos saliendo a la superficie.
Damon suspiró dramáticamente, pero se levantó, tomando la mano de Kagome para sacarla de la cama.
——Está bien, está bien. Tranquilízate, baby brother. Volvemos a la biblioteca. De todos modos, ya terminamos la parte más importante de la "estrategia" —Damon miró a Kagome con una sonrisa cómplice.
Kagome se vistió a toda prisa, lanzándole a Stefan una mirada de disculpa mezclada con frustración. La pelea de los hermanos había arruinado un momento que había sido genuinamente importante para ella.
El drama en Mystic Falls acababa de escalar, y Kagome estaba justo en medio del fuego cruzado.

Kagome crossover Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora