El aire nocturno era denso y olía a tierra húmeda y flores desconocidas. Kagome, ahora una mujer adulta de veintitantos años, se había adentrado en el bosque más allá de su hogar, buscando una rara hierba medicinal que solo florecía bajo la luz de la luna llena.
La tranquilidad del bosque siempre la había reconfortado, pero esta noche había una tensión palpable en el aire, una sensación de ser observada que le erizaba la piel.
Un susurro suave, casi imperceptible, llegó a sus oídos. Se detuvo, tensa, con la mano instintivamente buscando el arco que ya no portaba. Los años habían pasado desde la Guerra del Santo Grial, y su vida ahora era más tranquila, aunque la aventura ocasional aún la encontraba.
Una figura alta y esbelta emergió de las sombras, tan pálida que parecía brillar bajo la luz de la luna. Vestía un abrigo oscuro que parecía fundirse con la noche, y su rostro, aunque carente de rasgos definidos en la penumbra, irradiaba una presencia inquietante.
En su mano sostenía una rosa roja, su color un contraste vibrante con su palidez.
Kagome sintió un escalofrío recorrer su espalda. Había oído historias, susurros en la red, sobre entidades que acechaban en los márgenes de la realidad. Este ser emanaba una energía que le recordaba vagamente a algunos de los demonios más oscuros que había enfrentado, pero con una cualidad diferente, más… Humana en su forma, pero terriblemente inhumana en su aura.
—¿Perdida, querida?—La voz era un suave murmullo, como el roce de la seda, pero había un tono subyacente que la hizo sentir incómoda.
Kagome mantuvo la compostura, sus ojos oscuros fijos en la figura.
—No estoy perdida. Estoy buscando una hierba.—
La figura sonrió, aunque la oscuridad le impedía ver sus labios. La rosa en su mano se extendió hacia ella.
—Quizás… pueda ofrecerte algo más interesante que una simple hierba—
Kagome dudó. Había algo profundamente perturbador en este ser, algo que le decía que debía huir. Pero también había una extraña fascinación, una curiosidad peligrosa que siempre la había caracterizado.
—¿Qué podría ser eso?— preguntó, su voz firme a pesar de la creciente ansiedad.
El ser se acercó un paso, y Kagome pudo percibir un leve aroma dulce y embriagador que emanaba de él y de la rosa.
—Un placer… una experiencia… que quizás nunca hayas conocido—
Sus palabras eran insinuantes, cargadas de un doble sentido que la hizo sonrojar a pesar del miedo. Este no era un demonio de la clase que ella estaba acostumbrada a enfrentar con flechas purificadoras. Este era algo diferente, algo que jugaba con las emociones y los deseos.
—No estoy interesada— dijo Kagome, dando un paso atrás. Su instinto le gritaba que se alejara lo más posible.
El ser no pareció inmutarse.
—Oh, pero creo que en el fondo… todos tienen curiosidad. Todos desean algo que no se atreven a pedir—Sus ojos parecieron brillar brevemente en la oscuridad, y Kagome sintió una punzada de algo desconocido, una mezcla de miedo y una extraña… Tentación. Sacudió la cabeza, tratando de despejar su mente.
—Gracias por su oferta, pero realmente debo irme—Dijo, dándose la vuelta con la intención de alejarse rápidamente.
—Ten cuidado en la oscuridad, querida—susurró el ser a su espalda—Nunca sabes lo que podrías encontrar… O lo que podría encontrarte a ti—
Kagome no miró atrás. Aceleró el paso, sintiendo la mirada invisible del ser quemándole la espalda. El bosque, que antes le había parecido tranquilo, ahora se sentía opresivo y amenazante.
Llegó a casa con el corazón latiéndole con fuerza, la imagen de la pálida figura y la rosa roja grabada en su mente. No había encontrado la hierba, pero había encontrado algo mucho más inquietante.
Durante las siguientes semanas, Kagome sintió esa presencia ocasionalmente, una sombra al margen de su visión, un susurro en el viento. Nunca volvió a verlo directamente, pero sabía que él estaba allí, observándola, esperando.
Un día, encontró una única rosa roja en el umbral de su puerta. No había ninguna nota, ningún mensaje. Solo la flor, un recordatorio silencioso de su encuentro en el bosque y la promesa implícita de un encuentro futuro.
Kagome tomó la rosa con una mezcla de temor y una extraña resignación. Sabía que este no era el final. En algún momento, sus caminos volverían a cruzarse.
Y cuando ese momento llegara, tendría que estar preparada para lo que Offenderman quisiera ofrecerle, o para enfrentarse a las consecuencias de su rechazo.
El mundo era un lugar vasto y misterioso, y a veces, las leyendas oscuras resultaban ser más reales de lo que uno podría imaginar.
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Kagome crossover
FanfictionCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
