La noche en el inframundo no era realmente noche: era un brillo rojizo constante, un calor que vibraba como si el mundo respirara enojo. Kagome no tenía idea de cómo había terminado ahí —una grieta temporal, un demonio idiota, cosas que le pasaban seguido— pero sabía dos cosas:
Necesitaba volver a su mundo.
Y necesitaba dejar de caminar por aquel enorme jardín celestial caído.
—Genial —murmuró, tocando una planta que cambiaba de color—. Seguro Inuyasha ya está gritando.
—No deberías tocar eso.
La voz cayó como un rayo. Firme. Altiva. Y… terriblemente atractiva.
Kagome levantó la vista y se encontró con él.
Ojos dorados.
Cabello perfecto.
Alas inmensas, blancas, casi cegadoras.
Una sonrisa arrogante de esas que daban ganas de pegarle… o de besarlo.
Adam.
El ángel que todos temían.
El que todos odiaban.
El que se creía perfecto.
—Oh —dijo Kagome, tranquila—. ¿Y por qué no?
Adam abrió la boca. Cerró la boca. Nadie le respondía así. Nadie.
—Porque soy Adam —dijo finalmente, como si eso explicara el universo—. Y porque todo en este jardín es mío.
Kagome arqueó una ceja.
—¿Y eso qué tiene que ver? Si no quería que lo tocara, no lo dejabas ahí tirado.
Adam parpadeó.
¿Lo estaba… retando?
¿Una humana?
Ella siguió caminando mientras él la observaba con la expresión de alguien que ve un terremoto caminar hacia él.
Hasta que Kagome tropezó.
Y cayó directo sobre él.
Literalmente contra su pecho, entre sus alas.
Adam dio un paso atrás por instinto, atrapándola sin querer.
—¡Ah! —Kagome lo miró desde abajo—. Perdón, no vi la raíz—
—No te muevas. —La voz de Adam salió baja, tensa.
—Oh, tranquilo. No voy a robarte el césped.
Adam tragó saliva. Aquello era nuevo.
Nadie se le acercaba así.
Nadie lo tocaba.
Nadie lo miraba sin miedo… o sin odio.
Kagome se apartó, sacudiéndose los hombros.
—Necesito saber cómo salir de aquí —dijo ella—. ¿Podés ayudarme?
Adam cruzó los brazos, inflando el pecho como si eso lo hiciera más intimidante.
—Depende.
—¿De qué?
Él la miró fijamente.
Sus ojos dorados siguieron cada gesto de ella, cada respiración.
—De por qué una humana como vos puede tocar mis plantas, mis alas, y no quemarse —dijo Adam, acercándose un poco—. O por qué no estás temblando.
Kagome frunció el ceño.
—Porque ya he conocido seres mucho peores que vos. —Lo miró directamente a los ojos—. No sos tan intimidante.
El silencio se volvió denso.
Las alas de Adam temblaron un poco, como si reaccionaran por su cuenta.
—No sabés lo que decís —susurró él.
Kagome dio un paso hacia él.
—Sé exactamente lo que digo.
Adam inspiró profundo.
La miró como si fuera un problema imposible, algo que no podía controlar, algo que —para su sorpresa— quería seguir mirando.
—Puedo sacarte de aquí —admitió finalmente—. Pero…
Kagome esperó.
—Pero quiero verte otra vez.
Ella sonrió.
—¿Me estás pidiendo una cita, ángel caído?
Él se tensó.
—No caído —corrigió rápido—. Perfecto.
Kagome se rió.
—Bueno, perfecto o no… sí. Acepto.
Adam sintió que algo dentro de su pecho, donde debería haber solo ego, se movía por primera vez en siglos.
—Bien —dijo, abriendo un portal para ella—. Entonces no será la última vez que nos veamos.
Kagome se acercó.
Al pasar por su lado, le rozó una pluma del ala.
La pluma brilló.
—Nos vemos, Adam —susurró ella.
Y cuando ella desapareció en el portal, Adam se quedó mirándolo fijamente.
Sonriendo.
Porque por primera vez…
una humana lo había tocado, contradicho y desarmado.
Y él quería más.
Mucho más.
ESTÁS LEYENDO
Kagome crossover
FanfictionCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
