La noche estaba tan silenciosa que incluso los grillos parecían temer hacer ruido.
La pequeña clínica de Kagome, situada en las afueras de la ciudad, estaba cerrada.
Luces apagadas. Cortinas corridas. Paz absoluta.
Hasta que una sombra apareció frente a la puerta.
Un golpe seco.
Luego otro.
Kagome, que estaba terminando de limpiar instrumentos, se sobresaltó.
—¿Quién…? —abrió la puerta apenas— ¡¿EH?!
Un hombre pequeño pero de presencia enorme cayó literalmente encima de ella.
—Tch… —gruñó él, apretando los dientes.
Su ropa estaba empapada de sangre. Tenía cortes profundos en la espalda y un agujero de bala en el costado.
Kagome, instinto puro, lo sostuvo entre sus brazos.
—¡Dios mío, estás sangrando demasiado! ¡Entrá, rápido!
El desconocido la miró con ojos oscuros como pozos sin fondo.
—No… toques… —dijo débil.
Kagome lo ignoró por completo y lo arrastró hacia la camilla.
—Si no te toco, te morís. Así que cállate un segundo.
Los ojos del hombre brillaron con una mezcla de sorpresa y molestia.
—Tch… insolente.
Kagome cortó su camisa sin preguntar y se encontró con una espalda cubierta de cicatrices.
—¿Qué te pasó…?
—Pelea —respondió simplemente—. Malo para otro. No para mí.
Kagome rodó los ojos.
—Claro, porque tenés una bala incrustada en el cuerpo por diversión.
Cuando hundió los dedos para extraer la bala, Feitan soltó un gruñido gutural.
—¿Cómo te llamás? —preguntó Kagome mientras trabajaba rápido.
—Feitan.
—Bueno, Feitan, hoy no te morís. No en mi clínica.
Sus manos se movían seguras, firmes. Feitan la observaba… demasiado.
Sus ojos afilados seguían cada movimiento como si analizara la estructura de su alma.
—No tenés miedo —murmuró él.
—Ya he visto cosas peores —respondió ella sin mirarlo—. Y además, si estuviera asustada, ¿quién te curaría?
Feitan frunció el ceño… o algo parecido.
—Raro. Muy raro —susurró.
Kagome logró sacar la bala de un tirón seco.
Feitan apretó la camilla, sus músculos tensos.
—¿Duele? —preguntó ella, lavando la herida.
—No. Pero vos… molestás —respondió él, aunque la voz se le quebró un poco.
Kagome se rió bajito.
—Si te molestara tanto, no hubieras venido a mi puerta.
Feitan estrechó los ojos.
—No fui yo. Mis piernas trajeron. Solas.
Kagome lo miró por primera vez en serio.
Él estaba pálido, exhausto… pero su mirada, esa mirada, ardía como un cuchillo caliente.
—Feitan —dijo ella, vendándolo con cuidado—. Terminé. Pero tenés que descansar.
Él se levantó de golpe, acercándose demasiado.
—No me gusta deber favores.
—No te estoy cobrando uno.
Feitan inclinó la cabeza, observándola con un interés que no sabía disimular.
—Lo sé. Y eso… me irrita.
—¿Por qué?
Sus labios formaron la sombra de una sonrisa siniestra.
—Porque quiero volver.
Kagome sintió un escalofrío.
De los peligrosos.
De los que hacían latir el corazón por razones equivocadas… o correctas.
—Feitan, esto no es un hotel.
—Lo sé —murmuró él, acercándose aún más, su rostro apenas a milímetros del de ella—.
Pero cuando alguien toca mis heridas… —su voz se volvió baja, casi sedosa— …me pertenece un rato.
Kagome retrocedió un paso, nerviosa pero sin perder firmeza.
—No soy tuya.
Feitan ladeó la cabeza.
—Todavía.
Se dio media vuelta, ya mucho más estable, y caminó hacia la puerta silenciosamente.
Antes de salir, añadió:
—Volveré.
Y cuando vuelva… aprendés a correr. O a esperarme.
La puerta se cerró con un ligero clic.
Kagome se quedó muda.
—¿Qué… demonios… fue eso?
Afura de la clínica, en la oscuridad, Feitan sonrió por primera vez en toda la noche.
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Kagome crossover
Fiksi PenggemarCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
