Kagome x Shanks

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El sol se reflejaba en el mar, y Kagome estaba mirando desde un acantilado, distraída con unas hierbas que había ido a recoger.
De repente, un gran barco rojo con velas negras se acercó rápidamente.

Antes de que pudiera reaccionar, un fuerte empujón la hizo perder el equilibrio… y cayó directamente en brazos de alguien que olía a sal y ron.

—¡Eh! —gritó Kagome, sorprendida—. ¿Qué… qué estás haciendo?

—Relájate, princesa —dijo una voz grave y confiada—. No pienso hacerte daño… demasiado —una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro.

Kagome levantó la vista y vio a Shanks, su parche en el ojo y su cabello rojo al viento, sosteniéndola con firmeza pero sin soltarla.

—¡¿Qué?! ¡¿Me estás secuestrando?! —gritó—. ¡Suelteme!

—Secuestro es una palabra muy fuerte —rió él, mientras la colocaba cuidadosamente sobre la cubierta del barco—. Digamos que… te estoy invitando a formar parte de mi nakama.

—¿Nakama? —preguntó Kagome, desconcertada—. ¡Yo no me meto en cosas de piratas!

Shanks se acercó, apoyando una mano sobre la baranda junto a ella.
—Oh, ya veo… eres del tipo que dice “no” antes de ver lo increíble que puede ser.
Pero… quiero que vengas conmigo. —Sus ojos brillaban con determinación y un toque travieso—.
No por obligación… sino porque me gustaría que formes parte de esto.

Kagome cruzó los brazos, mirando el mar furiosa pero intrigada.
—¡Y si no quiero ser parte de tu tripulación?

—Entonces tendré que convencerte —dijo Shanks, inclinándose un poco hacia ella, tan cerca que el aroma de su perfume y del mar la hizo estremecer—. Y créeme… soy bastante persuasivo.

Ella respiró hondo, intentando mantener la calma, pero su corazón empezaba a latir más rápido.
—Eres… imposible —murmuró, aunque no del todo molesta.

—Exacto —rió Shanks, con esa sonrisa que podía ser mortal y encantadora al mismo tiempo—.
Pero no te preocupes, Kagome. No pienso hacerte daño… salvo que no quieras divertirte conmigo y mi nakama.

Kagome suspiró, mirando el horizonte.
—Parece que… no hay forma de escapar de esto.

—Sabía que lo entenderías —dijo Shanks, inclinándose para susurrarle cerca del oído—. Y quién sabe… tal vez descubras que unirte a nosotros es más divertido de lo que imaginás.

Ella lo miró, entre sorprendida y nerviosa, mientras el barco avanzaba hacia el horizonte.
Y aunque intentara negarlo, una parte de ella empezaba a sentirse intrigada por aquel pirata travieso, audaz… y completamente encantador.

El sol se estaba ocultando sobre el horizonte, tiñendo el mar de naranja y rojo. Kagome estaba en la cubierta del barco, admirando la brisa marina cuando Shanks apareció a su lado.

—Hermosa puesta de sol, ¿no creés? —dijo él, inclinándose un poco hacia ella, su parche brillando con la luz del atardecer.

Kagome lo miró, sintiendo que su corazón latía más rápido.
—Sí… es… impresionante —murmuró, sin poder apartar la vista de sus ojos.

Shanks sonrió, apoyando su mano cerca de la de ella, dejándola apenas rozar sus dedos.
—Sabés… Kagome, me gusta tenerte cerca. —Su voz era suave y profunda—. Te confieso que… me haces sentir algo que no sentía hace mucho.

Antes de que pudiera inclinarse más, un fuerte golpe en la baranda interrumpió el momento: Benn Beckman apareció con un saco de provisiones.

—Shanks, tenemos que mover estos barriles ahora, rápido. —dijo con voz seria, ignorando completamente la tensión en la cubierta.

Shanks suspiró y le lanzó una mirada traviesa a Kagome.
—Siempre arruinando mi momento perfecto —murmuró, aunque su sonrisa no desapareció—. Vamos, tal vez después…

Kagome rodó los ojos, divertida, pero su corazón aún latía rápido.

Minutos después, Shanks intentó de nuevo acercarse mientras ella revisaba el mapa.
—Kagome… —dijo, inclinándose un poco—. Quisiera…

Un grito interrumpió la escena: Yasopp estaba detrás de ellos, balanceando su rifle.

—¡Shanks! Vení a ver esto, la tormenta se acerca por el este. —dijo, señalando el cielo con emoción.

Shanks se enderezó, conteniendo un bufido.
—Nunca me dejan un momento tranquilo… —susurró, con la mirada aún fija en Kagome.

Cada intento de Shanks de acercarse era interrumpido: Lucky Roo tropezaba con un barril, Rockstar gritaba algo sobre la cocina, y hasta Buggy pasó en el horizonte gritando desde otro barco.

Pero entre interrupción e interrupción, Kagome podía sentir la calidez de Shanks cuando sus manos se rozaban accidentalmente.
—Aun así… —murmuró ella, sonriendo—. Es… encantador de alguna manera.

Shanks la miró, inclinándose hacia ella una vez más.
—Kagome… algún día, cuando mi nakama me deje en paz… te prometo que esto será solo nuestro momento.

Ella rió suavemente, apoyando su cabeza en su hombro por un instante, sabiendo que aunque fuera frustrante, no cambiaría estar cerca de él por nada del mundo.

—Entonces esperaré ese momento, Shanks —dijo, con una sonrisa traviesa.
—Y yo, Kagome… —respondió él, inclinándose un poco más, justo antes de que otro grito interrumpiera la escena.

Kagome crossover Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora