Jiraiya

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Anime : Naruto
Pareja  : Kagome x  Jiraiya
Time : Jiraiya joven


La noche había caído sobre Konoha, y la brisa suave del viento soplaba entre los árboles. Kagome, después de una larga jornada buscando pistas sobre la perla de Shikon, decidió tomar un descanso en el puente cercano a la posada donde se alojaba. No esperaba que nadie la interrumpiera, pero cuando vio una figura acercándose entre las sombras, reconoció al legendario Jiraiya.

—¿No te cansas de aparecer cuando menos lo espero? —bromeó Kagome, girándose hacia él con una sonrisa, aunque su rostro mostraba un ligero rubor.

Jiraiya la observó con su típica sonrisa traviesa, acercándose sin apresurarse.

—No podía dejar que una chica tan encantadora estuviera sola en la oscuridad —respondió, su tono suave, pero cargado de una confianza inconfundible.

Kagome levantó una ceja, sintiendo una chispa de incomodidad y algo más bajo su piel. Aunque Jiraiya era un hombre mayor y muy experimentado, había algo en su actitud que la hacía sentir una extraña mezcla de fascinación y desconcierto.

—¿Y qué quieres, exactamente, Jiraiya? —preguntó, su tono un poco más desafiante, mientras cruzaba los brazos.

El maestro de los sapos sonrió de forma aún más pronunciada, acercándose un paso más.

—Solo quiero conocer un poco más de ti, Kagome —dijo, su voz ahora más grave y con un toque de picardía—. Me han hablado mucho de tu habilidad y tu valentía. Pero no hay nada como ver de cerca la energía de una mujer como tú.

Kagome sintió que la tensión en el aire aumentaba. La proximidad de Jiraiya, su mirada fija en ella, la hizo sentirse vulnerable, pero al mismo tiempo, algo dentro de ella se desató.

—No soy una chica cualquiera, Jiraiya —susurró ella, acercándose un poco, desafiándolo.

El ninja sonrió y, antes de que pudiera reaccionar, sus dedos rozaron su brazo, provocando un escalofrío en ella. El toque fue suave, pero cargado de intenciones no tan claras.

—Eso ya lo he notado —murmuró Jiraiya, sus ojos recorriéndola de arriba a abajo de una forma que, aunque discreta, era imposible de ignorar.

Kagome tragó saliva, sintiendo la electricidad en el aire entre ambos. Hubo una pausa, un momento suspendido en el tiempo. Podía sentir el deseo y la tensión entre ellos como una presión palpable.

—Eres muy audaz —dijo ella, su voz apenas un susurro.

—Solo lo suficiente —respondió él, acercándose aún más, hasta que su rostro estaba a solo unos centímetros del suyo.

El mundo alrededor parecía desvanecerse por un momento. Kagome cerró los ojos, sintiendo el calor de su aliento sobre su piel, el magnetismo de ese momento.

—Tienes algo en ti que… me atrae —murmuró Jiraiya, su tono suavizándose. —Algo que no puedo dejar de explorar.

Kagome no pudo evitarlo. En un impulso, su mano alcanzó la suya, y el contacto eléctrico los envolvió a ambos. La tensión había alcanzado su punto máximo, pero al igual que toda tensión, debía liberarse de alguna manera.

Jiraiya, siempre astuto, inclinó ligeramente la cabeza, dejando que ese espacio entre ellos se cerrara con una promesa tácita de que ambos sabían exactamente lo que estaba sucediendo, pero ninguno de los dos estaba dispuesto a dar el primer paso, al menos por ahora.

La noche seguía allí, pero en sus corazones, ya no había nada que decir. La historia de ese encuentro solo estaba comenzando.

La atmósfera seguía densa, cargada de una energía que ni Kagome ni Jiraiya podían ignorar. El murmullo del viento era la única interrupción entre ellos, como si el mundo hubiera ralentizado para darles espacio. Pero algo en la mirada de Kagome lo decía todo; estaba allí, dispuesta a explorar lo que esa conexión provocaba entre ellos.

Jiraiya, quien no solía mostrar su lado más vulnerable, se acercó aún más, lo suficiente como para que su respiración se mezclara con la de ella. Su mirada, aunque desafiante, se suavizó un poco al ver la firme determinación en los ojos de Kagome. Había algo en ella que lo atraía más allá de lo físico, algo profundo que no sabía cómo expresar.

—Tienes algo que me intriga… —dijo Jiraiya, sus ojos brillando con una mezcla de admiración y deseo—. Algo que me hace querer descubrir más.

Kagome, sintiendo la intensidad de sus palabras, soltó una risa suave. No podía negar que la situación la emocionaba de una forma extraña. Jiraiya, a pesar de su fama y su comportamiento bromista, le estaba mostrando una faceta que rara vez veía en otros.

—¿Es eso todo lo que quieres descubrir? —preguntó ella, desafiándolo de nuevo, su voz suave pero firme.

El ninja sonrió, un brillo travieso iluminando sus ojos. Su mano se deslizó hacia su cuello con delicadeza, como si cada movimiento estuviera cargado de una intención clara.

—No solo eso. —Le susurró cerca de la oreja, su aliento cálido provocándole un escalofrío a Kagome. —Quiero saber hasta dónde llega tu valentía, Kagome.

La proximidad de su cuerpo hizo que el pulso de Kagome se acelerara. No era solo la situación en sí, sino lo que provocaba en ella. Jiraiya era alguien que no temía al desafío, y ella, por alguna razón, también estaba dispuesta a aceptar el suyo.

—¿Y tú, Jiraiya? —susurró ella, sus ojos fijándose en sus labios—. ¿Te atreves?

Su desafío flotaba en el aire, y antes de que pudiera reaccionar, los labios de Jiraiya capturaron los de ella con una urgencia que desbordaba todo lo demás. El beso no fue tierno ni dulce; fue ardiente, como si ambos supieran que esta conexión, aunque momentánea, estaba destinada a marcar algo más que un simple encuentro.

Kagome se dejó llevar por el momento, sus manos buscando el calor de su pecho mientras él la mantenía firmemente contra él. El sonido de la noche, el viento entre las hojas, todo desapareció mientras el beso continuaba, intensificándose con cada segundo.

Finalmente, ambos se separaron, pero la electricidad que habían creado seguía flotando entre ellos. Jiraiya la miró con una expresión que combinaba satisfacción y anticipación.

—Eres peligrosa, Kagome —dijo, su voz cargada de deseo y respeto.

Kagome, aunque algo agitada, sonrió suavemente, consciente de que ambos sabían que, en algún punto, esto solo había sido el comienzo.

—Y tú eres el primero en admitirlo.

Ambos se quedaron en silencio un momento, sabiendo que cualquier cosa que dijeran ahora sería innecesaria. Ya no necesitaban palabras para comprender lo que sentían, pero el destino se encargaba de que cada encuentro entre ellos fuera más que solo una atracción física. A medida que el viento soplaba entre los árboles, ambos sabían que lo que estaba naciendo entre ellos no era algo que se pudiera negar.

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