“Hechizos, caricias y malas decisiones”
Una noche que no estaba en el guion… pero pasó igual.
Kagome no tenía idea cómo terminó ahí. Literalmente, ahí: en medio de un cuarto con velas flotantes, una cama tan grande que parecía un altar, y dos personas que la miraban como si fuera la presa más codiciada del continente.
—¿Seguro que esto es una reunión “estratégica”? —preguntó ella, acurrucada en una manta mágica que la envolvía sola.
Dark sonrió como si la respuesta obvia fuera sí.
—La estrategia es ver cuánto aguantas antes de rendirte a nuestros encantos.
Arshes se apoyó contra la pared, cruzando las piernas. Llevaba puesta una túnica suelta que dejaba poco a la imaginación, pero su mirada era de cazadora paciente.
—Yo sólo vine a asegurarme de que no la vuelvas loca. Pero… si resulta que Kagome necesita una mano extra… o dos…
Kagome casi se atraganta con el té.
—¡¿Perdón?! ¡Ni siquiera sé por qué estoy acá! ¡Estaba en mi templo y de pronto—!
——fuiste invocada mágicamente en un hechizo de seducción de alto nivel —completó Dark con una sonrisa de dientes brillantes—. Accidentalmente, claro…
—Esto es ilegal en muchos mundos —gruñó ella, pero no se movió cuando Arshes se sentó junto a ella y le acomodó el cabello detrás de la oreja, suave como una brisa.
—Podríamos dejar que decidas tú cómo termina esto —murmuró la media-elfa, sus dedos tocando apenas su mejilla—. No tiene que ser una pelea de egos. Podría ser una… colaboración.
Dark se sentó al otro lado, su brazo rozando la espalda de Kagome, el calor de su cuerpo invadiendo el espacio como una llama lenta.
—Imagina esto como un pacto temporal. Nos portamos bien… tú disfrutas… y nadie sale herido. Bueno, tal vez un poco adolorida mañana…
Kagome sintió el corazón latirle como si hubiera corrido tres maratones, pero no por miedo. Por adrenalina. Y porque, para su horror, una parte de ella no estaba corriendo.
—Esto sigue siendo raro. Muy raro —susurró.
Arshes bajó la cabeza hasta su cuello, sus labios apenas tocando su piel.
—Entonces digamos que es… una experiencia cultural.
—Con final opcional —añadió Dark, mientras pasaba un dedo por el lazo de la manta mágica que mantenía su ropa en su lugar—. Tú decides si lo dejamos ahí… o si escribimos un nuevo capítulo juntos.
Kagome cerró los ojos, tragando saliva. El ambiente estaba cargado. Pesado. Y muy, muy cálido.
¿Correr? ¿Gritar? ¿O simplemente ceder… por una noche?
El suspiro que escapó de sus labios fue la única respuesta que ambos necesitaron.
Y lo que pasó después, bueno… eso se quedará entre los gemidos encantados de la noche, las sábanas mágicas y el eco lejano de un hechizo que, definitivamente, no se enseñaba en ninguna escuela espiritual.
Las cosas estaban por subirse de tono. Demasiado. Kagome, atrapada entre la calidez del cuerpo de Arshes Nei y la sonrisa pecaminosa de Dark Schneider, había comenzado a aceptar su destino. O al menos a considerarlo seriamente.
Hasta que, en medio del suspiro más prometedor de la noche, un estruendo se escuchó en la habitación.
—¡¿QUÉ DEMONIOS ES ESTO?!
La puerta se deshizo como si la hubieran pateado con ira celestial. Y ahí estaba, brillando como un maldito faro de indignación divina…
Inuyasha.
Con los ojos abiertos como platos, el puño apretado y las orejas temblando de furia.
—¿¡KAGOME!? ¿¡QUÉ HACÉS CON… CON ÉSTOS!?
Kagome quedó congelada, literalmente a medio gesto de “desatar el lazo de la manta”. Arshes bajó la mano lentamente. Dark se recostó con calma, como si no pasara nada.
—¿Vos quién sos? —preguntó él, alzando una ceja.
—¡Soy su protector! ¡Su compañero! ¡Su... su…!
—¿Ex algo? —murmuró Arshes, apenas conteniendo una risa.
—¡TE VOY A METER ESE HECHIZO EN DONDE NO TE DA EL SOL, RUBIO DEMONIACO! —gruñó Inuyasha, sacando a medio camino su espada.
Kagome se cubrió más con la manta, roja de la vergüenza.
—¡¿Cómo me encontraste!?
—¡Shippo me mandó una carta espiritual! ¡Dijo que tu energía estaba “rara”! ¡Y AHORA LO ENTIENDO!
Dark estiró una pierna, sin perder su descaro.
—Mirá, orejitas, esto era un momento adulto consensuado. Si no sabés cómo se maneja eso, te recomiendo que salgas y busques un manual.
Arshes bufó.
—O por lo menos una pareja.
—¡Basta! —gritó Kagome, tomando aire—. ¡¡No estaba pasando nada!! …todavía.
El silencio fue absoluto. Inuyasha la miró como si se le hubiese caído el mundo.
—Kagome… ¿de verdad preferís a… ellos?
—No es un concurso —dijo ella—. Pero si lo fuera… ustedes ya perdieron. Y encima entraron sin tocar la puerta.
Inuyasha apretó los dientes… y se fue, murmurando algo sobre “perversión mágica” y “almas traicionadas”.
Cuando se cerró la puerta (esta vez mágicamente), Dark suspiró.
—Bueno, eso bajó un poco el fuego.
Arshes se recostó otra vez, mirando a Kagome con una sonrisa torcida.
—¿Decís que hay alguna chance de que vuelva a interrumpir?
Kagome levantó un dedo. Señaló la puerta.
—La próxima vez que alguien entre sin permiso, yo le voy a tirar un hechizo.
Y ahora sí, la noche volvió a ponerse muy, muy interesante.
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¿Te gustaría que Inuyasha vuelva con refuerzos (como Miroku, Sango… o hasta Sesshomaru celoso)? ¿O hacemos una tercera parte más picante y sin interrupciones?
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Kagome crossover
FanfictionCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
