kanon x kagome x saga

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Kagome había sido invitada al Santuario por Saori, para conocer a los Caballeros Dorados. Todo parecía tranquilo… hasta que entró en la habitación del Templo de Géminis para entregar unos documentos.

Y allí los encontró: Kanon y Saga, ambos con la típica sonrisa de gemelos traviesos… y ella atrapada entre los dos.

—Kagome… ¿qué haces aquí? —preguntó Kanon, con su tono dulce que parecía esconder un peligro.

—Solo traía los documentos de Saori —respondió ella, tratando de mantener la calma mientras notaba cómo Saga la observaba con intensidad.

Kanon se acercó, acortando la distancia.
—Siempre tan responsable… pero tú sabes que me gusta verte nerviosa.

Saga, al ver la escena, cruzó los brazos y sonrió maliciosamente.
—¡Y a mí también! ¿Quién diría que la humana podría causar tanta confusión?

Kagome dio un paso atrás y tropezó, cayendo de espaldas… directo sobre los brazos de Saga. Kanon reaccionó al instante, atrapándola por el otro lado.

—¡Cuidado! —gritó Kanon—. No quiero que se lastime.

—¡Yo tampoco! —dijo Saga, sonriendo con picardía—. Aunque no puedo negar que me gusta verla así… tan cerca.

Kagome se sonrojó, sintiendo la calidez de ambos gemelos alrededor de ella.
—¡Eh! ¡Suéltame! —protestó entre risas y nervios—. ¡No estoy acostumbrada a que dos hombres me sostengan al mismo tiempo!

Kanon inclinó la cabeza, sus ojos brillando con humor.
—¿Acaso estás celosa, Saga?

Saga rió suavemente.
—No… solo estoy disfrutando de la situación. Aunque debo admitir que Kanon tiene razón, Kagome… te ves adorable.

Kagome suspiró, exasperada pero divertida.
—¡Basta! Si Saori o los demás entran y me ven así… no quiero ni imaginar las historias que contarán.

Ambos gemelos la soltaron, pero siguieron a su lado, cada uno mostrando una sonrisa que mezclaba travesura y afecto.

—Bueno… —dijo Kanon, inclinándose hacia ella—. Esto no ha terminado, Kagome.

—Sí, todavía tengo algunas “sorpresas” planeadas —agregó Saga, sonriendo de oreja a oreja.

Kagome rodó los ojos, divertida y resignada. Estaba atrapada entre dos gemelos traviesos… y por alguna razón, no le desagradaba en absoluto.
Kagome no podía creer su suerte… o desgracia. Tras el “accidente” en el Templo de Géminis, ella había quedado sola con Kanon y Saga para revisar unos documentos “importantes”. O al menos eso decían ellos, pero la verdad era que los gemelos aprovechaban cualquier excusa para estar cerca.

Mientras Kagome revisaba unos pergaminos, Kanon se inclinó, acercando su rostro al suyo.

—No puedo dejar de mirarte… —susurró, con esa sonrisa que mezclaba ternura y picardía.

Saga, a su lado, no podía quedarse atrás:
—Y yo tampoco… aunque es frustrante compartir tu atención, hermana de mi alma gemela.

Kagome soltó un suspiro resignado y los empujó suavemente.
—¡Basta! ¡No puedo concentrarme así!

Pero justo en ese momento, Shaka del Virgo entró en el templo para entregar unos informes. Sus ojos se abrieron como platos al ver a Kagome… abrazada por Kanon y Saga, mientras ambos gemelos se inclinaban demasiado cerca de ella, como si el mundo se redujera a los tres.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Shaka con calma, pero con un aura que podía fulminar a cualquiera.

Kagome se sonrojó inmediatamente.
—¡No es lo que parece! —gritó—. ¡Solo estábamos revisando documentos!

Kanon sonrió, siempre tan travieso:
—Claro, Shaka. Revisábamos documentos… muy “íntimos”, ¿verdad, Saga?

Saga, sin perder la sonrisa, añadió:
—Por supuesto. Documentos que solo Kagome puede leer…

Shaka suspiró, cruzando los brazos, mientras los demás Caballeros Dorados y de Bronce comenzaban a llegar, atraídos por la conmoción. Los murmullos no se hicieron esperar.

—¡Kagome tiene novio! —susurró uno.
—¡Pero hay dos! —dijo otro, casi con horror.

Kagome, desesperada, levantó las manos:
—¡Por favor! ¡No me maten con sus suposiciones! ¡Estábamos trabajando!

Kanon y Saga intercambiaron una mirada cómplice y luego se inclinaron juntos hacia ella:
—Sí, claro… trabajando. Y si ellos no lo creen, no importa. Nosotros sabemos la verdad, ¿verdad, Kagome?

Kagome suspiró y, casi sin pensar, les respondió:
—Sí… lo sabemos. Pero por favor, no se lo digan a nadie más.

Los gemelos sonrieron, orgullosos de su “secreto compartido”. Mientras tanto, los demás se quedaron en silencio, confundidos, sorprendidos… y un poquito celosos.

Kagome rodó los ojos, entre divertida y avergonzada:
—¡Esto es un desastre!

Kanon susurró a Saga, para que solo Kagome escuchara:
—Nuestro desastre favorito.

Saga asintió, mientras Kagome sonreía, atrapada entre ellos, en medio de sus travesuras doradas y su propio corazón dividido.

Kagome crossover Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora