Jeff the Killer x Kagome

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La fría noche urbana contrastaba fuertemente con el aire boscoso al que Kagome estaba acostumbrada. Había sentido una perturbación, una oscuridad palpable que resonaba de manera extraña con las energías demoníacas que conocía, pero con un sabor diferente, más… humano y retorcido. Siguiendo ese rastro, se había encontrado en un callejón oscuro, iluminado solo por la mortecina luz de una farola parpadeante.
Allí estaba él. Alto y delgado, con piel blanca como la tiza y una sonrisa grotescamente tallada en sus mejillas, revelando dientes afilados. Sus ojos, oscuros y sin párpados, la miraban con una intensidad escalofriante. La sudadera blanca manchada de rojo completaba una imagen que helaría la sangre a cualquiera.
Kagome, aunque sorprendida por su apariencia, no retrocedió. Había enfrentado horrores mucho peores. Su mano se posó instintivamente en el arco invisible que a menudo extrañaba en este mundo.

—¿Quién eres?—preguntó Kagome, su voz firme a pesar de la inquietud que sentía.
La figura sonrió aún más, si eso era posible, y una risa aguda y desquiciada resonó en el callejón.

—Soy Jeff. Jeff the Killer. ¿Nunca has oído hablar de mí?—

Kagome negó con la cabeza.

—No. No creo que nuestras… leyendas se crucen—

Jeff inclinó la cabeza, sus ojos fijos en ella. —Una chica interesante. No pareces asustada. La mayoría grita.—

—He visto cosas peores— respondió Kagome con simpleza. —Siento una oscuridad a tu alrededor. ¿Eres… un demonio?—

La risa de Jeff volvió, más fuerte esta vez. —Un demonio… quizás a mi manera. Pero no del tipo que conoces, niña.—Se acercó lentamente, sus movimientos ágiles y silenciosos. —Yo solo… pongo a la gente a dormir—

Kagome sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar esa frase. Había algo terriblemente siniestro en la forma en que la decía.

—¿Por qué?—preguntó Kagome, tratando de entender la motivación detrás de esa oscuridad.
Jeff se detuvo a unos metros de ella, su sonrisa nunca abandonando su rostro

—Porque… me gusta. Porque la vida es aburrida. Y ver el miedo en sus ojos… es divertido—

Kagome sintió una punzada de tristeza al escuchar esas palabras. No veía maldad pura en sus ojos, sino algo roto, algo profundamente herido y retorcido.

—No tiene por qué ser así—
dijo Kagome suavemente.

Jeff ladeó la cabeza, como si estuviera considerando sus palabras por primera vez
—¿No tiene por qué ser así? ¿Qué sabes tú, niña? ¿Has visto lo que la gente hace? ¿La hipocresía? ¿La crueldad?"—

—Sí—respondió Kagome con firmeza. —He visto oscuridad en los corazones de humanos y demonios. Pero también he visto bondad, compasión y la capacidad de cambiar—
Jeff soltó una risita incrédula—¿Cambiar? La gente no cambia. Solo se esconden detrás de máscaras—

—No todos —replicó Kagome —Algunos luchan contra la oscuridad. Algunos buscan la luz—

Jeff la miró fijamente durante un largo momento, su sonrisa pareciendo vacilar ligeramente por primera vez. Había algo en la sinceridad de Kagome, en la calma de sus ojos, que parecía desconcertarlo.

—Eres diferente—murmuró finalmente. —¿Qué eres?—

—Soy Kagome—respondió ella simplemente. —Y creo que incluso en la oscuridad más profunda, siempre hay una chispa de esperanza—

Jeff se rió de nuevo, pero esta vez había menos burla y más… confusión en su tono.

—Esperanza… qué palabra tan patética—Se acercó un paso más, su mirada intensa— Muéstrame esa esperanza, Kagome. Muéstrame algo que me haga creer que no todo es oscuridad—

Kagome lo miró a los ojos, viendo más allá de la sonrisa tallada y la mirada fría. Vio el dolor, la soledad y la rabia que lo consumían.

—No puedo mostrarte nada que tú mismo no quieras ver— dijo Kagome—Pero puedo decirte que la oscuridad no tiene la última palabra— Siempre hay una elección—

Jeff se quedó en silencio durante un largo rato, su mirada fija en Kagome. La tensión en el callejón era palpable.

Parecía estar librando una batalla interna, luchando contra los demonios que lo atormentaban.

Finalmente, dio un paso atrás, su sonrisa volviendo a su forma habitual, aunque parecía un poco menos intensa.

—Eres una chica extraña, Kagome. Quizás… tengas razón. Quizás no todo sea oscuridad—

Se giró para marcharse, desapareciendo en las sombras de la noche tan rápido como había aparecido. Kagome se quedó allí, observando el lugar donde había estado, sintiendo el peso de su encuentro.

Sabía que no había cambiado a Jeff the Killer en una sola noche. Su oscuridad era profunda y arraigada. Pero tal vez, solo tal vez, había plantado una pequeña semilla de duda en su mente. Tal vez, la próxima vez que mirara al espejo, vería algo más que la locura reflejada en sus ojos.

Kagome suspiró y se dio la vuelta, sintiendo que la perturbación en el aire se había atenuado ligeramente. Su camino la llamaba de vuelta a su propio mundo, pero llevaría consigo el recuerdo de ese encuentro en el oscuro callejón y la esperanza de que, incluso para alguien como Jeff the Killer, la luz aún podría encontrar un camino.

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