El olor a carbón, tabaco de liar y pólvora húmeda llenaba el aire de Small Heath. Thomas Shelby estaba en su oficina privada, las persianas bajadas para ocultar la noche brumosa. Acababa de salir de un almacén donde había encontrado algo más que cajas de ron ilegal.
Kagome estaba sentada en un sofá de cuero, mirando la taza de té fuerte que Thomas le había ordenado que le dieran. Su miko (ropa de sacerdotisa), a pesar del viaje, parecía inmaculado.
Thomas se sentó frente a ella, encendiendo un cigarrillo con su habitual lentitud metódica. Sus ojos azules, llenos de la intensidad y el trauma de la guerra y el crimen, la estudiaban con una frustración palpable.
——No te encuentras en ningún registro. Tus ropas no son de ningún circo de gitanos que conozca, y ese arco parece un accesorio de teatro —Thomas exhaló el humo lentamente. —Pero me miraste a los ojos, Señorita Sacerdotisa, sin temblar. ¿Quién eres y qué negocio tienes en mi ciudad?
——Soy Kagome. Y su ciudad es... muy ruidosa. Es un lugar de mucha desesperación —respondió Kagome, con calma. Su visión espiritual le mostraba la oscuridad que rodeaba a Thomas, más densa que el humo de su cigarrillo: el trauma de las trincheras, el peso de sus pecados y el destino que sentía que no podía cambiar.
Thomas sonrió secamente. ——Aquí la gente hace lo que tiene que hacer para sobrevivir. Yo lo hago. Se llama Birmingham, no el Edén —Thomas se inclinó, su voz bajando a un susurro peligroso. —Dime la verdad, o mi hermano, Arthur, te hará hablar. Y él no es tan... paciente como yo.
Kagome se encontró con su mirada, sintiendo la necesidad de romper su control.
——Usted está maldito, Señor Shelby. No por nadie, sino por el miedo de que no puede escapar de lo que hizo en la guerra. Veo las sombras que lo persiguen. Usted cree que el destino es un trato cerrado —dijo Kagome, con una franqueza que hizo que Thomas se congelara con el cigarrillo a mitad de camino de su boca.
Nadie hablaba de sus fantasmas. Nadie.
——¿Qué sabes tú de maldiciones? —preguntó Thomas, su voz baja y tensa, soltando el cigarrillo en el cenicero.
——Yo cazo espíritus, demonios y maldiciones. Y sé que usted no es un hombre malvado, sino uno que ha tomado decisiones equivocadas para sobrevivir —Kagome se levantó y se acercó a él. Su presencia cálida era un contraste absoluto con la frialdad de su oficina. —Usted no está atado, Thomas. Hay otra forma. Puedo ver la luz en usted. Muy, muy oculta, pero está ahí.
Thomas se levantó de un salto, rompiendo la distancia entre ellos. La brusquedad era una advertencia.
——No me toques con tu "luz" —gruñó Thomas. Su mano se cerró con fuerza alrededor de su muñeca, pero no para lastimarla, sino para sostenerse.
Kagome no se inmutó.
——Necesita esa luz. Necesita la verdad, Thomas. Y sé cómo deshacer las ataduras que cree que el destino le ha impuesto —Kagome puso su mano libre sobre la mano de él. El reiryoku puro fluyó, calmando su temblor.
Thomas sintió un alivio fugaz, una paz que lo asustó. Se soltó de ella, retrocediendo un paso.
——Necesito un trago —dijo Thomas, girándose hacia el licor.
——Necesita dejar de usar el dolor como su única droga —replicó Kagome.
Thomas tomó su vaso, luego se giró para mirarla, una sonrisa lenta y peligrosa curvándose en sus labios.
——Está bien, Sacerdotisa. Tienes mi atención. Te quedarás. Pero si me mientes una sola vez, si arruinas mi negocio... te prometo que desearás estar de vuelta en tu "época feudal" —Thomas se acercó a ella, el whisky ardiendo en su aliento. —Ahora, muéstrame el poder que tienes. Y si es real, te mostraré cómo un Shelby hace negocios.
Kagome sonrió, aceptando el peligro con la calma de una guerrera.
——Trato hecho, Thomas Shelby. Pero recuerde: yo soy la única que puede limpiar esta ciudad —dijo Kagome.
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Kagome crossover
FanfictionCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
