La mansión estaba silenciosa, pero había un aire diferente.
Kagome había estado investigando un pergamino antiguo, cuando algo brilló en el reflejo del suelo pulido: los ojos de Sebastián eran rojos.
Su sonrisa ya no era solo elegante, sino inquietante.
—¿Qué pasa, señorita? —dijo él con su voz habitual, pero ahora más baja, más… intensa—. ¿Acaso algo te preocupa?
Kagome retrocedió un paso.
—¡Tus ojos!… Lo sé… sé lo que sos… —susurró, con el corazón latiendo a mil—. Eres un demonio.
Sebastián se inclinó hacia ella, apoyando una mano sobre la mesa, bloqueando cualquier escape.
—Mm… me alegra que lo hayas descubierto —dijo, su voz ronroneando, cargada de deseo y peligro—. Eso lo hace mucho más… divertido.
Kagome sintió cómo su poder espiritual comenzaba a vibrar dentro de ella.
Un calor intenso recorrió sus manos y su frente, el aire a su alrededor chispeaba con energía pura.
—No me subestimes… —dijo firme, mientras un aura brillante la rodeaba—. No soy débil.
Sebastián parpadeó, pero luego su sonrisa se ensanchó de manera peligrosa.
—Ah, me gusta cuando alguien pelea de verdad.
Pero… ahora me pertenecés aún más —susurró, sus ojos rojos brillando—.
Si eres tan fuerte… quiero probar hasta dónde podés resistirme.
Kagome alzó las manos, concentrando su energía, y una onda espiritual explotó a su alrededor, empujándolo hacia atrás unos pasos.
—¡No me toques! —gritó, mientras su aura crecía—. ¡No pienso ser tu juguete!
Sebastián rió, un sonido bajo, oscuro y fascinante.
—Juguete… hmm… puede que tengas razón —dijo, acercándose otra vez—. Pero no te engañes… lo que sea que huyas, siempre voy a encontrarte.
Y ahora que sé que sos más fuerte… eso me vuelve… insoportablemente obsesivo.
Kagome frunció el ceño, manteniendo la distancia mientras el poder de ambos hacía temblar la mansión.
—Si querés atraparme, vas a tener que ganármelo… —dijo, con el corazón latiendo a mil—. Porque no voy a dejar que me marques.
Sebastián inclinó la cabeza, y su sonrisa se volvió más yandere, peligrosa y seductora a la vez.
—Ganar… no es necesario —murmuró—. Ya me pertenecés… aunque aún no lo admitas.
Kagome sintió un escalofrío. Ese demonio, elegante y mortal, estaba completamente obsesionado con ella.
Y mientras ella se preparaba para escapar usando todo su poder espiritual, una cosa quedó clara: nunca sería tan simple dejarlo atrás.
—Esto… esto se va a poner interesante —susurró Sebastián, observando cómo Kagome desaparecía entre un destello de luz pura.
ESTÁS LEYENDO
Kagome crossover
FanfictionCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
