choso x Kagome

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El pozo la escupió en un Tokio nocturno que no reconocía del todo. Luces de neón parpadeaban sobre edificios altos, pero el aire estaba cargado de algo oscuro: energía maldita, como un youkai pero más… vacío. Kagome aterrizó de rodillas en un callejón abandonado, arco ya en mano, flecha lista.
No tuvo tiempo de orientarse. Una explosión cercana sacudió el suelo. Un hombre alto, cabello negro recogido en dos moños, marca negra en la nariz y ojos cansados pero intensos, apareció frente a ella. Vestía pantalones holgados y una túnica oscura, y de su mano brotaba sangre que se moldeaba en formas afiladas.
Choso la miró sin expresión, pero su postura era protectora, como si evaluara si ella era una amenaza o no.
—Aléjate —dijo con voz baja y monótona—. Esto no es tu pelea.
Kagome se puso de pie, ignorando el dolor en las rodillas.
—¿Quién eres? ¿Y qué es esa cosa? —Señaló la maldición deformada que se retorcía en la calle principal, un ser de múltiples brazos y ojos que absorbía almas.
Choso no respondió de inmediato. Solo extendió la mano y lanzó un chorro de Convergence: sangre comprimida que perforó el torso de la maldición. Pero no cayó. La cosa regeneraba demasiado rápido.
Kagome no esperó más. Corrió adelante, arco tensado.
—¡No te acerques! —gruñó Choso, pero ella ya disparaba.
La flecha sagrada brilló rosa intenso al impactar. No destruyó la maldición como haría con un youkai, pero la energía purificadora la hizo retroceder chillando, quemando su esencia maldita. Por primera vez en mucho tiempo, Choso sintió algo parecido a la sorpresa.
La maldición contraatacó, lanzando tentáculos hacia Kagome. Choso se movió como un borrón: se interpuso, usando su Blood Manipulation para crear un escudo de sangre que bloqueó el ataque. El impacto lo empujó hacia atrás, pero no cedió.
—¿Por qué te metes? —preguntó, jadeando ligeramente, sin mirarla—. No eres una hechicera.
—Porque no puedo quedarme mirando cuando alguien está en peligro —respondió Kagome, preparando otra flecha—. Y tú… estás protegiendo algo, ¿verdad? Lo siento en tu energía. No eres malo.
Choso la miró por primera vez de verdad. Esos ojos azules eran claros, sin miedo, sin juicio. Solo… comprensión. Algo que nadie le había dado desde que despertó en este mundo.
La maldición cargó de nuevo. Juntos actuaron en sincronía instintiva: Kagome disparó flechas que debilitaban y purificaban, Choso usaba su sangre para rematar, cortando y aplastando. Cuando la cosa finalmente se disolvió en humo negro, ambos quedaron en silencio, respirando agitados bajo la lluvia que empezaba a caer.
Choso bajó la mano, la sangre regresando a su cuerpo. Se giró hacia ella, expresión aún neutral, pero había un leve temblor en su voz.
—Tu poder… limpia. No destruye por odio. ¿Por qué ayudar a un maldito como yo?
Kagome bajó el arco, sonriendo suavemente pese al cansancio.
—Porque vi cómo protegiste a esa gente que huía. Tienes familia, ¿verdad? Alguien por quien pelearías hasta el final. Yo también. Sé lo que es eso.
Choso se quedó quieto. Por un segundo, sus ojos se suavizaron. Recordó a Yuji, a sus hermanos perdidos. El peso de la lealtad eterna.
—No tengo… mucho que ofrecer —murmuró—. Solo sangre y venganza. Pero si el pozo te trajo aquí… quizás sea para recordarme que no todo es maldición.
Kagome se acercó un paso, sin miedo. Extendió la mano, tocando suavemente su brazo. La marca en su rostro parecía menos amenazante bajo la luz tenue.
—No necesitas ofrecer nada. Solo… no estés solo. Si quieres, puedo ayudarte a encontrar a quien proteges. O solo quedarme un rato, hasta que el pozo me llame de vuelta.
Choso miró su mano. Era cálida. Humana. Sagrada. Algo que nunca había sentido.
—No soy bueno con las palabras —dijo al fin, voz baja—. Pero… gracias. Kagome, ¿verdad?
Ella asintió, sonriendo más amplio.
—Y tú eres…?
—Choso. —Hizo una pausa—. Si te quedas… te protegeré. Como a un hermano.
Kagome rio suavemente.
—No como a un hermano. Como a un amigo. O… lo que sea que surja.
Bajo la lluvia de Tokio, dos almas rotas de mundos diferentes se quedaron allí, hombro con hombro. El pozo podía esperar. Por ahora, había algo más importante: una conexión que no necesitaba explicaciones, solo presencia.

Kagome crossover Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora