El Palacio Real de la Nación del Fuego era un hervidero de tensión. No por una invasión, ni por una amenaza de la Tribu Agua, sino por algo mucho más personal y explosivo: el nacimiento del primer hijo del Señor del Fuego Zuko y su esposa, Kagome.
En un salón contiguo a la cámara de parto, Zuko caminaba de un lado a otro, con el rostro más atormentado que cuando se enfrentaba a Ozai. Su mano se apretaba alrededor de un pequeño amuleto de jade, regalo de Kagome.
"¿Por qué tarda tanto?" gruñó, pasándose una mano por el cabello. "¡Esto es insoportable! ¡Kagome está ahí dentro, sola, y yo no puedo hacer nada!"
Aang, el Avatar, intentaba meditar en un rincón, pero el ritmo frenético de Zuko lo ponía nervioso. Katara, con sus habilidades curativas, estaba dentro con Kagome, pero había salido brevemente para buscar una infusión especial.
"Zuko, cálmate," dijo Katara con una mezcla de cansancio y exasperación. "Es un parto. Llevas siete horas caminando así. Kagome está bien, es fuerte."
"¡Fuerte sí, pero no está aquí para golpearme por no estar a su lado!" exclamó Zuko. "¡Ella me advirtió! Me dijo que si la dejaba sola en esto, la Perla de Shikon me castigaría y ella me castigaría doblemente!"
Aang abrió un ojo. "¿La Perla de Shikon?"
Katara suspiró. "Es la joya mística de su mundo. Dice que le da una energía espiritual increíble y que tiene una conexión con el destino. Y Zuko la ha 'ofendido' varias veces. Kagome es... muy particular con eso."
En ese momento, un grito agudo y familiar resonó desde la cámara de parto. Pero no era de dolor, sino de furia.
"¡¡ZUKO!! ¡¡MALDITO SEÑOR DEL FUEGO COBARDE!! ¡¡TE VOY A MATAR CUANDO TERMINE ESTO!! ¡¡POR QUÉ NO ESTÁS AQUÍ, MALNACIDO!! ¡¡TE LO ADVERTI!!"
Zuko se encogió. El grito de Kagome era más aterrador que cualquier rugido de dragón.
"¡Lo sabía! ¡Lo sabía!" gimió, su mano temblaba.
Aang y Katara intercambiaron miradas, tratando de contener la risa que amenazaba con escapar.
De repente, la puerta se abrió de golpe. Una doncella con el pelo desgreñado y los ojos muy abiertos salió corriendo. "¡Señora Katara! ¡La maestra Kagome está... ¡dando a luz! ¡Y está muy enojada!"
Justo cuando Katara se disponía a entrar de nuevo, se escuchó un llanto. El llanto de un bebé.
Zuko palideció, luego un brillo de esperanza iluminó su rostro. "¡El bebé! ¡Nació!"
Antes de que pudiera dar un paso, la puerta se abrió de nuevo, y allí estaba Kagome. Su cabello estaba pegado a su frente, su rostro enrojecido y sudoroso, pero sus ojos brillaban con una intensidad formidable. Y en una mano, no tenía un arco, sino... una chancla. Una chancla de madera, grande y ruidosa.
"¡TÚ!" gritó, señalando a Zuko con el arma.
Zuko tragó saliva. "¡Kagome, mi amor! ¡Felicidades! ¡Soy padre!" Intentó acercarse, con una sonrisa forzada.
"¿Mi amor? ¿Felicidades?" Kagome avanzó, cojeando un poco, pero con una determinación implacable. "¡Tú, imbécil con cicatriz! ¡Me dejaste sola! ¡Te juro que oí a la Perla reírse de mí porque no estabas aquí! ¡Y tú, Zuko, ¡tú te atreviste a desafiar a una miko en trabajo de parto!"
Con un movimiento sorprendentemente rápido, Kagome lanzó la chancla.
¡CLACK!
La chancla golpeó a Zuko directamente en la frente con un sonido seco. Zuko se tambaleó hacia atrás, cubriéndose la cabeza.
"¡Ay! ¡Kagome!"
Aang y Katara, que habían estado luchando por contenerse, finalmente estallaron en carcajadas. Se doblaron de la risa, Aang incluso rodando por el suelo, mientras Katara se apoyaba en una pared, con lágrimas en los ojos.
"¡Te lo merecías, Zuko!" gritó Katara entre risas.
Kagome resopló, cruzándose de brazos, aunque una pequeña sonrisa ya se formaba en sus labios. "¡Eso es por ser un cobarde! Ahora, ven aquí, príncipe del fuego, ¡porque hay alguien que quiere conocerte!"
Se volvió y, con una mirada en los ojos de Katara que decía "no digas nada", entró de nuevo en la cámara de parto.
Zuko, con una marca roja en la frente, se frotó. Miró a Aang y Katara, que todavía se reían.
"¡No es gracioso!" protestó, pero su voz sonaba un poco temblorosa. "¡Es la ira de una madre! ¡Y la Perla! ¡Nunca subestimen el poder de una miko japonesa, ni el poder de una chancla!"
Aang se secó una lágrima. "¡Creo que es lo más divertido que he visto en años, Zuko! ¡Felicidades, papá chancla!"
Katara se recompuso, aún sonriendo. "Vamos, Zuko. Es hora de conocer a tu bebé. Y asegúrate de disculparte por haberte atrevido a respirar sin su permiso."
Zuko suspiró, pero una genuina sonrisa apareció en su rostro. A pesar del golpe, la felicidad de ser padre superaba cualquier dolor. Entró tímidamente en la cámara de parto, donde Kagome, ahora más tranquila y radiante, sostenía un pequeño bulto en sus brazos.
"Mira, Zuko," dijo Kagome, con la voz suave. "Es nuestra hija."
Zuko se acercó y miró a la pequeña. Tenía una mata de cabello oscuro y unos ojos que parecían tener el brillo de su madre. Una lágrima rodó por su mejilla.
"Es... es hermosa," susurró.
Kagome le dio una mirada severa. "Más te vale que la protejas con tu vida, Señor del Fuego. Y que nunca olvides quién es su madre. Porque si algo le pasa, la próxima chancla será de fuego."
Zuko asintió vigorosamente, sabiendo que su vida acababa de volverse mucho más caótica, pero infinitamente más completa.
Aang y Katara, que se habían asomado por la puerta, se miraron. La Nación del Fuego tenía una nueva princesa, y el mundo, una nueva protectora. Y Zuko, bueno, Zuko tenía una esposa que le recordaría constantemente quién mandaba. Y no era el Señor del Fuego.
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Kagome crossover
FanfictionCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
