XLIV. El camino correcto

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A causa del regreso de Nakia y Finn, los ánimos de celebración se encendieron en la Academia. Nadie sabía los motivos por los que ellos no habían estado esos días, pero todos parecían dispuestos a festejar.

Poe iba por el pasillo reclamándole a Rey en voz baja que la misión de Finn no había tenido ni pies ni cabeza, pero llegó un punto en el que se contagió del ambiente del lugar y terminó distrayéndose con otros asuntos.

La cena habitual fue mucho más temprano que otros días y la sobremesa se alargó por casi dos horas. Cuando Leda se llevó a los más pequeños a dormir, Ben y Rey decidieron que era un buen momento para retirarse, por lo que se levantaron de la mesa, despidiéndose de todos.

Ben se acercó a Maz, diciéndole alguna cosa fugaz en el oído, que Rey no alcanzaría a escuchar. Él la cogió de la mano e inmediatamente ella se tensó, pero entrelazó sus dedos de todas formas, saliendo así de la Academia.

Cuando llegaron a la cabaña, ella lo tomó sorpresivamente del cuello para besarlo, mientras que con la otra mano, metía sus dedos en el borde de su pantalón, para guiarlo al dormitorio. Una vez ahí, Rey lo empujó con suavidad hacia la cama, para poder sentarse sobre sus piernas.

- Ehh... ¿Rey? – Dijo él inquieto mientras ella besaba su cuello - ¿Recuerdas que te dije que tenía que hacer cosas importantes antes del viaje a Kessel?

- Mmm, si – Contestó ella sin separarse de su piel – Y no quisiste decirme de que se trataba

- ¿Y si te digo que ahora puedo contarte? – Dijo Ben haciendo un esfuerzo en concentrarse, puesto que Rey ahora jugueteaba en su oreja

- Te escucho – Dijo ella, pero lo besó en los labios sin dejarlo hablar, mientras lo empujaba por los hombros para dejarlo acostado de espaldas.

Ben se dejó llevar un rato por la insistencia de ella, deleitándose en sus labios y tomándola firmemente por los glúteos, para luego subir acariciándola lentamente por su espalda, hombros y brazos. Sin previo aviso, giró a Rey y la atrapó por las muñecas, sentándose encima, pero sin cargar su peso.

- ¿Me dejarás contarte? – Le dijo él observándola a los ojos

Rey resopló con una sonrisa de falso fastidio a causa del inesperado movimiento que Ben había hecho y que lo alejaba de su boca, sin embargo movió un poco sus caderas debajo de él, haciéndolo rodar los ojos

- Estas muy inquieta hoy – Le dijo con una sonrisa divertida – Rey... ¿podrías?

- De acuerdo – Dijo ella quedándose quieta y resignándose por el momento – Tienes mi atención

- Bien... es solo... que... Tengo una sorpresa para ti - Dijo Ben poniéndose serio y pareciendo particularmente nervioso - Pero tendremos que levantarnos en la madrugada, si quieres saber lo que es

Ella lo observó curiosa y abrió la boca con la intención de preguntarle algún detalle adicional, pero notó que él se mordía el labio, como si analizara profundamente algo, por lo que reculó de sus intenciones y solo le asintió con una sonrisa, sin cuestionarlo. Él le devolvió el gesto y esta vez sí se dejó llevar por aquel deseo que había estado intentando reprimir

Un par de horas después, Ben apenas si había podido conciliar el sueño y la última vez que se despertó en medio de la noche decidió levantarse definitivamente. Se duchó con rapidez y se vistió, mientras pensaba en que no se le fuera a olvidar nada importante. Buscó algunas cosas en la sala de comunicaciones de la cabaña y las guardó en una mochila, junto con algo envuelto en un género blanco que se metió en el bolsillo de la chaqueta.

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