LXIV. Discretos

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La ansiedad por el inminente viaje les pasó la cuenta a todos quienes estaban en la cabaña y aunque aún faltaba por lo menos un día para partir, sus sueños parecían intermitentes o poco reparadores.

Ben y Rey durmieron aferrados el uno al otro, inconscientemente tensos por la situación. Los gemelos despertaban cada dos horas, Nakia tenía pesadillas y Kadet caminaba con insomnio por la habitación subterránea, acercándose en varias ocasiones a ella, para arroparla y acariciarle el cabello para calmar su sueño con el mayor sigilo y disimulo posible.

El mal dormir fue evidente en el rostro de todos a la mañana siguiente, por lo que Rey, dándose cuenta de la situación, quiso adelantar las cosas para que en la tarde tuvieran tiempo de descansar y relajarse. Establecieron la ruta de viaje, calcularon provisiones, armamento e insumos variados, yéndose con todas las cosas hacia los hangares para comenzar a cargar las demás naves, mientras Ben, Jayden y Heyden se alzaban en vuelo con el "Biarmicus"

Cuando regresaron, casi tres horas más tarde, informaron a los demás que estaban plenamente satisfechos con su funcionamiento, lo que generó un enorme alivio colectivo. Guardaron lo que faltaba y volvieron a la cabaña con un hambre voraz, a causa de la hora.

Cocinaron, comieron y Rey les dio completa libertad de acción por lo que quedaba del día. Los gemelos se quedaron en el comedor de la habitación releyendo los planos de la nave que conducirían mañana, completamente absortos en ellos, entretenidos y emocionados al saber que ya marchaba a la perfección.

Nakia y Kadet se sentaron a conversar tranquilamente en el espacio de la fogata, a las afueras de la cabaña para disfrutar del aire libre y la suave brisa que los rodeaba.

Rey quería volver a revisar algunos detalles del viaje, pero Ben la convenció de que salieran a caminar por el bosque. Se llevaron algo para comer y recorrieron de la mano la ruta más larga que conocían para ir al claro, prestando muchísima atención a su entorno, como si quisieran guardar en su memoria la mayor cantidad de recuerdos de aquel lugar.

Entre las sombras de los árboles, Ben se detuvo para besarla con pasión, logrando ambos olvidarse de las preocupaciones que los aquejaban.

Una vez que llegaron al claro, se descalzaron para disfrutar del pasto, mientras ella se sentaba a la orilla de la vertiente, dejando que él acomodara la cabeza en sus piernas

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Una vez que llegaron al claro, se descalzaron para disfrutar del pasto, mientras ella se sentaba a la orilla de la vertiente, dejando que él acomodara la cabeza en sus piernas. Jugó con su cabello tranquilamente y disfrutó al verlo cerrar los ojos con una sonrisa.

- Podría trazar un mapa de la galaxia con tus lunares – Dijo Rey casi en un susurro, mientras recorría con sus dedos cada uno de ellos

- ¿Y dónde te llevaría? – Preguntó él

- A ser feliz - Respondió

Ben abrió la boca para decir algo, pero no supo qué, sonriendo abochornado por el piropo que ella le había regalado

Descansaron un buen rato en esa posición, dejando que los aromas y el sonido los relajara completamente. Decidieron sumergir sus pies en el agua, por lo que él se sentó tras de Rey con las piernas abiertas para poder abrazarla. Se besaron con dulzura, saboreando cada sensación, hasta que el hambre reclamó. Comieron con calma, apreciando cómo el crepúsculo binario desaparecía por completo.

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