22

1K 135 44
                                        

Gustabo

Recuerdo que esa misma mañana tuvimos que quemar el cuerpo para no dejar rastro de aquel joven. ¿Por qué se suicido? me pregunté, pero ya daba igual, después de todo nadie lo sabía ni tampoco se lo podíamos preguntar...

- ¡Oye Gustabo!, ¿me estas escuchando? - dijo Horacio sacándome de mis pensamientos.

- ¡Claro! - le respondí, aunque sinceramente no tenía ni idea de lo que me había contado - ¿Cuánto más van a tardar? - pregunté cansado.

Llevábamos más de media hora esperando fuera del banco que se encontraba enfrente de la playa por unos gilipollas que no se aclaraban con los putos rehenes.

- Seguramente un buen rato, a un rehén le acaba de dar un ataque de panico y no saben que hacer... - me respondió mientras se sentaba en el suelo apoyándose en un muro.

Nos quedamos un buen rato en silencio, cada uno atrapado en nuestros pensamientos, hasta que a Horacio se le ocurrió algo.

- Me apuesto 20 pavos a que corro más rápido que tu - dijo levantándose de un salto.

- ¿Una carrera de mierda?, paso - le respondí desganado.

- No es una carrera cualquiera, ya lo verás - dijo extendiéndome la mano para ayudarme a levantarme.

A desgana acepté y le agarre de la mano para levantarme. Ya de pie Horacio me guió hasta la playa en la que haríamos la carrera.

- ¿Bueno y que era eso tan "especial" de la carrera? - le pregunté haciendo el gesto de las comillas con mis dedos.

Vi como se agachaba, me puso una esposa en el tobillo izquierdo y la otra esposa se la colocó él en el tobillo derecho.

- ¡Que coño haces! -

- El primero que caiga al suelo pierde -

- Vaya ideas que tienes - dije entre risas.

Buscamos un palo y hicimos una línea para colocarnos detrás de ella.

3...

2...

1...

¡Ya!

Empezamos a correr, al principio Horacio iba un poco más adelantado que yo, pero le acabé alcanzando quedando a su misma altura. Las esposas impedían que nos separáramos mucho, más bien era un trabajo en equipo que una carrera. Todo iba bien hasta que Horacio tropezó y cayó al suelo, cuando me di cuenta las esposas me frenaron haciendo que cayera al suelo al igual que Horacio.

- ¡Puaj!, que asco, he tragado un poco de arena - aquel comentario que soltó Horacio provocó que me empezara a reír sin parar.

- jajaja, bueno... vamos a quitarnos esto - dije señalando las esposas. Horacio empezó a buscar la llave entre sus bolsillos sin mucho éxito.

- Esto te va a hacer gracia, pero creo que he perdido la llave - dijo mientras reía sarcásticamente.

- ¡ YO TE MATO ! - dije tirándome encima suya.

Horacio pudo agarrar mis manos a tiempo antes de que pudiera hacerle algo.

- ¡Tu accediste a esto! -

Estuvimos un buen rato forcejeando hasta que alguien nos separó.

- ¿Qué coño hacéis aquí, os estábamos buscando?, ¿Por qué estáis esposados? - dijo Greco esto último a carcajadas.

- ¡Nos esposamos por una puta apuesta y Horacio perdió la llave! - dejé tirándome a la arena rendido.

- Super los he encontrado en la playa, pero tienen un pequeño problema - dijo Greco como pudo por radio, no paraba de reírse y me estaba poniendo nervioso.

- ¡No es gracioso! - le grite indignado.

- Lo gracioso va a ser ver la cara de el superintendente, ya estaba echando humo cuando desaparecisteis, no quiero imaginar como se va a poner cuando os vea -

A lo lejos vi a un hombre vestido de traje acercándose a nosotros.

- No me jodas... - suspiró Horacio.


- Hola papu - salude cuando esté estaba enfrente nuestra.

- ¡NI PAPU NI HOSTIAS, ME TENÉIS HASTA LOS PUTOS COJONES, NO SOIS UNOS PUTOS CRIOS PARA ESTAR AQUÍ JUGANDO CON LAS PUTAS ESPOSAS DE MIERDA, QUITAROS ESA PUTA MIERDA YA! - nos gritó.

Mire a Horacio buscando forma de escaquearme pero no había manera, era muy obvio lo que había pasado.

- Eh... super... Horacio... -

- Eh perdido las llaves - dijo lo más rápido que pudo Horacio y al instante cerró los ojos.

- ME VOY A CAGAR EN VUESTRA PUTISIMA MADRE Y EN TODA VUESTRA PUTA FAMILIA - dijo agarrándome de mi brazo derecho.

- ¡Greco coge a Horacio, vamos a llevarlos al patrulla! - dijo Jack.

Cuando llegamos al patrulla nos ayudaron a entrar y ahí nos quedamos todo el atraco hasta la vuelta a comisaría.


Cuando ya llegamos a esta salimos del patrulla. El superintendente y Greco nos estaban ayudando a subir las escaleras para entrar a comisaría. Todos los allí presentes nos miraban extrañados. Todo iba bien hasta que me tropecé con un escalón y caí.

— Jajajaja- ¡AHHH! — río Horacio, pero cuando las esposas tiraron de el haciendo que cayera conmigo empezó a gritar.

Horacio cayó encima de mí aplastándome contra el suelo.

Greco empezó a reírse, pero al notar la mirada de Jack decidió bajar y ayudarnos.

- ¿Estáis bien? - nos preguntó.

- Si, menos mal - le respondió Horacio.

- No... - respondí cuando Horacio se levantó dejándome respirar.

Entre varios agentes me levantaron y mire al frente.

- ¿Por qué veo rojo por un ojo? - pregunté. Mire desconcertado hacia Greco que era el que me sostenía.

- Hostia - respondió al ver que me hice una herida justo en la cicatriz que tenía haciendo que se me manchara el ojo completamente de sangre.

Por fin conseguimos entrar y nos sentaron en las sillas que se encontraban en recepción. Al rato vi a Jack acercándose con una sierra eléctrica.

- Primero las esposas, luego te miraremos el ojo - dijo el superintendente señalándome.

Horacio y yo asentimos. El súper acercó la sierra al tobillo de Horacio.

- Os debería de cortar el pie por lo habéis hecho - dijo Jack totalmente serio, tan serio que nunca se me hubiera pasado por la cabeza que era una coña.

Horacio tras oír aquellas palabras se desmayó.

En menos de 3 min Jack nos había quitado las esposas y estaban intentando despertar a Horacio. Yo me tapaba un ojo seguido del otro continuamente mientras miraba a la gente que paseaba por la calle. Igual no está tan mal esto de ver rojo, pero ese pensamiento cambió cuando me cayó una gota de sangre en la mano, mire al suelo y vi un pequeño charco.

Horacio despertó y nada más hacerlo me señaló mientras temblaba mirándome con miedo. Todos se giraron a verme y vieron toda aquella sangre que había caído de la herida.

- ¡Vamos al puto hospital ya! - dijo el superintendente tirando de mi brazo dirección al patrulla, Greco y Horacio le siguieron.

¿Gustabo o Pogo?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora