Cap.4 "Tenemos que seguir a Reynaldo".

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La fiesta terminó alrededor de las seis de la mañana cuando todos volvimos a dormir. Había decidido tomar un poco de cerveza para dormir ni bien apoyara la cabeza en la almohada. Y así fue. Bastian e Irina nos llevaron al edifico y nos dejaron allí. Recuerdo que subimos por el ascensor, me quité la ropa y me quedé dormida a los pocos segundos.

Nathan me despertó a las once del mediodía. Me preguntó si quería dormir un rato más pero no me podía dar ese lujo, no si dentro de pocas horas iba a estar viajando en el tiempo. Después de una ducha, un almuerzo y una caminata hasta el bosque, ya estábamos todos allí.

Era un día soleado, no demasiado pero más de lo que el cielo de Hills Town acostumbraba. Agradecía que no hiciese mucho frío porque ya me había acostumbrado al clima de San Francisco. Sin embargo, estar en el mismo lugar que donde el ritual se llevó a cabo hacía más de un año atrás, me daba algo de escalofríos.

Irina se rascaba el brazo, nerviosa de la situación. Cato leía un libro de magia que seguro era de Elías. Noel observaba el cristal como si quisiera leer algo en él. Nathan observaba su reloj, suponía que revisando que estuviese en hora. Augusto y Ulises iban llegando junto a Tessa. Solté un suspiro al ver que estábamos todos.

—¿Dónde está Reni? —le preguntó Irina a Augusto, pues ella no venía de la casa de Bernarda.

—Bernarda se la llevó a ella y a Jade a almorzar. No quería que notaran nuestra ausencia —explicó con una mueca. Ella asintió con la cabeza al mismo tiempo que yo.

Bernarda no había permitido que Renata y Jade volvieran con nosotros y todos lo entendíamos por completo. Ya era sorprendente que nos dejara a nosotros. Pero ella tenía razón, ya ninguno era menor de edad así que estábamos en la libertad de tomar nuestras propias decisiones.

Ya les había explicado a todos lo que Elías me dijo así que todos ya estaban al tanto de eso.

—Alison, tú toma el cristal —habló Cato entregándomelo.

Subí la cabeza para mirarlo con los ojos abiertos. Me giré a Nathan, a Irina que se encogió de hombros y luego a Cato otra vez.

—¿Y yo por qué? —pregunté sin entender por qué me daba el peso de la responsabilidad a mi.

—Porque Elías habló contigo y te explicó a ti como viajar —se excusó.

—Además eres la que mejor memoria tiene. Confiamos en que recuerdas bien el día del ritual —agregó Noel.

¿Cómo olvidarlo? Me sentía del asco, me dolía el cuerpo, estaba en un pozo depresivo y no había ingerido nada sólido. Por supuesto que recordaba bien el día del ritual.

—Pero...

Me giré a Nathan, casi en forma de queja pero él hizo una mueca, estando de acuerdo con su hermano. Augusto a su lado también miró el suelo cuando mis ojos dieron con él, también estando de acuerdo.

—Bien —me resigné sin salida, suspirando sonoramente.

—Vamos, tómense de las manos —casi susurró Nathan.

Todos en ronda nos tomamos de las manos, igual que cuando Noel nos tele-transportaba a algún lugar.

—Dios, se siente tan extraño hacer esto y que no sea para tele-transportarlos —acotó Noel observando el centro de la ronda con la mirada perdida.

Controversia (Saga completa)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora