Capítulo 59. De vuelta a la ciudad.

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No dormí nada.

O bueno, supongo que dormí un par de horas, pero se sintió como nada.

Hace un rato me despertó una pesadilla y ya no pude conciliar el sueño otra vez. Soñé que despertaba y Joaquín había desaparecido de nuevo, que una vez más me era imposible encontrarlo. Verlo y sentirlo a mi lado cuando me desperté sobresaltado me ayudó a tranquilizarme, pero no a conseguir dormirme otra vez.

Por suerte no lo desperté a él también.

Alcanzo mi celular para ver la hora y veo que faltan veinticinco minutos para las cuatro de la mañana, y por tanto para que suene la alarma que puse. La desactivo de una vez, no hay posibilidades de que me quede dormido en los próximos minutos, así que no será necesaria. Suspiro y dejo el teléfono a un lado.

Joaquín se remueve en la cama y noto que entreabre sus ojos. Sonríe cuando me ve y no puedo evitar devolverle la sonrisa.

—Entonces no fue un sueño, sí estás aquí —murmura soñoliento.

—Sí, aquí estoy —susurro.

—¿Ya es hora de levantarnos? —me pregunta entre bostezos.

—Es un ratito —le digo—. Ahorita te aviso cuando ya.

—Suenas muy despierto —me dice. Entra bastante luz de luna por la ventana y me permite distinguir que frunce el ceño—. ¿Dormiste algo?

—Un rato —respondo. Joaco no parece convencido de mi respuesta—. Como dos horas, a lo mucho —me sincero—. Tuve un mal sueño y ya no me pude dormir otra vez.

—¿Qué soñaste?

—No me acuerdo. —Joaquín no me responde nada, pero lo noto hacer una pequeña mueca que me deja en claro que sabe que estoy mintiendo—. Soñé... —suelto un suspiro— soñé que de nuevo desaparecías, que despertaba y no estabas y no podía encontrarte por ningún lado. —Su brazo me rodea con fuerza por la cintura—. Supongo que todo la angustia y estrés de estos últimos días aún no se acaban de ir, al menos no de mi subconsciente.

—Perdón por haberme ido así —susurra.

—Mi amor, nada de esto fue tu culpa.

—Lo sé, pero... yo lo último que quería era que tú estuvieras mal —me dice—. Pero estaba muy asustado para pensar en que podíamos hacer las cosas de otra manera, aunque una vez que estuve aquí me di cuenta de que había otras opciones...

—Eso ya pasó, amor —lo interrumpo, pues lo último que quiero es que se sienta culpable de todo esto—, lo importante es que estás bien, y ya estamos juntos de nuevo, así que yo también estaré bien.

—Te prometo que sí —levanta su mirada y acaricia mi rostro con suavidad—. Yo me voy a quedar toda la vida contigo para asegurarme de que así sea.

Siento mi corazón dar un vuelco dentro de mi pecho. Toda la vida. Quizá suena como una promesa muy grande como para hacerse a nuestra edad, incluso como algo un tanto aterrador, pero para mí se siente como lo correcto.

—Te amo, Joaquín —atrapo su mano y le doy un beso en el dorso.

—Yo a ti —me sonríe—. Tengo una idea para que te desestreses y de paso nos quitemos el sueño. —Lo miro sorprendido.

—Creo que no tenemos tiempo para eso —digo con voz nerviosa.

—No iba a proponer eso, menso —se ríe y se incorpora en la cama—. Bueno, no exactamente —habla en voz no muy alta. Me siento y lo miro sin comprender mientras se levanta y va a encender la luz—. Vamos a bañarnos.

Posdata [Emiliaco]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora