Capítulo 14. ¿Fue un sueño?

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Escucho un grito y varios maullidos, seguidos del sonido de un golpe y me despierto abruptamente. Me incorporo intentando ver qué está pasando.

Encuentro a Taquito en el lado opuesto de la cama, y veo a Joaquín levantándose del piso.

- ¿Qué pasó? – pregunto sin entender.

- Tu... me... tu gato me besó – logra decir. Parece estar más dormido que despierto.

No puedo evitar soltar una carcajada al escucharlo. – ¿Mi gato te besó? – digo sin dejar de reírme.

Joaco parece caer en cuenta de lo que dijo y comienza a reírse también. Se queda hincado en el piso y esconde la cara en la cama mientras continúa riendo. – Se quedó parado sobre mí, empezó a olisquear y lamer mi cara y pues me asustó – me explica con su voz amortiguada por la cobija. – Y brinqué y me caí de la cama – añade.

- Ay, Taquito – digo mientras tomo a mi gatito en mis brazos. – No debes darle besos así a la gente – pretendo regañarlo. Me levanto de la cama y empiezo a avanzar hacia la puerta.

Joaquín sigue riéndose sin levantar la cara. – No era la clase de beso de buenos días que hubiera esperado – murmura.

Me freno en seco al escucharlo. Creo acordarme de algo que me dijo anoche, aunque el recuerdo parece borroso. Me quedo viendo el cabello alborotado de Joaco. Quizá lo soñé, pienso. – Eh... – me aclaro la garganta y Joaquín levanta la cara para verme. Me sonríe con expresión adormilada. – Voy a darle de desayunar a Taquito – abro la puerta. – Tú sigue durmiendo, Joaco – le indico. – Ahorita regreso – asiente un par de veces y salgo de la habitación junto con mi gato.

Bajo a la cocina y lo dejo en el piso mientras sirvo croquetas y agua en sus platos. Se acerca a comer y me siento en el suelo junto a él, recargando mi espalda en el refrigerador. – ¿Crees que haya sido un sueño, Taquito? ¿Soñé que Joaquín me dijo que le gusto? – le pregunto a mi gato. Él ni siquiera voltea a verme y sigue comiendo. – Supongo que tú tampoco lo sabes – suelto un suspiro.

Escucho pasos acercarse y me sorprendo al ver a mi mamá entrar a la cocina. Parece apurada. – Buenos días, mi amor – me saluda. La veo encender la cafetera y empezar a sacar cosas de la alacena.

- Hola, má – respondo mientras me pongo de pie. – ¿Todo bien?

Los sábados mis papás suelen dormir hasta más tarde porque ninguno de los dos trabaja.

- Sí – dice apresuradamente. – Pásame el jamón y el queso del refrigerador, hijo, por favor – me pide mientras unta mayonesa en varias rebanadas de pan.

- Ok – busco lo que me pide y se lo llevo. – ¿Por qué tanta prisa?

- Tu abuela nos llamó, mi cuñada está en el hospital porque ya va a nacer tu primo – me explica. – Tu papá se está bañando, ahorita baja – añade.

Mi tía Gabriela, la hermana menor de mi papá, va a tener a su primer hijo, pero según recuerdo aún no es tiempo de que nazca. – ¿No faltaba como un mes todavía? – pregunto.

- Sí – responde mi madre. – Pero el bebé decidió que él ya quiere llegar, y como el novio de tu tía está de viaje, tu papá y yo tenemos que ir al hospital por si algo se ofrece – me pongo a ayudarla con los sándwiches. – Ahorita solo están ahí tus abuelos – termina.

- Ya entiendo – digo simplemente. Mi papá entra a la cocina en ese momento, con el pelo aun húmedo y se ve igual o más apurado que mi madre.

- Hola, hijo – pasa junto a mí cuando va rumbo a la cafetera y despeina mi cabello. – ¿El gato no despertó a Joaquín? – me pregunta mientras vacía el café en dos tazas.

Posdata [Emiliaco]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora