Capítulo 8. Lasaña, uvas y preguntas.

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- Hola, mi amor - me saluda mi madre en cuanto me subo a la camioneta.

- Hola, má - me estiro sobre mi asiento para darle un beso en la mejilla.

- ¿Y esa bufanda? - me dice al notar la prenda que rodea mi cuello.

- Me la prestó Joaquín - respondo no muy convencido de usar la palabra "prestar". No estoy seguro de si al decir que podía quedármela se refería a por ahora o por siempre.

- ¿Él no tenía frío? - me pregunta ligeramente sorprendida.

- Al parecer no - le digo sonriendo.

Recorremos lo que queda del camino hacia la casa en silencio, solo escuchando la música en la radio.

- Aproveché para ir al super en lo que salías - dice mientras se estaciona. - Ayúdame a bajar las cosas de la cajuela, por favor - me indica.

Hago lo que me pide y llevamos las bolsas hacia la cocina. Corro a dejar mi mochila en la sala. Como mi casa es bastante cálida por fin me quito la chamarra y la bufanda azul, las cuales dejo acomodadas sobre el sillón y después regreso para ver en qué más puedo ayudar.

Encuentro a mi madre acomodando cosas en la alacena. - Ve sacando del refri la lasaña que preparamos ayer - me pide. Mientras lo hago escuchamos ruido en la puerta de la entrada, acompañado por un maullido, lo que nos indica que mi papá ya llegó y que Taquito fue a recibirlo. Mi padre nos saluda a ambos y después se va hacia el baño. Veo pasar a mi gato por fuera de la cocina.

- ¿Sabes qué estaba pensando hace rato? - me pregunta mamá mientras esperamos a que la lasaña se caliente. Niego con la cabeza. - Que ya es febrero, lo que significa que algunas universidades ya van a empezar a sacar las fichas para los exámenes de admisión.

Mi expresión se vuelve de puro pánico cuando la escucho. - No me acordaba - digo en voz baja. - Me pone un poco nervioso - le confieso y me dejo caer en una silla del comedor.

- ¿Qué cosa te pone nervioso, hijo? - cuestiona mi padre al entrar de nueva cuenta a la cocina.

- Los exámenes de admisión - respondo.

- Es completamente razonable - me dice en tono tranquilizador. Despeina cariñosamente mi cabello mientras pasa junto a mí para alcanzar platos para servir la comida. - Pero todo lo que tienes que hacer es organizar tus tiempos para que no te estreses de más - me aconseja.

- Lo sé - le digo. - Pero ¿y si no quedo en donde presente?

- Pues vuelves a intentarlo el siguiente semestre o año - interviene mi madre. - Tu padre y yo sabemos lo inteligente que eres, mi amor, y si un examen de admisión sale mal, no se va a significar nada - se interrumpe para ayudarle a mi papá a poner los platos en la mesa. Yo me levanto por los cubiertos. - Lo importante es que estés seguro de qué es lo que quieres estudiar, si estás seguro de eso, lo podrás intentar todas las veces que sea necesario - termina de decir una vez que todos estamos sentados. Mi padre asiente conforme a sus palabras.

- Historia, eso es lo que quiero estudiar, ya lo saben - les recuerdo antes de empezar a comer.

- Sí, mi vida, lo sabemos - dice cariñosamente mi mamá. - Aunque - intercambia una rápida mirada con mi papá - a veces nos preocupa que no hayas explorado otras opciones - añade.

- ¿Cómo cuáles? - pregunto confundido y dejo de comer.

- No lo sé, la música, otras cosas que te apasionen, hijo - responde mi padre. - Sabemos que la historia te apasiona también, pero tienes que estar muy seguro antes de elegir una profesión - me dice.

Posdata [Emiliaco]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora