Una nueva integrante

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Kagome tarareaba una canción mientras iban por el sendero marcado, sintió como la pequeña apretaba su mano y al bajar la mirada notó su miedo al ver a unas personas acercarse a ellas, Kagome por su parte, afianzó el agarre, sin llegar a lastimarla y la escondió tras ella.

–Buenas tardes, señorita Kagome– saludo uno de los hombres con mucho respeto– tengo listas las telas que pidió hace una semana– dijo mientras quitaba su sombrero y arreglaba su cabello– ¿gusta ir por ellas? Mi esposa estará encantada de verla.

–Ahora mismo iré, muchas gracias– dijo para después rodearlo e ir al hogar de ellos.

Cuando llegaron, la mujer le invitó una taza de té, pero se disculpó y dijo tener prisa, así que recibió las dos tandas de tela, las arregló en el brazo que llevaba el maletín y tomó otra vez a la niña de la mano para después ir a su casa.

La pequeña apretaba su única prenda, al ver los hermosos colores de las telas, imagino mil vestidos con ellas y se pudo ver usándolos, sacudió su cabeza, ella no podría pagar por algo así.

–¡Señora Taisho!– el grito de una mujer mayor la asustó, le recordó las veces que los aldeanos de su antiguo hogar, la golpeaban por robar un poco de pan, tembló completamente y apretó la pierna de Kagome– ¿Que lleva puesto? Vamos adentro, el señor está por llegar.

–No creo que mi esposo me juzgue– dijo acariciando el cabello de Rin– ahora, por favor que preparen una tina de agua caliente y comida, hagan dos platos extra y algunos postres.

–Si señora– la mujer miró a Rin, suspiró resignada al ver que no conseguiría que cambiará su ropa.

Kagome entró y fue directo a su habitación, donde dejó las telas y el maletín, para después llevar a Rin al tocador, donde la dejo sentada mientras  iba por toallas.

Cuando una muchacha anunció que el baño estaba listo, la llevó allí y le quitó la camiseta pidiendo la tiraran a la basura, había llevado un cepillo y algunas cremas para el cabello, así podría desenredar sin causar mucho dolor y también le ayudarían a tener su color natural.

Rin se quedó quieta mientras Kagome lavaba su cabello, hacia masajes y después peinaba despacio, se quedó tranquila, dejando que hiciese lo que tenía planeado con ella, estuvieron allí la menos un ahora, donde Kagome le lavó dos o tres veces el cabello para quitar toda la suciedad, luego limpio su cuerpo y pidió más agua para enjuagar bien.

Como hacía frío, habían prendido la chimenea en su habitación, así que llevo a la pequeña y la dejó calentando, mientras iba por un vestido antiguo, cuando lo encontró la vistió y con ayuda de aguja e hilo lo dejó a la medida.

–Es solo por hoy, mañana tomaré tus medidas y haré algunos vestidos ¿si?– le decía mientras peinaba y secaba su cabello, Kagome quedó encantada, el cabello de Rin era largo, castaño y algunas puntas no querían bajar, eso le daba un aire tierno, escuchó la voz de su esposo, así que bajo con la niña para que la conociera– ¡Bienvenido, cariño!

Sesshomaru quitó su chaqueta y recibió gustoso el beso y abrazo de su mujer, una pequeña silueta llamó su atención, a los pies de la escalera, Rin lo miraba con algo de miedo.

–¿Ella es Rin?– Kagome asintió, fue a ella y la tomó en brazos– Hola, soy Sesshomaru y desde ahora, vivirás aquí.

Rin pareció calmarse, ellos se veían muy buenas personas, sonrió contenta mientras abrazaba a Kagome, su estómago sonó pidiendo hambre, los adultos rieron y la llevaron al comedor, donde la comida fue servida, tomaron asiento y le sirvieron a Rin primero, Kagome le dio carne, verduras y un poco de arroz, algo de ensalada y le sirvió una taza de té.

–Come todo lo que desees– le dijo antes de servirle a Sesshomaru, Rin vio como servía dos platos más, miró a todos lados, pero no había nadie más– traeré a Shippo.

Kagome subió dejándolos solos, Rin comía sin levantar la vista y Sesshomaru solo esperaba a su mujer, no dijo o hizo nada, ella parecía aún temerles, y no era para menos, Kagome le contó más o menos su vida, a sus dos años sus padre murieron y quedó bajo el cuidado de una aldea, la cual no la trató nada bien, por suerte, Koga O'kami, un policía, cuidó de ella por un año, pero cuando se fue, pidió a ellos traerla y cuidarla, por que los aldeanos solían golpearla e incluso trataron de abusarla, Kagome había partido en su nombre, con un documento que decía ellos serian los tutores.

–Kagome dice que no hablas mucho– Rin alzó la vista y negó– ¿sabes leer y escribir?– volvió a negar– mi mujer es una gran maestra, te enseñará todo desde la próxima semana.

Rin asintió sonriendo, le hacía mucha ilusión poder leer y escribir, consigo había llevado el regalo de Koga, un libro que hasta el momento solo podía disfrutar de las imágenes, vio llegar a Kagome y un pequeño niño de cabellos casi anaranjados, de preciosos y grandes ojos verdes, parecía apenas estar despertando.

–Rin, él es Shippo, nuestro hijo, así como tu serás nuestra hija– la niña asintió mientras comenzaba a llorar, había deseado tanto una familia, y ahora tenía eso y más, tenía un hogar, una madre linda y amorosa, un padre que cuidaría de ella y un tierno hermanito– Rin...

–Gracias– dijo apenas, limpiaba sus lágrimas y trataba de reír, Kagome fue a ella y la envolvió en un cálido abrazo– gracias, mamá.

Kagome miró feliz a Sesshomaru, ella no podía tener hijos, así que Sesshomaru le dijo que podrían adoptar, el primero fue Shippo, un niño que vagaba por ahí ya que habían matado a su padre, lo único que tenía de él había sido un collar, el cual siempre colgaba del cuello de Shippo, y ahora tenían a Rin, Sesshomaru se levantó y abrazo a su mujer, ellas merecían esto y más.

•••

Al día siguiente, Kagome y Sesshomaru prepararon una habitación, limpiaron y  ordenaron con los muebles que había en el sótano, Kagome arreglo la cama, dejó algunos peluches que tenia y cuando estuvo lista, tomó las medidas de Rin para comenzar a cortar la tela y hacerle vestidos de todos colores.

Le llevo cerca de tres a cuatro días terminarlos, Rin estaba contenta, tanto que no sabía cuál usar ahora después del baño, Kagome reía bajito mientras le ayudaba y así escogieron uno de color naranja, con estampados de mariposa y algunos círculos.

–Eres muy linda– le dijo acariciando sus mejillas– hoy comenzaremos tus estudios, ¿Quieres? Debemos ir al pueblo, allí tengo mi pequeña escuela, estarás con cuatro niños más.

–¿Podré leer el libro que me dio el señor Koga?– sus mejillas adquirieron un tierno rosa, Kagome comprendió que lo admiraba por cuidar de ella– y también quiero escribir y un día sacar mi propio libro.

–Serás una gran escritora– le alentó Kagome dejándola en el piso y comenzando a peinarla– ahora, vamos por Shippo y nos iremos.

Rin cada día aprendía algo nuevo, así como cada día reía un poco más, con el pasar de los años se volvió toda una señorita, aprendió a bordar, a hacer su propia ropa y también ayudaba a Kagome en la escuela, Shippo creció y ayudaba a Sesshomaru, así, cada uno tomó el lugar de sus padres, quienes ahora los miraban sonriendo por cómo peleaban.

Quizá no tuvieron el mejor de los principios, pero tuvieron un lugar al que llamaron hogar, que les daba amor y calor, tuvieron dos figuras que los apoyaron y protegieron de los demás.

FIN

One-shots Sesshome Donde viven las historias. Descúbrelo ahora