Regalo

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Por muchos años se había llevado a cabo la tradición de dar un regalo a quien sería tu futura esposa, las grandes familias cuidaron esa tradición con mucho anhelo, deseaban inculcar a sus hijos para siempre hacer feliz a su mujer y asegurar que ellas jamás sufrieran o quisieran irse de su lado.

Hoy era el día en que Sesshomaru Taisho había propuesto matrimonio a Kagome Higurashi, pero jamás había pensado en que podía darle como obsequio, agradeció en silencio que su madre le hubiera dicho que tenia hasta antes de la boda para dar dicho regalo.

–Me ayudaría que dijeras que deseas– le pidió una vez estuvieron solos mirando el cielo nocturno en el balcón– terminaré dejando en vergüenza a mi familia.

–No creo que puedas darme lo que deseo– los ojos azules miraban fijamente las estrellas– nadie puede.

–Siempre dicen eso– el youkai rodó los ojos antes de apoyarse en el barandal de mármol– Dime que es.

Kagome se giró hasta la puerta, le hizo una señal para que la siguiera, Sesshomaru iba unos pasos atrás y vio como pasaban hasta la tercera planta de la mansión, llevaba tres años con ella y aún así jamás había estado en esa área de la casa de su prometida, Kagome abrió una puerta y encendió las luces, había un estante con libros, mesa y sillones cubiertos con telas blancas y ventana a medio abrir, seguramente para que el olor no se volviera pesado.

La azabache se acercó a una pared que tenía un cuadro cubierto, quitó la tela dejando ver una hermosa pintura de una mujer, los rasgos eran similares a los de Kagome, solo cambiaba el color de ojos a café y algunos de sus mechones eran canosos, quizá era su bisabuela.

–Hace mucho, uno de los hombres Higurashi mandó a hacer un precioso collar de zafiros, este fue el regalo más preciado que pasó de generación en generación– habló mientras con la yema de sus dedos tocaba la pintura, justo donde yacía aquel collar colgado del cuello de la mujer– ella fue la última en usarlo, fue robado antes que pudieran dárselo a mi abuela, dicen que muchos no deseaban esa unión, así que dañaron a mi familia donde más dolía, le quitaron parte de su tradición.

Sesshomaru escuchó atento cada palabra, se acercó por atrás para abrazarla y besar su cabeza, ahora sabía por qué la familia Higurashi manejaba el mercado de zafiros, se encargaban de hacer joyería y jamás había visto un collar como el de la pintura, ese debía ser el único.

•••

La vispera de Navidad estaba a sólo días, así como su matrimonio, solo un mes después de las tan anheladas y felices fiestas sería el día en que uniría su vida a la de Kagome, y ya estaba más cerca de encontrar ese regalo que debía darle.

–Habla Jaken, han pasado dos meses y los días se acaban– habló tomando un trago de Ron– no tengo nada más en mente.

–Hemos encontrado a quien lo tiene– una pequeña sonrisa apareció en el atractivo rostro mientras veía por la ventana– lo están llevando a la casa antigua para interrogar.

–Llévame contigo, ahora– el pequeño asistente asintió haciendo una reverencia y yendo a preparar el auto– pronto tendrás lo que deseas, Kagome.

Durante el viaje charlaba por medio de mensajes con su novia, quien le dio aviso del comienzo de un resfriado, frunció su ceño un poco al imaginar que fue por no cuidar muy bien su salud, últimamente se pasaba horas extras trabajando, comía mal y dormía hasta cinco horas máximo, deseaba regañarla, pero quizá la mejor idea era cuidar de ella una vez tuviera todo bajo control.

Llegaron a la casa, las luces permanecían apagadas así que supo ya debían estar en el sótano, conocía muy bien el camino así que no encendió luz alguna, desde lejos se podían oír los gritos de dolor, tal parecía que la tortura comenzaba, esperaba hablara rápido, deseaba ir con Kagome.

One-shots Sesshome Donde viven las historias. Descúbrelo ahora