Tal como su padre

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La situación era terrible, miró a todos lados y los rostros afligidos la desesperaban mientras hacía presión en la herida del héroe, sus manos manchadas de sangre, su precioso vestido regalo de su esposo igualmente manchado.

Jamás uses tu magia, así como es codiciada también es odiada, nos odian, Kagome.

Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras dejaba salir aquel brillo verde de sus manos y cerraba la herida de Sesshomaru, todos la miraban expectantes, cuando escucharon respirar bien a su rey la tomaron como prisionera y fue enviada a los calabozos.

Kagome se miró las manos, aun tenía la sangre de su esposo en ellas, quizá los sirvientes estarían ayudandole, estaría bien, pero ella no, su muerte seguramente sería mañana.

"–¿Por qué nos odian, madre?– una pequeña de solo siete años miraba como daban entierro a dos de los suyos– los ayudamos a curar, ¿que hacemos mal?

–Un día Kagome, verás la realidad del mundo– Naomi beso la frente de su hija y la sacó de allí– veras, que ante los ojos de los demás solo somos traidores."

La azabache despertó por el ruido de la celda, ¿ya había pasado un día? Fue levantada y esposada, la hicieron caminar hasta el centro del pueblo, donde las personas abuchean y gritan mil groserías.

–¿Algo que decir antes de morir?– miró los ojos de aquel soldado que un día juró protegerla, le sonrió antes de mirar a los demás.

–No me arrepiento de ayudarle y mostrarles que soy una curandera– cerró sus ojos antes de ser arrodillada y que pusieran su cabeza en un taburete para cortarla– tendrán un rey al que adorar y no uno que extrañar.

El soldado temblaba mientras alzaba su hacha, Kagome no hizo nada por liberarse, su magia curativa estaba acompañada de buen entrenamiento en batalla cuerpo a cuerpo, pero no le haría daño a aquellos que no tenían culpa por creer cosas erróneas.

–¡Alto!– la agitada voz de Sesshomaru los detuvo a todos, el soldado bajo su arma y vio como su rey se acercaba y ordenaba liberarla– se las reglas, mi propio padre las escribió frente a mi– dijo mientras lo ayudaban a llegar frente a todos– pero la ley dice que aquella mujer que este esperando un hijo mío deberá ser la reina.

Los murmullos de sorpresa no se hicieron esperar, Sesshomaru fue hasta Kagome deseando ayudarla, pero todo lo que recibió fue el golpe en su mano y una mirada de soledad y decepción.

–¿No fue usted el que dudo de mí, mi señor?– habló lo bastante alto y entre los aldeanos vio a la mujer culpable de que Sesshomaru casi la odiara– usted creyó en las mentiras de Sarah, creyó que fui capaz de dejar otro me tomara.

–Pude sentir el vínculo, ese hijo es mio– estiró la mano esperando la tomara y volviera a ser suya, pero con agilidad le quitó la espada a un soldado y apunto a su propio estómago– ¡detente!

–Puedo matar a la criatura y sanarme solo a mi– Kagome hablaba sin apartar la mirada de los ojos dorados que la hacían suspirar cada que la miraban a ella y solo ella– a menos que me deje ir.

Sesshomaru apretó las manos, su dragón estaría furioso y desataria la ira contra su pueblo si ella mataba al bebé, así que alzó la mano para que nadie la tocara.

–Déjenla ir– se giró y con ayuda de dos hombres bajó caminando a su castillo– después de todo, no tiene otro lugar el cual llamar hogar.

–Quizá tenga razón– la ojiazul chasqueo los dedos y Yako, dragón de Sesshomaru, se separó del cuerpo humano para servirle a ella– pero tengo a quienes llamar familia y jamás dudarian de mi.

One-shots Sesshome Donde viven las historias. Descúbrelo ahora