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Faltaba una semana para el día de los enamorados, todas las tiendas ya comenzaban a decorar con corazones, ofreciendo regalos, descuentos a parejas entre otras cosas.
Kagome miraba todo mientras iba en compañía de su madre y hermano, le ayudaban a buscar un regalo para su novia Moe, o bueno, más bien para declararse justo el día de los enamorados.
-¿Quieren parar? Me duelen los pies- se queja la azabache buscando un asiento libre, pero el lugar está repleto, suspira desanimada hasta que un tierno pequeño le cede su asiento con una sonrisa, ella con una sonrisa agradece antes de sentir las manitas sobre su abultado vientre- ¿puedes sentir al bebé?
-¡Ahí está!- exclama con alegría mirando a su madre- señorita, ¿por qué se comió al bebé?
Kagome no puede evitar soltar una risa, las ocurrencias de los pequeños eran sin duda las mejores, la madre del niño se disculpa antes de llevárselo, con un gesto de mano se despide.
Naomi deja a Sota cuidando a la ojiazul, ya tenia en mente que poder regalarle a la niña para que aceptara a su hijo, conociendo lo delicada y muy educada que era le encantaría.
-No puedo creer que mi hermanito se declarará a nuestra antigua vecina- molestó Kagome sacando una bolsa de dulces- y dime, ¿ya se besaron?
-¡Que pregunta es esa!- el sonrojó en su rostro se le hizo sumamente tierno- no, aún no llegamos a eso, quiero que sea mi novia primero.
-Muy bien hermanito- le dio una palmadita antes de ofrecer golosinas, Sota tomó una- recuerdo que sus dulces favoritos eran chocolates con almendras, y ese local de allá- habló apuntando a una tienda casi enfrente de ellos- tiene los mejores, ve y compra unos.
Le dio su tarjeta, Sota dudó unos segundos antes de aceptar, Kagome siguió descansando hasta que recuperó energías, se levantó con un destino en mente, le dejó un mensaje a su madre para que no se preocupe.
Llegó a la tienda esperada, y como imaginaba estaba repleta, por suerte las personas al ver que está embarazada le ceden el paso dejándola entrar inmediatamente, encuentra lo que buscaba y va a pagar, también tenían su pedido anticipado, lo ponen en bolsas y sale feliz, ya tiene todo listo.
Se quedan una hora más, luego el chófer personal de la ojiazul lleva a su madre y hermano a su casa, se despiden con un beso, Kagome es llevada a su hogar justo a tiempo para esconder todo.
Cuando Sesshomaru llega la encuentra en la cocina preparando la cena, se acerca desde atrás para envolverla en un amoroso abrazo, besa su cuello, encantado de sentir su aroma mezclado con el suyo.
-Sessh...harás que queme la comida- habló sonriendo- ¿como estuvo tu día?
-Pésimo, trabajo con unos idiotas- le apagó la cocina para llevarla a la sala estar, con cuidado y amor la dejó recostada en el sillón más grande, él se arrodillo a un lado para después poner la oreja contra el estómago- esta inquieto, ¿le has dado azúcar?