Las miradas de miedo se apreciaban en cada uno de los trabajadores, su jefe le gritaba a uno de sus asistentes por imprimir mal los documentos y olvidar poner algunas cosas.
Todos vieron como Sesshomaru Taisho salía de aquella sala azotando la puerta, mirando con odio a todo aquel que se cruzara, volvieron a sus deberes y revisaron mil y una vez cada detalle antes de entregar.
Los rumores decían siempre lo mismo de él, un hombre guapo, deseado por todas las mujeres pero con un carácter de temer, aquellos hermosos ojos dorados, tan fríos y filosos, como mil daga atravesandote, piel blanca, cabello plateado largo y las marcas de sus mejillas daban aquel aire de dios que fascinaba.
Sesshomaru estuvo el resto del día arreglando el error de su asistente, o más bien, ex asistente, pues mando a despedirlo inmediatamente, no necesitaba un incompetente trabajando para él, la imagen de la empresa era muy importante como para dejarla caer por un error tan estúpido como el que cometió.
Casi a media noche salió del edificio, el guardia nocturno hizo una reverencia mientras le abría las puertas y cerraba bien por órdenes suyas, Jaken ya lo esperaba con el auto a medio andar, condujo cerca de quince minutos hasta el hotel que quedaba cerca del lago, el ojidorado no esperó que estacionara, bajó antes para subir por el ascensor y llegar pronto a su hogar.
Jamás le habían visto con una mujer, muchos juraron en su momento era asexual, pero nadie lo conocía lo suficientemente bien, introdujo la contraseña del penthouse y allí en el sillón vio el cuerpo de ella, la única mujer que lo comprendía y hacia lo posible por mejorar su día, se acercó y se puso de rodillas para acariciar su mejilla.
–Sessh...llegaste– los ojos azules brillaron en felicidad, se abrazó al cuello de peliplata y recibió gustosa el beso– ¿Tienes hambre?
–Un poco– se levantó y con ayuda de las pequeñas manos de Kagome se quitó la corbata y chaqueta– ¿tu has comido ya?
Kagome asintió, fue a la cocina y calentó la cena, ella igual comería un poco, así que preparó la mesa para ambos, Sesshomaru fue a poner su pijama y al volver se abrazó a la cintura de su mujer para después besar el cuello.
–¿Como ha ido tu día?– Sesshomaru suspiró recordando el dolor de cabeza que pasó por culpa de aquel hombre– ¿así de mal?
–¿Es mucho pedir trabajadores competentes?– susurró dejándola voltear y que acariciaba su mejilla– ¿y tu que has hecho?
–Debes mantener la calma, no puedes enojarte con los nuevos Sessh– negó mientras reía un poco– y mi día ha ido bien, avancé unos capítulos más en mi novela.
La comida estaba lista, tomaron asiento uno junto al otro y encendieron la televisión, el pronóstico anunciaba lluvia para la semana próxima y los ojos de la azabache mostraron emoción, no salía de allí, pero ver el cielo gris, con la lluvia cayendo en la ciudad era su paisaje favorito.
Terminaron de comer y Kagome lavó los platos y Sesshomaru apagó la televisión y las luces, vio a su mujer terminar de secarse las manos y la tomó estilo princesa para llevarla a su cuarto, la dejó recostada y comenzó a besar su cuerpo, debía liberar tensión y ella sabía como ayudarlo.
La fina playera de seda fue retirada, sus pantalones cortos y bragas igual, pero no se quedó atrás, quitó los pantalones de algodón y aquellos bóxer que guardaban el semi erecto miembro de su amado, con ambas manos lo tomó, Sesshomaru se arrodilló y Kagome siguió tocando hasta que deseo tenerlo en su boca, lo empujó un poco y era ella quien estaba sobre él, usaba sus pechos para apretarlo y su lengua para saborear, unos minutos después metió todo lo que pudo dentro de su boca y el resto masturbo son la mano.
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One-shots Sesshome
Sonstiges•Ambientados en todo tipo de tiempo •Solo Sesshome •Algunos tendrán lemon
