El cielo despejado daba buenas vibras, Kagome suspiró mientras se levanta del piso y comienza a colgar la ropa recién lavada, mira a su alrededor, estar solos en aquel lugar no le gusta, dejar a los suyos atrás era algo que jamás pensó que harían.
Terminó de colgar y entra a la cabaña que comparte con su hermano, lo ve leyendo algunos pergaminos y bebiendo, va a la cocina y comienza a preparar algo de comer, cuando esta todo listo llama a su hermano y comen en silencio, hasta que él habla.
–Mañana saldremos– dice tomando un trozo de pan– Iremos por comida y haré algunos negocios.
–Está bien– responde y se levanta de su asiento– iré a dormir.
Su relación siempre había sido así, quizá por que sus padres jamás mostraron amor, quizá por que no les dejaron tener la misma infancia que los demás niños al tener aquellos dones, pero si de algo estaba segura, es que darían su vida por el otro.
A la mañana siguiente, Kagome se pone un traje negro con detalles plateados, aquellos que compraron para ya no ser parte del imperio de hierro. Salen de la cabaña, Bankotsu llevaba su alabarda y ella solo saca una chaqueta.
–¿Cuanto más nos piensan seguir?– habla el mayor deteniéndose a mitad de su camino– es molesta su presencia.
Dos personas salen de los árboles, Kagome los reconoció, eran los rebeldes que iban por el imperio Taisho, deseaban matarlos a todos y así hacerse ver como los más fuerte del Sengoku.
Ella no se molestó en participar, su habilidad le impedía estar en batalla, pero sabía que su hermano podría contra ellos, después de todo, jamás se le gana a la muerte.
–Que bien que aparecieron– dijo con una genuina sonrisa, sacando un suspiro del sujeto que vestía casi como mujer– ya extrañaba matar.
Se acercó rápido, alzando sin ningún problema su alabarda, pero esta chocó contra dos espadas, las cuales salían de las muñecas del hombre de gran tamaño.
Kagome tarareaba mientras esperaba que todo aquello acabará, y todos creyeron había terminado cuando Bankotsu cae al piso con una puñalada a la altura de su corazón.
–¿Y deseabas este tipo se uniera a nosotros?– cuestiona guardando las espadas– patético.
–¡Joder, eso sí que dolió!– Bankotsu se levanta y va junto a Kagome– ayúdame.
Kagome hace aparecer una alabarda igual a la de su hermano, pero en color blanco y algo más delgada, hace un movimiento cerca del cuerpo de su hermano y sus heridas se curan solas.
–Por esto lo necesitamos– habló el afeminado acercándose– únete, soy Jakotsu y aquel es Kyokotsu– dice haciendo una reverencia– la chica también puede ir.
–Olvídalo– Kagome se aleja y mueve la mano en forma de despido– nos vemos en otro momento.
***
Quizá había sido mala idea alejarse de su hermano, se encontraba corriendo para que no la atraparan, solo llevaban separados tres meses y ya tenía problemas, chasqueo la lengua antes de hacer aparecer la alabarda y golpear las flechas que iban dirigidas a ella.
No se fijó más adelante, un hombre la detiene ejerciendo algo de fuerza, alza la mirada enojada y asustada, ante ella, Sesshomaru Taisho se encuentra mirándola fijamente antes de atar sus manos con su látigo venenoso.
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One-shots Sesshome
Acak•Ambientados en todo tipo de tiempo •Solo Sesshome •Algunos tendrán lemon
