Muerte antes de vivir

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Parte 1

La mirada de la azabache se paseaba por todas partes, las luces colgadas, las flores adornando ventanas y la risa de los niños era emocionante y muy hermoso de ver.

-Me repites, ¿que hacemos aquí?- cuestiona volteando hasta el ojidorado, quien viste elegante y la mira por sobre el hombro.

-Este Sesshomaru siente curiosidad de ti, solo eso- habla normal.

-¿Me estas diciendo que la vida de mi hermano y mía penden de un hilo por mera curiosidad?- alza una ceja y al verlo asentir desea golpearlo- si no fuera ilegal matar a un noble, estarías enterrado tres metros bajo tierra- alzó un puño y Sesshomaru se detuvo ya que habían muchas personas hoy en el pueblo- y también no podría contra un demonio.

La sonrisa del youkai no fue captada por la ojiazul, ya que sus ojos enfocaron unos pastelillos, el peliplata notó la mirada de esperanza en poder probarlos, compró dos y cuando le tendió la mano con uno ella sonrojada y agradecida aceptó.

Kagome dio un mordisco, cerró sus ojos ante el exquisito sabor del pastelillo, era suave y esponjoso, dulce pero no hostigante, al tragar quedó el sabor de las moras.

-Es delicioso-.

-¿En tu pueblo no los hacían?- la ojiazul negó, volvió a comer hasta que ya no quedó nada y contra la etiqueta enseñada lamio sus dedos disfrutando hasta la última migaja- el pastel de luna es muy popular aquí- alzó una mano para quitar la mancha de moras que quedó en la comisura de los labios femeninos, el toque de su piel lograba descontrolarlo, deseaba probar más, todo de ella- aquí comerás de eso y más.

-¿Puedo llevarle a Sota cuando me lleves de regreso?- asintió sin mirarla directo a los ojos, ¿como le diría que no la dejaría ir? Ella era su pareja, su mujer destinada y una vez el ritual estuviera completo jamás podrían separarse- Gracias, Sesshomaru.

•••

El ojidorado giraba en la cama, llevaba dos días con Kagome en la habitación de junto y no encontraba el momento y la manera de acercarse, ¿cuando el gran Sesshomaru había comenzado a dudar? Jamás le había costado tanto acercarse a una mujer, es más, eran ellas quienes se insinuaban, pero la azabache no mostraba el mínimo interés.

Quitó la sabana que lo cubría, se puso ropa simple y bajó para ir a caminar, escuchó ruidos en la cocina, el inconfundible aroma de Kagome llegó a su nariz, embelesado lo siguió hasta que la vio acompañada de uno de sus soldados, quien muy alegre charlaba y reía con ella.

-Ryoma...- habló haciendo que el hombre se levantara y quedara rígido- ¿Quien esta en vigilancia?

-Keitaro, mi señor- respondió viendo al frente, Kagome sirvió leche caliente y miraba sin saber que decir ante la situación- ¿desea vaya con él?

-No, pero dime donde está Kagura- el soldado le dio algunas indicaciones y el peliplata se marchó sin decir nada más.

Fue a la última torre, se podía oír botellas caer, algunos improperios y cuando abrió la puerta esquivó casi por suerte la botella que iba directo a él.

-¡Te dije que te marcharas y no volvieras idiota!- Kagura tomó cualquier cosa que tuviera a mano dispuesta a tirarla otra vez, hasta que vio que era Sesshomaru quien estaba allí y no Bankotsu- si vienes de parte de Bankotsu, lárgate ahora.

-Bueno, si vengo a hablar de él, pero no me envió a resolver sus asuntos- la mujer de ojos rojos chasqueo la lengua y vio como sacaba una pequeña caja de madera color caoba- ¿esto le pediste? Por que lo olvido en mi despacho.

One-shots Sesshome Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora