Una pequeña habitación, pintada en un blanco brillante, cama de una plaza solo con un juego de sabanas también blancas, la puerta se abre, dos hombres afirman a una mujer de 27 años, cabello azulado y ojos azules, un doctor escribe en una tablilla antes de ordenan le den calmantes y dejarla allí, sola, con una camisa de fuerza y boca abajo en la cama.
Las horas pasan rápido, pronto el efecto del calmante pasa y Kagome despierta, asustada, se gira hasta caer, con ayuda de sus pies se arrastra a la puerta y comienza a patear.
-¡Sáquenme de aquí!- grita desesperada- ¡yo no estoy loca!
Los minutos pasaban, sus pies se cansaron, su garganta dolía de tanto gritar y sus ojos estaban hinchados ante tantas lágrimas.
Kagome comenzó a odiar el color blanco, su cabeza dolía al ser lo único que veía en esa pequeña habitación que siquiera y tenia una ventana, estaba sofocada.
-De blanco, como en tu boda- escuchó una voz áspera, se giró a un costado viendo a un hombre alto, corpulento y llevaba capucha- lo recuerdo muy bien.
Pudo ver el destello dorado de sus ojos, aterrada, buscó una manera de alejarse, pero esa maldita habitación era compacta, ya estaba pegada a la pared y él solo se agachó antes de mostrar su rostro.
-Ahora no puedes huir de mi- su rostro era imperturbable, Kagome tembló completamente- solo debes darme tu cuerpo, y me iré.
-Por que yo- susurra al borde de las lágrimas- había dos mujeres más ese día, ¡por qué me molestas a mi!
-Es divertido corromper a una casada- respondió como si nada, sus labios se curvaron ligeramente en una sonrisa que asustaba a Kagome- solo debes dejarme tenerte una vez, ¿es tan difícil?- ladea su cabeza y la pregunta sale en modo de burla- además, tu marido es quien te puso aquí, ¿le seguirás siendo fiel cuando ya tiene a otra en su cama?
La ojiazul creyó no tener más lágrimas, pero ahí estaba, llorando por que Inuyasha no creyó sus palabras de que un demonio la estaba acechando, prefirió encerrarla y cuando se cansó de sus gritos la llevó al manicomio.
Había sido una completa tonta al aceptar jugar con una ouija, deseando mostrar que esas cosas eran mentiras, solo una forma más para asustar al ser humano y tener ganancias. Como pudo se acomodó, la camisa apretaba demasiado sus brazos.
-Solo una vez, ¿no?- el demonio en cuestión asintió- ¿y si aquí nos escuchan?
-Las cámaras no me captan, solo tu- dijo mientras estira una mano y quita broche por broche y luego los seguros- y el guardia solo esta ahí sentado viendo una novela y comiendo.
Cuando fue liberada de la camisa lo primero que hizo fue masajear sus muñecas, dolían ya que para sacarla de su casa usaron esposas, aun conserva las marcas, el demonio se levantó estirando la mano, Kagome ya no se negó, si existía la forma de liberarse de él, haría cualquier cosa, incluso dar su cuerpo a un ser del averno.
El demonio le dijo que debía gemir alto, sin preocuparse ya que esas paredes estaban hechas para no oírlos al estar encerrados, le exigió gritar su nombre, "Sesshomaru", así lo hizo, sentía su cuerpo arder al entregarse a él, quien no tuvo consideración y arremetio contra su ser, sin piedad, al final solo sintió como la mordió en su cuello y cayó dormida.
Sesshomaru veía su trabajo terminado, pasó una mano por la marca en el cuello de su humana, aquella marca que le haría poder venir al mundo humano cuando deseara, sonrió antes de desaparecer, como si jamás hubiera estado allí.
•••
Tres días pasaron, los médicos no sabían que hacer, a quien llamar, Kagome no había despertado desde aquel encuentro, revisaron las cámaras, pero solo se le veía patear la puerta, arrastrarse a la pared para levantarse y después estaba en la cama, habían ido a darle de comer y algunas pastillas, trataron por todos los medios de despertarla, pero nada servía.
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One-shots Sesshome
Diversos•Ambientados en todo tipo de tiempo •Solo Sesshome •Algunos tendrán lemon
