Cuando una persona pierde todo y a todos quienes quiere, debes temer, por que esa persona no será jamás la misma, en su corazón solo alberga dolor, ira y sufrimiento, su mente no muestra nada más que la imagen que lo dejó muerto en vida.
Para Sesshomaru Taisho, el detonante de todo fue perder a su mujer e hijos, todo por una maldita equivocación de bandos, ellos nada tenían que esconder, a nadie debían nada, pero aun así, Kagome y sus preciosos gemelos murieron a manos de narcotraficantes.
Desde ese día pasaron dos años, en los cuales se propuso encontrarlos, por que repetía una y otra vez la imagen de su amada en el piso, cubriendo los cuerpos de los niños, por que aun recordaba la maldita sirena que sonaba tras ellos, el maldito aroma de plomo y sobre todo, el que había salido hace dos días para poder comprar el regalo de cumpleaños de los niños.
Sesshomaru aun imaginaba el dolor en sus miradas al ver armas frente a sus ojos, podía escuchar el grito desgarrador de Kagome ante el primer disparo, odiaba su día a día, se odiaba por haber salido en lugar de quedarse, por que algo sabía, un presentimiento le decía que no saliera, que se quedara con ellos, pero no lo hizo.
Enterró a su familia junto a su madre y padre, Inuyasha había ido para darle apoyo, ¿pero que decir? Él no saldría adelante, no puedes olvidar algo como eso y pretender tener una segunda oportunidad, conocer otra chica, no, él no era así, mil y un veces se repetía que debía terminar con ese trabajo y al final, si moría, al menos habría vengado a su familia.
Una sonrisa carente de emoción apareció en su rostro, imaginando que si su esposa estuviera allí, le diría que no peleará, que siguiera y por sobre todo, que viviera, pero ya no estaba, no podría verla, sentirla, escuchar su sonrisa o siquiera sentir su aroma, no había nada más que recuerdos dolorosos.
Sesshomaru se apoyó en la pared, mirando el techo y levantó una botella de agua ardiente, vacío casi la mitad en su estomago y luego la tiro a algún lugar de la habitación, tomó el cuchillo junto a él y aguantando la respiración lo enterró en su estomago, justo donde la bala se había alojado, por suerte la bala no había dado en algún lugar importante, pero dolía como los mil demonios.
-Ya queda poco- se dijo a si mismo una vez que sacó la bala y comenzó a vendar- solo debo aguantar un poco más.
Con cuidado se levantó, pateó un cuerpo que yacía en el piso y fue al baño, sus manos, cara y ropa tenían sangre, fue al armario que tenía el cuarto, buscó entre las cosas de los que estaban muertos y encontró un traje de su talla y de buen gusto.
Se quitó toda la ropa y se metió en la ducha, dejando el agua correr por su cuerpo, viendo como esta se teñía de rojo, pasó ambas manos por su rostro y luego el cabello, pudo sentir como una suave mano se apoyaba en su espalda, ilusionado de volver al pasado, volteó, imaginandola allí, desnuda y sonriendole, cerró sus ojos y se permitió entrar aún más en su imaginación.
Las lágrimas desaparecen con el agua, por eso varias personas aman la lluvia, por que bajo esta puedes llorar y desahogarte, sin que los demás noten que tan destrozado estas por dentro, Sesshomaru si había llorado, contra todo lo que pensaron sus vecinos, él lloró, amargamente y solo, lloró la pérdida de sus tres ángeles, esos que llegaron a darle alegría, esos mismo que en sus cumpleaños iban a darle un fuerte abrazo y lo despertaban con un desayuno.
Estuvo una hora bajo el agua, permitiendo que el dolor saliera un poco, por que no disminuía, no se iba, quedaba allí, plasmado en su corazón, si es que aún tenía uno, cuando salió, seco su cuerpo y se vistió, el traje de tres piezas en color azul marino, le recordó vagamente el color del cabello de Kagome, y también los ojos de Ryu, el gemelo menor.
Puso dos pistolas en el porta armas de su cintura, cada una cubierta por la chaqueta, se puso unos guantes negros que encontró y reviso todos los cuerpos en busca de algún indicio, encontró joyas, teléfonos, algunas municiones, que guardo para él mismo, y una dirección, la busco en el GPS, estaba a dos calles, iría a ver si el malnacido que buscaba con tanto ímpetu estaba allí, y acabaría con él de ser así.
Fue a la farmacia que para su conveniencia, quedaba frente al edificio en el que estaba, pidió pastillas para el dolor, la inflamación y algo para despertar, pagó con el dinero que le quitó a los otros, algunos billetes manchados aún de su sangre, la cajera lo vio asustada y él no se inmutó, solo limpio con un pañuelo y luego se fue, sin esperar cambio.
Tomó dos pastillas de cada una, le importo un carajo los efectos secundarios, estos vendrían hasta dentro de dos horas, más que suficiente para acabar con todos.
Cuando llegó a la dirección, vio tres hombres custodiando la entrada de un departamento, buscó entre el porta armas un silenciador, disparos certeros en las cabezas de los tres, cayeron y luego fue a la puerta, pateó y dos hombres fueron a él, al primero le dio justo entre los ojos y al otro en su entrepierna y después en la cabeza.
El hombre al que tanto buscaba estaba allí, escondido en un rincón, con una mujer y una niña tras él, eso hizo hervir la sangre de Sesshomaru, ¿como podía llegar a su casa, después de matar a su familia? ¿Como tenía el maldito descaro de mirarla a los ojos, y no arrepentirse por mirar a su mujer antes de matarla?
-¡Lárgate, déjanos en paz!- habló Onigumo, queriendo abrir un cajón, pero Sesshomaru le apuntó a la cabeza y él se detuvo- déjalas ir.
-¿Así como dejaste ir a mi familia?- su rostro se volvió sombrío, la mujer tras Onigumo tembló de miedo, Sesshomaru volteó a mirarla- tu, lárgate y lleva a la niña lejos de aquí.
Ella negó, no quería dejar solo a su marido, pero Onigumo insistió, diciendo estaría bien, les dio un beso y en cuanto salieron por la puerta, Sesshomaru se tiró sobre él, comenzó a golpearlo, se había quitado los guantes para sentir en carne propia como lo mataba lentamente.
Él no se defendió, pero si levantó un cuchillo, que habia caído cuando se escondieron, y lo clavó en el costado izquierdo, a la altura del pulmón, Sesshomaru con la adrenalina del momento no se inmutó, siguió golpeando hasta que la sangre escurría tanto del rostro de Onigumo como de sus nudillos, su respiración era agitada, sacó una pistola y le apuntó a la cabeza.
-Ten en cuenta, que al menos yo respeto los códigos escritos de jamás tocar la mujer de otro- se abrió la camisa, dejando a la vista el tatuaje que lo hacía pertenecer a Luna, los narcotraficantes y asesinos más respetados y odiados de la ciudad- ellas vivirán, no soy un hijo de puta como tu.
Le disparó, sintiendo al fin la alegría de vengar a su querida familia, intentó levantarse, pero cayó en el intento al sentir el dolor de la puñalada, llevó su mano al cuchillo, lo quitó sintiendo ahora todo el dolor, estaba seguro que se había perforado un pulmón, pues su respiración era irregular y sentía que deseaba dormir, y lo haría, por que ya nada lo ataba a este mundo, por que no tenía por quien luchar.
Antes de cerrar los ojos, logró ver el delicado rostro de Kagome, sonriente, estaba arrodillada y llevaba sus manos a su rostro, juró sentir los cálidos y exquisitos labios de ella en su frente.
-Ven a mi, Sessh, estemos juntos- él asintió, alzó una mano queriendo tocarla, pero no puedo, sus ojos se cerraron y la mano cayó, había muerto, pero se iba feliz, por unos minutos logró ser feliz al terminar con la vida de ese maldito.
Al día siguiente, el cuerpo de ambos fue encontrado, Inuyasha lo había estado buscando desde hace seis meses, y ahora, lo tenía en una tumba, enterrado junto a su familia como debía ser.
FIN
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One-shots Sesshome
Casuale•Ambientados en todo tipo de tiempo •Solo Sesshome •Algunos tendrán lemon
