El día estaba caluroso, Kagome había decidido aceptar la salida con sus amigas, Sango y Kikyo, con quien fue a tomar helado y mientras lo comían, entraron al centro comercial, apenas y era medio día, pero este estaba repleto de gente.
–Debo reponer algunas cremas, ¿me acompañan a comprarlas?– pidió Sango, Kagome alzó los hombros, la verdad era que tenía tiempo de sobra, pues su novio estaría ocupado como siempre en la oficina– y después vamos a pasear por las tiendas.
–Era de esperarse, ¿no?– comentó Kikyo sonriente– pero debo admitir, que la idea me agrada.
Kagome asintió, hace mucho no compartía con ellas, así que iría a verlas probarse ropa y les diría, comos siempre, que ropa les quedaba mejor y cual no.
Entraron en un total de...todas las tiendas de ropa, realmente, no entendía, como es que ellas necesitaban todo eso, cuando tenían un armario, que bien podría ser del tamaño de su cuarto, lleno de ropa, tacones y bolsos.
Un gusto de vez en cuando no hace mal
Eso le decían siempre, claro que no estaba mal, pero ellas siempre que salían llevaban miles y miles de bolsas con ropa, mientras tanto ella, solo repuso un labial, que se había acabado, y un lápiz de ojo, que se había quebrado y para su buena suerte de aquel día, lo perdió.
–¡Oh por dios!– Sango salió corriendo a una tienda, siendo seguida inmediatamente por Kikyo, ella suspiró y las siguió, aún que al entrar, se arrepintió bastante– Definitivamente comprare uno para usarlo con Miroku.
Entraron a una tienda de lencería, de todo tipo, de dos piezas, de tres, algunas de pedrería, y un tanto más alejado, habían trajes sexuales, Kagome se puso de todos colores, ¿como hablaban tan a la ligera, de usar eso? El punto positivo es que lo usarían con sus novios, pero, no se imaginaba tratando de seducir a Sesshomaru con uno de esos, pues aquel demonio con solo llegar a su hogar, después de unos días o una semana, simplemente la besaba y sin darse cuenta en que momento, ya estaba bajo su fornido cuerpo gimiendo y sudando, mientras pedía más.
–¡Kag, pruebate este!– gritó Sango, mostrando un conjunto de pedrería, que consistía en el sostén, unas simples tiras que suponía no taparian nada sus pechos, y unas bragas que de decoración, tenían una piedra roja en el centro y lo demás, al igual que el corpiño, puras tiras.
–¡Claro que no!– respondió volteando y prefirió ver algo más a su gusto.
En la caja registradora, un muchacho de cabellos castaños, lentes y vestimenta de trabajador, miraba embelesado a Kagome, por los gritos, dejó de prestar atención al hombre que le explicaba los detalles de su nuevo trabajo.
–¡Hey!– dijo un hombre de mediana estatura, cara de pocos amigos y un elegante traje, volteó a donde el chiquillo había estado mirando, y noto a la novia de su amo– ve a trabajar.
El joven hizo una reverencia, dio una última mirada a Kagome y se fue con una boba sonrisa, Jaken por su parte, tomó su celular y le marcó a su jefe, ya que tenía la orden de avisarle si ella salía, Sesshomaru aún que estuviera ocupado, se preocupaba mucho por el bien estar de su joven mujer, no deseaba que nada le pasara, así que tenía a Jaken, Jakotsu y Shippo custodiandola, claro, no al extremo de ostigarla, pero si, cada día uno estaba fuera de su edificio por si ella salía y si es que llegaba a meterse en problemas, ellos debían interferir.
–Habla– fue lo único que dijo al atender la llamada, cuando Jaken le dijo donde y con quien estaba, Sesshomaru hizo espacio en su apretada agenda para ir a darle una pequeña sorpresa, solo preguntó en qué tienda estaba.
Cuando Jaken dijo, "La tienda de lencería, señor" mil pensamientos nada sanos pasaron por su mente, corto la llamada, tomó sus llaves y chaqueta, y condujo rápido hasta el centro comercial, cuando llegó, fue directo a la tienda, vio que solo estaban ellas tres, más su ayudante y los tres empleados.
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One-shots Sesshome
Acak•Ambientados en todo tipo de tiempo •Solo Sesshome •Algunos tendrán lemon
