"A lo largo de muchos años, se han visto guerras interminables entre el reino humano, de las hadas y los elfos, como rey actual, proclamo una alza de banderas blancas y un tratado de paz, donde ningún reino atravesará las tierras de los demás, viviremos en paz y armonía al no estar en contacto con los demás reinos– habló el Rey elfo II Tokymaru Taisho, padre de Toga y abuelo de Sesshomaru."
El actual rey, Toga Taisho, se encontraba en una muy mala situación, su salud había decaído y estaba al borde de la muerte, su hijo aún recordaba las historias que su madre solía contar, un reino de las hadas, curanderas innatas, capaces de curar a muchas personas por igual.
Sesshomaru se puso una capucha y cargaba su espada mientras guiaba a sus hombres para ir en busca de alguna de ellas y así su padre siguiera haciéndose cargo del reino, él no deseaba ese puesto y esa era su única razón para ayudarle.
Los límites de su reino eran en el bosque, justo donde comenzaba el reino de las hadas, se daban cuenta que habían llegado cuando aparecieron unas pequeñas pero muy hermosas flores blancas con un extraño azul en el centro, parecía que tuviesen el cielo en ellas.
–Solo necesitamos a una, traten en lo posible de no dañar a nadie más– fueron sus órdenes antes de subir a un caballo y galopar rápidamente.
En el reino hada, todas celebraban el nacimiento de un nuevo miembro, de preciosos ojos chocolate y cabello casi negro, quien la recibió les dio la noticia a todos que estaba muy sana y de ser posible, volaría hasta dentro de un año.
La ovación que deseaban dar quedó en el olvido cuando tres hadas guardianes llegaron avisando de los intrusos, ellos no usaban armas, así que debieron volar lo más rápido posible de allí.
En la rama de un árbol, una hada de cabello azul y ojos cual zafiro, tomaba una de sus cuchillas, era la única que siempre guardó armas, ni su padre sabía de aquello, esperó que todos se fueran para asegurar estaban a salvo, pero escuchó el llanto de un niño, en el suelo, un pequeño miraba a todos lados, sin notar como los elfos estaban por llegar a él.
Desplegó sus alas y voló rápidamente hasta tomar al pequeño y sentir como alcanzaban a tomarla del pie.
–¡Huye!– lo lanzó al aire y el pequeño no dudó, fue a los brazos de su madre, quien lo escondió y vio como se llevaban a su princesa– ¡sueltenme, ¿han olvidado el tratado de paz?!
La lucha concluyó cuando Sesshomaru bajó de su caballo y ató las manos de su prisionera, claro que uno de sus soldados salio lastimado en el rostro cuando ella mostró las cuchillas y tiró el primer ataque.
–Creí no usaban armas– dijo tomando las armas y guardandolas en sus bolsillos– ¡volvamos!
Kagome luchaba por soltarse, se preocupó cuando dejaron atrás su hogar y lloró esperando todos estuvieran bien. Se había dormido en el viaje, estar lejos del árbol de la vida le quitaba energías rápidamente, así que debía reponerla durmiendo por días.
Para cuando despertó, se encontraba encerrada en un calabozo, ya no estaba atada, pero las barras de metal estaban demasiado juntas como para pasar a través, se quedó allí a la espera que fuesen por ella, cantó como lo hacia para los niños e imagino aún estaba con los suyos.
Sesshomaru había hablado con su madre, le dijo tenía la cura para su padre y la dama dio su aprobación para probar lo que su hijo deseaba. Fue a los calabozos por el hada, escucho la dulce melodía y quedó fascinado al ver como sus alas se iluminan en un precioso tono azulado.
–Hey, vamos debes sanar al rey– habló saliendo de sus pensamientos, Kagome dejó se cantar y sus alas se apagaron, se levantó a la espera de que abriera la puerta– de todas las historias, jamás oí que sus alas se iluminarán.
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One-shots Sesshome
Diversos•Ambientados en todo tipo de tiempo •Solo Sesshome •Algunos tendrán lemon
