Inspiración

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Kagome miraba su pintura, hace medio año que la había comenzado y miraba encantada como poco a poco fue tomando vida y forma, el paisaje mostrado era hermoso, un bosque iluminado por la luna, tenía pensado agregar una pareja en medio, daría el toque romántico perfecto.

Una alarma sonó, Kagome tomó el celular y vio que era cerca del medio día, debía apresurarse o llegaría tarde a su junta con Sango, y si lo hacía, se enfrentaría a dos horas de platica sobre por qué debía llegar a la hora cuando se le necesitaba.

Se dio un baño, se puso una jardinera de piernas cortas, color mezclilla y una ombliguera bajo esta, unas zapatillas blancas y decidió hacerse una coleta, el clima era perfecto, pero admitía que amaba más el frío, pasar un día completo acurrucada en su cama, leyendo o viendo películas, tomando un exquisito café.

Subió al primer taxi que hizo parar, dio la dirección del centro comercial y mandó un mensaje a Sango diciendo que ya estaba en camino.

•••

Bebían un té helado mientras esperaban la comida, Kagome había sacado su libreta de diseños y comenzó a tratar líneas, dos rostros aparecieron en su mente, los dibujo, en el lado izquierdo, dibujo a Sesshomaru Taisho, un chico mayor que ella, dos o tres años, no recordaba bien, lo conoció apenas entró en la universidad, debías vivir bajo una piedra para no saber quien era.

Del lado derecho, Inuyasha Taisho, de su misma edad, años siendo amigos, pero también había tenido un enamoramiento por él, ambos chicos eran unos galanes, tenían a cualquier chica tras de ellos, pero nunca intentaron nada con ella, ¿eso era ser afortunada, o es que no tenía el atractivo que ellos buscaban?

Sacudió la cabeza, esos pensamientos no debían estar en su mente, ella quería un amor bonito, uno donde el hombre buscará en ella más que solo su físico, que reconociera sus esfuerzos y sobre todo, que viera lo inteligente que era.

–¿Los Taisho?– habló Sango, Kagome temió que hubiera visto su dibujo, pero al mirarla notó como miraba la entrada, volteó un poco y los vio entrar acompañados de dos chicas, una la reconoció como Kikyo, su prima– me pregunto de dónde sacan una nueva cada día, y como es que siempre son rostros que no conocemos.

–Pero a Kikyo si la conocemos– sus platillos llegaron, agradecieron y comenzaron a degustar– pero bueno, tu tienes a Miroku, ¿que importa lo que ellos hagan?

–Lo digo por ti– Kagome se ahogó, tomó un poco de té helado y tosió– lo siento, no planeaba hacer que murieras– se burló sonriendo– pero, se que estas enamorada de uno de ellos, aún no sé cuál es.

–¡Que dices!– exclamó alzando la voz y provocando que algunas personas voltearan a verlas, entre ellas, Sesshomaru– no quiero que vuelvas a repetirlo, eso es mentira.

Sango asintió, rodó los ojos divertida, ella conocía a Kagome, sabía cuando mentía, y ahora lo estaba haciendo, lo notó por la manera que sus ojos evitaban el mirarla, por como sus dedos golpeteaban incesantes la mesa y sobre todo, por como comía para evitar hablar.

Sango recibió el mensaje de su novio, al parecer, estaba con su hermano en el hospital, se disculpó con Kagome, quien le pidió le informara como estaba el pequeño, pues lo conocía de siempre y era todo un amor de persona.

Kagome se quedó allí, comiendo sola, pidió que retiraran el otro platillo, sacó otra vez su libreta, pero una hoja en  blanco, comenzó a dibujar una pareja, la cual agregaría al final en el lienzo que debía terminar, asi que dibujo el bosque de fondo para ver como se quedaria más o menos, vio como alguien se sentaba frente a ella, alzó la mirada encontrándose con Kikyo.

–Los chicos preguntan si gustas ir con nosotros– la invitó, Kagome dudó, pues ellas no tenían una buena relación, es más, podía asegurar que sus únicas platicas eran el saludo y el despedirse– es para que no estés sola, prima.

One-shots Sesshome Donde viven las historias. Descúbrelo ahora