Capitulo 4

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Anastasia:

Mis pasos se detienen de golpe apenas entro en la residencia. Emily choca contra mi espalda con un quejido de molestia, y Alexa casi tropieza detrás de ella.

—¿Qué demonios te...?

Emily levanta la vista por encima de mi hombro.

—Madre mía...

Mi apartamento parece una maldita floristería. Hay ramos de lirios blancos ocupando cada rincón y el perfume de las flores es tan fuerte que termina por marearme.

Como si mi día no hubiera sido lo suficientemente horrible.

—¿Acabas de heredar un invernadero? —Alexa deja su bolso en el perchero y como no respondo asume una estupideces—¿Desde cuándo sales con un jardinero? ¿Y por qué demonios no nos habías contado?

Me abro paso entre los ramos hasta llegar a la mesa del comedor. Entre las flores encuentro una pequeña tarjeta de papel marfil. La tomo con cuidado y le doy la vuelta. No hay nombre, ni iniciales, ni un remitente. Solo una frase escrita con una caligrafía elegante, limpia y sorprendentemente precisa.

"Con la fuerza de un claro en plena tormenta y la magia de una maravilla escondida detrás de las nubes"

—¿Tan difícil era mandar un solo ramo como hace la gente normal? —murmuro, arrugando la nariz mientras vuelvo a dejar la tarjeta sobre la mesa.

—¿Desde cuándo tienes un admirador secreto? —pregunta Emily con una sonrisa divertida.

—A lo mejor son para alguna de ustedes dos.

Alexa estalla en una risa.

—Sí, claro. Seguro mi admirador secreto pensó que la mejor forma de sorprenderme era mandar las flores al apartamento donde estoy de visita.

Emily se encoge de hombros.

—El mío no cometería ese error. Me las mandaría directamente a casa y serían rosas rojas.

—Vamos a estudiar a uno de sus apartamentos —digo, frotándome las sienes—Si me quedo aquí perderé el sentido del olfato.

—Si quieren, estudiamos en mi apartamento —ofrece Alexa.

—Acepto encantada —murmuro, encaminándome hacia la puerta.

Emily empuja la puerta y el aire frío de la noche invade el apartamento, llevándose consigo parte del aroma dulzón. Salgo casi de inmediato, agradeciendo la sensación de la brisa sobre mi piel.

La noche se nos pasa en el apartamento de Alexa. Los libros terminan abiertos sobre la mesa del comedor, las laptops permanecen encendidas y varias tazas de café, unas vacías y otras a medio terminar, se acumulan entre apuntes, resaltadores y hojas llenas de anotaciones. Entre tema y tema hacemos pausas para quejarnos de la cantidad absurda de trabajo que nos dejaron.

—Se acabó —dice Emily, apoyando la frente contra la mesa—Si leo una palabra más, voy a empezar a hablar en otro idioma.

—Cinco polvos seguidos y aún tendría más energía que ahora —dice Alexa dramáticamente.

La observo con evidente desaprobación.

—Qué afán tienes de traumatizarme. —Cierro mi cuaderno y me estiro en la silla. — Podríamos dormir aquí y seguir mañana.

—Sí, mejor —asiente Emily, levantándose de golpe—. No pienso caminar hasta la residencia a estas horas.

Alexa nos lanza una almohada.

—Acomódense donde les dé la gana. Solo recuerden que quien ronca, pierde el derecho a dormir aquí otra vez.

Terminamos las tres en su cama.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora