Massimo:
El sol apenas entra por las ventanas, pero el café humea, la mesa está servida, y tengo a Marlon riéndose por cualquier estupidez que haya dicho. A su lado, Carmelo parece haber desayunado clavos oxidados.
—¿Y me explican por qué carajos vamos a meternos con esa basura? —espeta Carmelo, cruzado de brazos.
Levanto la vista del pan tostado y lo miro sin mucho interés. Marlon, en cambio, sonríe.
—Relájate, viejo. No vamos a meterla nosotros…
—No es jodidamente gracioso, Marlon. Tenemos rutas, contactos, armas. ¿Para qué mierda necesitamos fabricar una droga con nombre de shampoo?
—Es un experimento, Carmelo —respondo sin cambiar el tono de voz —. Si funciona, se cobra el doble. Si no, no se mueve más.
Mis dedos tamborilean contra la taza. Salvador tiene ideas brillantes. Un coctel de químicos impronunciables, con efectos que hacen que la gente se sienta como si flotara en una pesadilla placentera. Algo así explicó él anoche, mientras Ana se acurrucaba en mi cuello.
«Quieres que la droga sea tuya porque a tu esposa le gustó.»
Aprieto la mandíbula. Miro el café, como si fuera su culpa. No, no fue real. Estaba dormida, no sabía lo que decía.
Pero lo dijo. Y sonrió. Y parecía feliz, con la cabeza en mi cuello y la mano en mi pecho.
Carmelo sigue gruñendo, hablando de controles de calidad, de que eso es trabajo de cocineros de tercera, no de nosotros.
«Le gustó. Por eso dijiste que sí. Porque lo dijo ella. Y porque estás jodidamente obsesionado con cada cosa que sale de su boca.»
—¿Massimo? —Carmelo me llama, molesto—. ¿Me estás escuchando?
—Sí —respondo sin verlo—. Mueve las rutas secundarias. Si esto va a entrar, que lo haga como si fuera cualquier cargamento normal.
—¿Estás seguro?
No.
Sí.
Claro que no.
—Sí.
—¿Y cómo se va a llamar esta mierda nueva? —pregunta.
Marlon levanta la ceja, interesado.
—Sí, ¿qué nombre le ponemos? Algo que venda. Que suene potente.
Me recuesto en la silla y miro a lo lejos.
—Vamos, Massimo. No tenemos todo el maldito día.
—AWB —respondo.
—¿Qué? —dice Marlon, frunciendo el ceño.
—Las iniciales. La droga se va a llamar AWB.
—¿Y eso qué significa?
Me encojo de hombros, como si no tuviera importancia.
Solo sé que esas letras son suyas.
Anastasia Wistanley Beamount.
—Suena elegante —comenta Marlon, sirviéndose más café.
—Suena caro —agrega Carmelo con desdén.
—Lo se. —Murmuro.
Me paso la mano por la cara, arrastrando la palma con fuerza, como si así pudiera sacarme de la cabeza todo este maldito enredo. No quiero verle la cara a Salvador hoy. Mucho menos con Ana en casa.
Ese imbécil la hizo reír anoche.
¿Por qué carajos se reía con él?
No es más gracioso que yo.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomanceDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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