Anastasia:
Caigo de espaldas.
El golpe contra el suelo me saca el aire que me queda. Mis ojos se quedan fijos en el cielo oscuro, sin estrellas, como si incluso el universo estuviera de luto conmigo. Una lágrima me rueda por la mejilla.
El dolor es tan intenso que dejo de sentirlo.
Me empiezo a ahogar con mi propia sangre.
Siento el líquido espeso trepando por mi garganta, queriendo salir, queriendo ahogarme desde adentro. Me atraganto y tiemblo.
«Voy a morir.»
Esta vez no es una suposición, es una certeza. Lo sé. Lo siento. Lo acepto. Empiezo a cerrar los ojos, pero me obligo a girar un poco la cabeza, aunque me duela cada fibra del cuerpo, cada maldita célula rota.
Emily.
Tirada. Inerte. Llena de sangre.
Tan cerca... tan lejos.
Mis labios se separan apenas y un susurro sin sonido se me escapa.
Lo siento.
El frío me va subiendo por los dedos, por las piernas. Ya no me duele tanto porque ya no siento nada. Y cierro los ojos con fuerza.
Siento algo.
Unas manos tibias en mi rostro.
¿Una alucinación...?
Debe ser eso. El dolor es tan grande que me desconecto de la realidad por completo.
Intento abrir los ojos, pero pesan como si tuvieran piedras encima. Apenas un poco. Lo justo para ver un destello.
Azul.
Azul eléctrico, azul tormenta. Azul como el océano.
¿Massimo...?
Una sonrisa se me escapa sin poder evitarlo.
Es un gesto leve, débil, apenas un tirón en mis labios partidos.
¿Estoy delirando o viniste a buscarme...?
-Cielo... -su voz me termina de romper. Me rompe tanto que siento que muero un poco más. -No te duermas, Cielo... por favor, quédate conmigo -me ruega. -Mierda..., no cierres los ojos, por favor... por favor...
Quiero decirle que estoy bien. Que no duele tanto. Que Emily está a salvo ahora.
Pero no me sale nada. Nada.
¿Estás aquí de verdad o eres un recuerdo bonito justo antes de morir?
Su rostro se desdibuja por momentos. El cielo sigue oscuro, pero ya no tengo frío. O tal vez sí y simplemente dejé de sentirlo.
Lo siento... llegaste tarde, pienso mientras otra lágrima se desliza sin permiso.
Y me voy.
O al menos eso creo.
Porque ya no siento el suelo.
No siento nada.
Solo esos ojos azules que me miran como si el mundo se le fuera en ellos.
──── ୨୧ ────
Minutos antes
Massimo:
No hay nada que me reviente más los huevos que el olor a mierda.
Y este bosque huele justamente a eso. A podredumbre, a sangre, a muerte. Frente a nosotros, solo hay árboles, ramas quebradas y un silencio que no me gusta nada.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
Storie d'AmoreDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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