Anastasia:
Me despierto con la sensación de haber dormido en otra vida.
Parpadeo, confundida, sintiendo la suavidad de las sábanas bajo mis dedos. No recuerdo haberme acostado en la cama. De hecho, estoy segura de que me dormí en el sofá, con el libro todavía en mis manos y la manta sobre mis hombros.
Me incorporo lentamente, el cabello cae sobre mi rostro mientras mi mente intenta conectar los puntos. ¿Me levanté dormida? Hasta donde sé, nunca he sido sonámbula.
Frunzo el ceño y miro alrededor de mi habitación.
Me levanto y voy al baño, encendiendo la luz. Me observo en el espejo mientras me cepillo los dientes, tratando de encontrar algo diferente en mi reflejo.
Cuando termino, me ato el cabello en un moño flojo y salgo hacia la cocina. El hambre golpea mi estómago en cuanto abro la despensa, así que tomo un pan y lo unto con mermelada.
Arrastro mi celular hacia mí y la abro, llamando a casa antes de que se me olvide. Es mejor evitar problemas antes de que empiecen.
El tono suena dos veces antes de que contesten.
—¿Sí? —La voz de mi madre es cálida.
—Hola, mamá —digo, quitándome una migaja de pan de los labios—Llamaba para ver cómo están.
Porque papá me obligo.
—Cariño —su voz se ilumina, aunque se le nota tensa —Justo estaba pensando en ti. Todo está bien por aquí, ¿y tú? ¿Cómo dormiste?
Muerdo mi pan antes de responder.
—Bien… creo. Aunque juro que me dormí en el sofá y desperté en la cama, lo cual es raro.
—Tal vez estabas tan cansada que ni siquiera lo notaste. ¿Has estado descansando bien?
—Sí, mamá, estoy descansando —miento.
—Bueno, solo cuídate, ¿sí? No quiero que te sobrecargues con la universidad. Hablando de eso, ¿cómo te ha ido?
—Todo perfecto —rio — Ya casi terminamos el semestre, así que las cosas están algo intensas.
—Sabes que si necesitas algo, puedes decírmelo.
—Lo sé, mamá.
Hay un breve silencio. Muerdo otro pedazo de pan, dudando si preguntar o no. Pero lo hago de todas formas.
—¿Y papá?
— Está resolviendo unos asuntos de la empresa.
Un abusador.
Aprieto los labios.
—Claro, ¿Le dices que llame? —me mira raro —Por favor, madre.
—Claro, cariño.
Mi madre cambia el tema, contándome sobre algo que hizo mi hermana mayor, y la escucho.
Después de despedirme de ella, dejo el celular a un lado y suspiro. Paso la mayor parte del día en la cama, con mi laptop y mis cuadernos, repasando apuntes de la universidad. Subrayo, hago esquemas, trato de concentrarme, pero mi mente divaga de vez en cuando. A veces, en cosas sin sentido. A veces, en cosas que preferiría ignorar.
En la tarde, salgo un rato para repartir las galletas. Camino por la ciudad con una bolsa llena, entregándoselas a las personas sin hogar que suelo ver en mis recorridos.
Cuando regreso, me ducho, me pongo un pijama cómodo y vuelvo a la cama.
Aprieto los labios y miro el techo, tratando de encontrar algún punto en el que fijar la vista. Respiro hondo, contando hasta diez en mi cabeza, lo hago cinco veces antes de dormirme.
Una caricia en mi rostro me hace moverme. Algo se desliza por mi cintura. Murmuro algo entre sueños.
El tacto se desliza por mi cuello, roza mi clavícula. Continúa descendiendo, contorneando mis curvas.
Mis senos.
Mi abdomen.
Quiero moverme. Quiero abrir los ojos.
No lo hago porque el contacto me relaja, me hace sentir bien y Dios sabe que hace tiempo no me siento bien.
Respiro hondo, mi pecho sube y baja en un ritmo pausado, como si mi cuerpo aceptara la sensación en un nivel primitivo, más allá de la conciencia.
Los dedos se deslizan por mis costillas, mi vientre, antes de descender aún más.
El calor de las palmas se extiende sobre mi piel desnuda, se deslizan explorando mis muslos, presionando apenas con las yemas de los dedos antes de subir por mis nalgas.
¿Que demonios?
Mi mente tarda en reaccionar. Siento el calor de una respiración demasiado cerca de mi rostro, el roce de un cuerpo que no es el mío tan próximo que mi piel arde.
Un escalofrío me recorre la columna.
Y entonces abro los ojos.
Oscuridad.
Nada más que la negrura del cuarto.
Mi pecho sube y baja con fuerza. Siento la humedad en mi piel, el cosquilleo en mis muslos, el calor latente en mi vientre.
Pero no hay nadie.
Me incorporo en la cama, desorientada. Las sábanas están revueltas, mi respiración es errática.
Chasqueo la lengua y me dejo caer de nuevo en la cama con un bufido.
Respiro hondo, intentando forzarme a relajarme. Me giro sobre un costado, luego al otro. Paso un pie por fuera del colchón, buscando algo de aire fresco.
Mi piel sigue erizada.
—Ridículo… —murmuro para mí misma.
Cierro los ojos con fuerza.
Mis manos se deslizan bajo la tela de mi vestido de pijama, buscando lo que sé que debería estar ahí.
Me siento de golpe.
Yo me puse bragas. Estoy segura.
No. No puede ser.
Mi mirada salta por la habitación, los rincones oscuros parecen más profundos, las sombras más pesadas.
Mi corazón martillea en mis oídos.
El sonido de la notificación me hace pegar un brinco. Mi celular reposa en la mesita de noche, la pantalla se ilumina con un mensaje de Instagram.
Con el pulso tembloroso, lo agarro y deslizo el dedo para desbloquearlo.
Una foto.
Mi respiración se detiene.
Bragas de corazones rojos.
Las mías.
Sobre lo que parece una mano masculina, los dedos largos, la piel pálida.
Un mensaje debajo:
"Dormiste como un ángel. Pero los ángeles no deberían tentar al diablo."
—¡Joder, es que estás mal! —Chillo golpeando las sábanas.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomanceDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
![Bajo tu Dominio [LIBRO #1]](https://img.wattpad.com/cover/378382649-64-k4227.jpg)