Capitulo 56

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Anastasia:

Apenas escucho la puerta del baño cerrarse y el agua comienza a caer, suspiro. Mis ojos se van a las tres puertas al fondo. ¿Baños? ¿Closets? ¿Puertas secretas a un sótano con trampas mortales? No lo sé. Pero algo tienen que guardar.

Camino hacia la primera. Giro el pomo.

—¿En serio tiene seguro? —murmuro, frunciendo el ceño.

Sigo a la segunda. Cruzo los dedos y empujo con suavidad. Y me quedo sin aire.

—Jesucristo…

Es un armario. Pero no un armario normal. Es como entrar al maldito backstage de la Met Gala mezclado con la boutique más cara del planeta. Me pierdo entre vitrinas llenas de joyas, vestidos de diseñador alineados por color, secciones separadas para gafas de sol, perfumes, relojes, anillos. Y no miento, hay una repisa entera con lencería tan delicada que hasta respirar cerca se siente como un pecado.

Y luego los zapatos. Tacones, botas, sandalias, en todos los malditos estilos y colores. Algunos que jamás me atrevería a usar sin romperme un tobillo. Otros probablemente cuestan lo mismo que un carro.

A la derecha, ropa de hombre perfectamente organizada. Trajes, camisas negras, relojes. Todo tan limpio, tan impersonal, tan perfecto.

Camino despacio, con miedo de que al tocar algo desaparezca.

—¿Todo esto es para mí? —susurro.

Porque… ¿desde cuándo? ¿Por qué? No sabía ni que me iba a casar y resulta que tengo un closet más grande que mi habitación de toda la vida. Y con cosas que no me habría atrevido ni a mirar en una tienda.

El sonido del agua se detiene.

Mi cuerpo reacciona antes que mi cerebro. Cierro la puerta del armario despacio y salgo casi corriendo de ahí. Me acomodo el cabello, respiro profundo y me obligo a actuar normal.

La puerta del baño se abre. Y Massimo sale con una toalla blanca apenas sostenida en la cintura.

Y... Dios mío.

Eso.

Eso allá abajo.

No es legal.

La toalla no disimula nada. Nada.
Lo miro. Bueno, lo veo por dos segundos. Demasiado tiempo. Y luego giro la cara como si me hubieran prendido fuego.

—Yo... este... estaba viendo las puertas. Ya sabes, porque hay muchas, y... no sabía si era un armario o un ascensor secreto o algo. —Estoy hablando como una maldita loca. Cállate, Ana.

Camina hacia el closet.

Se mete.

Y sale.

Solo con un bóxer negro que le queda tan malditamente bien que quiero arrancarme los ojos. Trago saliva y me doy la vuelta, fingiendo que estoy fascinada con una pared.

No lo mires. No lo mires. No lo mires.

Spoiler: lo miro.

Y justo en ese momento, él me atrapa con la mirada.

Me quiero morir.

—¿No te vas a bañar? —pregunta, con voz grave.

Lo miro. Trato de no mirar abajo, lo juro. Me concentro en su cara, en su cabello mojado, en sus pestañas largas. En cualquier cosa que no sea ese maldito bóxer ajustado.

—¿Yo? Sí, sí, por supuesto. Eso justamente iba a hacer. —Sonrío. Falsa. Muy falsa.

La verdad es que ni me acordaba que los humanos se bañaban. Mi cabeza estaba demasiado ocupada sobreviviendo visualmente.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora