Anastasia:
—¡Anastasia, ya pasó media hora! —Emily golpea la puerta del baño otra vez—¿Planeas vivir dentro?
—Stasie, tampoco puede ser tan difícil —Alexa se ríe desde el otro lado —. No estás intentando resolver un problema de física.
Las ignoro por sexta vez.
Estoy demasiado concentrada en la cantidad absurda de tiras que parecen no tener ningún sentido. Me rasco la cabeza perdida. ¿Por qué no trae instrucciones? Hasta los muebles vienen con un manual.
La puerta vuelve a ser aporreada y suelto un gruñido de frustración.
—¡Jehová! Dejen de molestar, ¿no ven que estoy perdida? —Del otro lado escucho sus risas. —Sí, sí, ríanse —murmuro— Desalmadas.
—Anastasia, va a oscurecer —dice Emily entre risas —. Solo póntela, la parte de arriba va arriba y la de abajo va abajo.
—Bajo Sócrates y dijo una frase revolucionaria —se burla Alexa.
Aprieto los labios para no reírme y giro la prenda entre mis manos, intentando descubrir si llevo todo este tiempo sujetándola al revés.
—Último aviso —dice Emily—. Sales o entramos.
Abro los ojos.
—¡Ni siquiera lo piensen!
Alexa vuelve a reírse, Jesús, se ríe mucho.
—Pues date prisa, porque no tenemos toda la noche.
Después de otro largo rato de lucha y de estar a punto de rendirme al menos dos veces, finalmente consigo ponérmela, la sangre me sube a la cara.
La tela negra casi no tapa nada. El sujetador apenas cubre mis tetas: las copas son de malla negra semitransparente, con el borde ondulado, y un lazo negro con una perla en el medio que las une. Se me ven los pezones claros a través del tul. Un movimiento y se me salen.
El liguero me aprieta la cintura con una banda de tul negro y lazos. De ahí salen cuatro tiras finas que bajan por los muslos y se enganchan. Las bragas son un triángulo minúsculo de la misma tela transparente. Se me ve todo el coño.
Todo el conjunto es negro, transparente y con lazos por todos lados. Estoy prácticamente desnuda, gracias a Dios nunca he sido una persona insegura con mi cuerpo. No paso horas delante del espejo ni vivo comparándome con otras mujeres. Este es el cuerpo que Dios me dio y siempre he procurado aceptarlo con gratitud.
Tampoco me avergüenza que mis amigas me vean así. Emily y Alexa ya me han visto cientos de veces, nos hemos cambiado juntas, compartido habitación y hasta nos hemos bañado juntas. Hace mucho que esa vergüenza dejó de existir entre nosotras.
—¿Anastasia? —Alexa golpea la puerta suave — Si te desmayaste, al menos avísanos.
—Ya está.
—¡Entonces sal de una vez! —insiste Emily.
Respiro hondo, aprieto los labios y giro la perilla con los ojos cerrados. El aire frío me golpea al salir y lo primero que escucho es un silencio absoluto.
Abro los ojos lentamente.
Alexa y Emily tienen la boca abierta, mirándome como si acabara de bajar del cielo.
No puedo evitar soltar una risita.
—Madre mía... —Alexa es la primera en reaccionar. Se lleva una mano al pecho y niega lentamente con la cabeza—. ¿Desde cuándo te ves así?
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomanceDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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