Anastasia:
Anastasia Wistanley va a ser mi muerte.
Y, joder, qué forma tan dulce de morir.
Tiene los labios más adictivos que he probado en mi maldita vida. Dulces, suaves, desesperados. Como si me besara con el alma. Como si supiera exactamente lo que provoca cuando me mira con esos ojos gigantes mientras se muerde el labio, con esa maldita inocencia que solo usa para disfrazar lo que realmente es: un puto incendio.
Porque eso es.
Un incendio.
Uno que no quiero apagar.
Su cuerpo está bajo el mío, temblando y tibio, y yo no soy ni la mitad del cabrón que debería ser si creyera que tengo el control de esta situación. Porque no lo tengo. No desde que la vi con ese puto disfraz y esas malditas piernas cruzadas como si no supiera que me iba a volver loco.
—Abrete mas —le murmuro mientras le muerdo el labio, y su gemido me hace apretar la mandíbula.
Nos volvemos a besar. Anastasia me jala del cabello, fuerte, y gruñe contra mi boca.
La beso más rudo, con rabia, con hambre, con esa maldita necesidad que me consume desde que la conocí. Porque sé que ha estado con otros. Porque lo imagino y quiero arrancarle cada maldito recuerdo con la lengua, hasta que solo quede yo.
Siento el sabor metálico de la sangre, no sé si es mía o suya, pero no me importa.nElla no se detiene. Me sigue el ritmo.
Ese jodido disfraz… ese maldito disfraz se está convirtiendo en mi peor enemigo.
—Quítatelo —le gruño, con la voz rasposa, y mis manos ya están bajando la cremallera como si la tela me hubiera insultado.
No le quito los ojos de encima.
Ni por un segundo.
Ella aparta mis manos desesperadas y se lleva las manos al disfraz, a esa jodida parte de arriba que se aferra a su cuerpo como si quisiera esconderla solo para mí. Y aún así, no dejo de mirarla a los ojos. Porque ese es el verdadero show.
Sus dedos tiemblan un poco. O puede que sean los míos los que tiemblan al verla moverse tan lento, tan segura, tan mía.
Y entonces… lo deja caer.
La parte de arriba toca el suelo.
Y por fin, solo por fin, me permito bajar la mirada.
Lento. Descarado.
Y lo que tengo enfrente me deja sin aliento.
Perfecta. Real. Jodidamente irreal.
—Santo infierno… —susurro, más para mí que para ella.
Sus pechos firmes y tentadores se asoman frente a mí, con unos pezones rosados que me muero por probar.
Mi polla se clava dura como el acero, y en mi pecho ruge un monstruo que solo quiere sujetar a Anastasia y dejarle mi marca para que nadie dude de quién es.
Me observa con los ojos muy abiertos y las mejillas sonrosadas.
No tardo ni un segundo en lanzarme sobre sus pezones duros, que prácticamente suplican por mi boca. Los acaricio con las manos mientras mi lengua se enreda en uno y luego en el otro, lamiéndolos, chupándolos, saboreando el calor y esa forma en la que se endurecen aún más contra mi lengua, como si me rogaran que no pare.
Subo su minifalda sin cuidado y corro a un lado las bragas, metiendo los dedos en su coño empapado, cálido, palpitante. La humedad se me pega a la piel, tentadora, adictiva. Me dan ganas de probarla, de saborearla ahí mismo, pero me contengo. Su clítoris está tan hinchado que parece llamarme, y aunque quiero lanzarme de cabeza, sé que si lo hago, voy a perder el maldito control.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomantikDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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