Anastasia:
El viaje desde el aeropuerto hasta la mansión de mi padre se siente eterno. Afuera, el clima es frío y pesado, como si el cielo estuviera a punto de desplomarse.
Cuando el auto finalmente se detiene frente a la enorme casa, trago saliva y observo la entrada. Todo sigue igual: la fachada impecable, los jardines perfectamente cuidados, la sensación de que todo es un escenario y no un hogar.
Aprieto los dedos contra mis muslos y respiro hondo. Está bien. Solo son un par de días. Nada que no pueda manejar.
Fuerzo mis labios con una sonrisa en el reflejo de la ventanilla, probando diferentes versiones. ¿Sonrisa dulce? ¿Serena? ¿Casual? No, todas se ven forzadas.
Mis manos tiemblan un poco cuando tomo el bolso de mano. Enderezo la espalda y salgo del auto.
Apenas cruzo la puerta de la mansión, un perfume dulce y familiar me envuelve antes de que unos brazos me rodeen con fuerza.
—¡Ana! —Nemesia casi me aplasta con su abrazo, y por un momento, me permito hundirme en su calidez.
Sus rizos oscuros me hacen cosquillas en la mejilla cuando se separa un poco para mirarme
—No puedo creer que estés aquí.
—Ni yo —respondo.
Nemesia me toma de la mano y me arrastra con ella, parloteando sobre todo y nada. La dejo hacer, disfrutando su energía y la forma en que trata de hacerme sentir en casa.
—Papá está en su oficina —dice de pronto, y mi cuerpo se tensa al instante.
Trago saliva, sintiendo cómo el pánico se enreda en mi garganta. Mis dedos aprietan los de Nemesia sin darme cuenta.
Su sonrisa se suaviza, y me aprieta la mano con cariño.
—Todo estará bien, Ana —susurra—. Solo son un par de días.
Asiento, obligándome a respirar hondo.
Mis pasos resuenan en el mármol mientras subo las escaleras, sintiendo cada latido golpearme en las costillas como si fueran advertencias. Mi mano se aferra al pasamanos, fría y temblorosa. Nemesia me observa desde abajo, sin decir nada más, pero su mirada es un intento de consuelo.
Cuando llego al segundo piso, el pasillo parece más largo de lo que recordaba. Cada cuadro, cada mueble, cada alfombra está exactamente igual. Como si el tiempo aquí se hubiese detenido. Como si esta casa se negara a cambiar.
Me detengo frente a la puerta de su oficina. Es pesada, oscura, imponente. Respiro hondo, cuadrando los hombros, obligando a mis labios a formar una sonrisa ensayada.
Golpeo suavemente.
—Adelante.
Giro el picaporte y empujo la puerta.
La oficina sigue siendo la misma: estanterías de madera, ventanales inmensos con cortinas gruesas, un escritorio grande y elegante donde él está sentado, con la espalda recta y los ojos clavados en mí.
Me quedo en la entrada, sintiendo que mis piernas pesan una tonelada.
—Papá —murmuro, forzando la sonrisa que había practicado.
Sus ojos me recorren de arriba abajo, como si me evaluara, como si estuviera buscando algo. Y entonces, con una leve inclinación de cabeza, me indica que cierre la puerta.
Obedezco.
El clic de la puerta al cerrarse suena definitivo. Casi como un sello. Como si al darme la vuelta, él tuviera el poder de decidir si salgo de esta habitación caminando o no.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomanceDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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