Anastasia:
Llevamos horas.
Horas viendo vestidos blancos, vestidos marfil, vestidos perla, con encaje, con tul, con perlas, con cristales. Y ninguno me gusta. O tal vez sí… pero me niego a que me guste algo en lo que tenga que casarme con él. No sé. Todo me parece feo. Forzado. Ajeno.
Y por si fuera poco, la encargada de la boutique —una rubia de sonrisa falsa y escote peligroso— no ha parado de coquetearle a Massimo desde que entramos. Le toca el brazo cuando le ofrece agua, le pregunta cosas innecesarias solo para escucharlo hablar, y cada vez que puede, se inclina demasiado cerca.
Lo peor es que él no le devuelve ni una mirada. Nada. Parece ignorarla… lo cual sería reconfortante si no me ignorara a mí también.
—Massimo —le digo desde el probador, asomándome con uno de los vestidos más simples—. ¿Qué te parece este?
Nada. Ni una palabra. Ni un movimiento. Lo veo desde el espejo. Sentado en el sofá, mirando su celular como si lo que acaba de pasar en la pantalla fuera más importante que elegir el vestido para nuestra boda.
—Massimo —repito, cruzándome de brazos.
Alza una ceja, apenas. Luego vuelve a su celular. La encargada, mientras tanto, le sonríe como si eso fuera adorable.
Estoy a punto de lanzarle un zapato.
—¿Y este? —le pregunta la rubia, acercándole un vestido completamente transparente—. Dicen que la moda ahora es más atrevida… podrías opinar si te gusta cómo se ve con él.
—No estoy aquí para opinar de nada.—responde sin alzar la vista.
—Claro, pero sí estás aquí para ignorarme —Digo desde el probador.
—Pensé que ya habías decidido que todos eran horribles —dice, sin emoción—. Estoy respetando tu disgusto con todo.
—Pues respeta menos y participa.
Se levanta con un suspiro exagerado, se acerca hasta donde estoy y me mira de arriba abajo.
—No ese —dice—. No te pega. Pareces una niña vestida con las cortinas de su abuela.
—Gracias —digo con los dientes apretados.
Matías, desde el otro sofá, come uvas que trajo Dios sabe de dónde.
—¿Puedo opinar yo? —pregunta—. A mí me gustó el anterior. Si te agachabas un poco, Massimo se iba a infartar.
Massimo lo fulmina con la mirada.
—¿Qué haces aquí todavía?
—Apoyando al amor —responde él, guiñándome un ojo y lanzándome una uva.
Nemesia le sonríe desde una esquina, y yo solo quiero desaparecer entre el tul y la vergüenza.
Ha pasado una semana.
Siete días exactos desde que mi padre anunció mi compromiso con Massimo y mi mundo empezó a derrumbarse... . En ese tiempo, se ha organizado casi toda la boda. Lugar, invitados, flores, menú, alianzas, sacerdote. Todo. Cada detalle. Excepto el vestido.
Porque, claro, el vestido no es una prioridad para los demás. Es para mí. Y como no he podido decidirme por ninguno, seguimos aquí. Encerrados en esta boutique ridículamente elegante, fingiendo que somos una pareja feliz y enamorada, cuando en realidad solo quiero arrancarle los ojos a la rubia que no deja de respirar sobre él.
Massimo no ayuda. Es bipolar. Y no lo digo con ligereza.
Un día no me habla. Me mira como si hubiera arruinado su existencia con solo nacer. Al siguiente, se pasa el almuerzo preguntándome cómo quiero llamar a nuestro tercer hijo.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomantikDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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