Capitulo 34

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Anastasia:

El sol apenas empieza a colarse por la ventana cuando termino de doblar la última blusa y la guardo en mi pequeña maleta. No llevo mucho: ropa suficiente para unos días, mi pasaporte, un poco de dinero y la carta que me entregaron ayer. Es todo lo que necesito.

Respiro hondo y cierro la maleta con un chasquido seco. El cuarto se siente más vacío de lo normal. O tal vez soy yo la que se siente así.

Desde la cocina me llegan las voces de Alexa y Emily, acompañadas del aroma del café recién hecho. Me quedo quieta un momento, escuchándolas reír por algo. Suena tan cotidiano, tan normal, que por un segundo casi olvido que hoy me voy.

Casi.

Me obligo a salir de la habitación antes de empezar a pensar demasiado.

Emily está sentada sobre la encimera, con una taza entre las manos, y Alexa revuelve algo en un sartén. Se giran cuando me ven aparecer.

—Buenos días, viajera —dice Emily con una sonrisa.

—Buenos días —murmuro, apoyándome contra el marco de la puerta.

Alexa deja la espátula y me mira con el ceño fruncido.

—¿Ya tienes todo?

Asiento.

—Sí.

Emily sopla su café.

—Aún no puedo creer que te vayas.

—Yo tampoco.

Es verdad. Alemania siempre ha estado en mis planes, pero ahora que es real, ahora que estoy a solo unas horas de tomar ese avión, siento como si todo esto le estuviera pasando a otra persona.

Alexa suspira y me alcanza un plato con panqueques.

—Come antes de que te dé una crisis existencial.

Me río y me siento con ellas.

El desayuno sabe a despedida.

No será para tanto.

Alemania es un viaje de dos, máximo tres días. Voy al cumpleaños, cumplo con el protocolo y regreso antes de que me dé tiempo de extrañar mi cama. No hay razón para que esto se sienta tan definitivo.

Miro mi plato vacío y dejo el tenedor a un lado.

—Voy por mi bolso de mano —digo, levantándome.

Emily asiente distraída, deslizándole su taza de café a Alexa, que ya está peleando con su tercer panqueque.

Me dirijo a mi cuarto, repitiéndome que todo estará bien. Que en unos días estaré de vuelta.

Pero apenas cruzo la puerta, algo me cubre la boca.

El grito muere en mi garganta.

Mis manos se disparan hacia el brazo que me sujeta y trato de patear a ciegas, pero es como chocar contra una pared de acero. Algo en mi espalda se tensa. Un miedo helado se clava en mi pecho.

No. No, no, no.

Me obligo a girar la cabeza, a ver quién es, a...

Los ojos azules me frenan en seco.

Unos ojos azules eléctricos, como el océano antes de una tormenta. Conocidos. Arrogantes. Divertidos.

Massimo.

Me suelta despacio, con una sonrisa que es puro descaro, y se echa la gorra gris hacia atrás.

—Tranquila, Wistanley—ronronea—. ¿Siempre recibes así a los invitados?

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora